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38 ESPAÑA MARTES, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2012 abc. es españa ABC Tres décadas de enfrentamientos con el PSOE Hace 34 años el socialismo decidió participar in situ de la construcción de una autonomía catalana ávida de más y más autogobierno. Por ello nació el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) formación asociada con el PSOE pero con cierta libertad funcional. Desde un principio, los socialistas catalanes entendieron que su principal rival en las urnas era CiU y no el PP, y de ahí surgió un discurso catalanista para atraer al inmigrante que, para sentirse integrado, decidía votar a los nacionalistas. El problema es que, tras 23 años de gobierno de Jordi Pujol, el PSC continuaba en la oposición, por lo que radicalizó sus tesis en aras a formar un tripartito- PSC, ERC, ICVque les permitió gobernar Cataluña durante siete años sin haber ganado las elecciones, con Pasqual Maragall y José Montilla al frente. La entente se mantuvo a costa de plantear al PSOE contínuos conflictos territoriales. Primero fue el nuevo Estatuto, luego la financiación autonómica y ahora un federalismo asimétrico y o derecho a decidir que desconcierta a Ferraz e indigna a los barones socialistas. Pero muy a pesar de los sectores catalanistas, el PSC sigue sin tener grupo propio en el Congreso, lo que le obliga a tener un doble discurso en Cataluña y Madrid. El twit de Ernest Maragall, el diputado díscolo Ernest Maragall, referente del socialismo catalanista, ha infringido la disciplina de voto del PSC y ahora expresa su rechazo al PSOE vía Twitter. La candidata sorpresa abre otra grieta en el PSC Montserrat Tura disputará con el líder del PSC, Pere Navarro, la candidatura a la presidencia de la Generalitat. Pero habrá más aspirantes. Maragall se encara con el PSOE: Adéu Rubalcaba- Griñán- Valenciano El PSC afronta un posible adelanto electoral en plena descomposición MARÍA JESÚS CAÑIZARES BARCELONA La crisis del PSC no se limita ya al clásico enfrentamiento entre sus dos almas, la catalanista y la autonomista. La herida es mucho más profunda y cada día que pasa aumenta la oposición, por sectores o a título individual, al actual líder del partido, Pere Navarro, incapaz de encontrar un discurso que galvanice esas sensibilidades para responder con contundencia al reto independentista del convergente Artur Mas. La resistencia de Navarro a abandonar el catalanismo de sus predecesores, Pasqual Maragall y José Montilla, para mantener así la distancia con el PP, se ha traducido en un lenguaje críptico que conjuga el federalismo asimétrico, la relación bilateral con España y el derecho a decidir, si conviene. Por contra, otros dirigentes socialistas abrazan de forma desacomplejada el catalanismo y han anunciado que darán batalla a Navarro en unas primarias que, en el supuesto de que Mas anuncie un adelanto electoral, quedarían en el aire. jero de Educación Ernest Maragall, escribía en Twitter: Adéu RubalcabaGriñán- Valenciano, adéu! Gráfica expresión de rechazo al PSOE, donde el problema catalán también genera contradicciones internas. Maragall rompió la disciplina de voto de su partido al apoyar el pacto fiscal que propone CiU en el Parlamento autonómico. Tal es el empeño de Pere Navarro en soslayar similitudes con el PP, que junto a Ciutadans es el único partido claramente constitucionalista, que incluso no desdeña la celebración de un referendum sobre la independencia. Asimismo, se niega a formar un frente común al estilo vasco contra la de- riva separatista de los nacionalistas. No obstante, el líder del PSC precisa que su formación no es separatista y que no quiere romper con España, palabras cuestionadas por los sectores más jóvenes del partido, que crecieron a la sombra de Montilla y que alegan que los enemigos del partido no son los independentistas. Estas nuevas generaciones reclaman unas primarias abiertas a la ciudadanía, algo que quedaría totalmente descartado si se avanzan las elecciones, pues no habría tiempo material para tal proceso. ¿Y quién se acuerda de la exministra Carme Chacón, gran detractora del pacto fiscal? En el PSC de hoy, nadie. Mojarse POR EDUARDO SAN MARTÍN La candidatura de Tura Es el caso del alcalde de Lérida, Àngel Ros, cuyas aspiraciones ya eran conocidas. Pero ayer, la exconsejera Montserrat Tura, anunció que también tiene intención de disputar a Navarro esa candidatura, mientras que su antiguo compañero de gobierno, el ex conse- o somos independentistas, pero no queremos nada con el PP: Nunca pactaremos con ellos Nunca; un adverbio fuerte sin vuelta atrás. Por boca de su secretario general, el PSC se empecina en reproducir un error semejante al que ha hundido al PSOE: la convicción de que el PP no es la mejor compañía para pactar asuntos como el modelo territorial del Estado. Cuando Rubalcaba y sus compañeros se sinceren consigo mismos tendrán que aceptar que, tanto o más que la crisis, la ilusoria convicción de que el futuro de España se podía con- N sensuar con quienes no quieren España en absoluto explica una decadencia que culminó en los dos últimos descalabros electorales pero que es anterior a ellos. No se trata exactamente de la misma equivocación pero sus consecuencias pueden ser devastadoras. En lugar de echarse directamente en brazos del nacionalismo, como hizo Zapatero, Pere Navarro intenta mantener una equidistancia, lo que implica considerar que secesionistas y populares son igualmente reprobables. Pero no existe nada más incompatible con el ideario cosmopolita y soli- dario de la izquierda canónica que un nacionalismo egoísta y aldeano. La derecha es su adversario en una extensa panoplia de asuntos, pero no en la definición de las reglas de un Estado moderno, viable e igualitario. No viene mal volver a recordar hoy que el modelo social europeo de posguerra, y los prósperos estados que sugieron entonces, fueron fruto del entendimiento de la socialdemocracia y la democracia cristiana de aquellos días. Sostiene Navarro que la posición del PSC es evitar gestos frentistas Y lo dice el máximo dirigente de un partido que firmó el pacto excluyente del Tinell con los independentistas de hoy. No es verdad: su temor mayor es a la ruptura del partido si se ve obligado a mojarse. Pero si no lo hace, se quedará en medio de la corriente. Sólo hay dos orillas.