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ABC MARTES, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2012 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA EL DEBATE PÚBLICO SOBRE EL CINE POR SUSANA DE LA SIERRA El analfabetismo audiovisual en Europa, y en España en particular, es una asignatura pendiente. Además, el hábito de asistir a las salas de cine se está perdiendo y con él la consideración del cine como experiencia válida de ocio en la niñez y la adolescencia que prevalezca frente a experiencias menos formativas sariamente una razón válida para emprender o mantener una política pública. Sin embargo, ha de ser un elemento a tener en cuenta, si se quiere garantizar la competitividad de la industria, en especial considerando que existe una base común europea de ayudas a la cinematografía. Además de la necesidad de establecer los cauces necesarios para el desarrollo de la libertad de expresión artística, existen otros objetivos de interés general: la construcción y proyección de identidades (con su eventual impacto en la geopolítica) la plasmación de dramas humanos, la facilitación de experiencias estéticas, la educación en sentido amplio, así como la contribución del cine y el audiovisual al crecimiento económico. E N los últimos días se han sucedido listas de las películas consideradas como las mejores de la historia. Como es sencillo imaginar, la discrepancia de opiniones y la variedad de criterios han sido tan amplios como en cualquier otra rama del arte, pero por alguna razón el cine siempre ha conllevado mayor polémica que otros sectores culturales. Dada su fuerza expresiva, la manifestación de ideas, la plasmación de opciones estéticas y el coqueteo con los límites han encontrado en el séptimo arte unos efectos magnificados. Probablemente, además, no sea un dato menor a tener en cuenta la relativa comodidad que conlleva el visionado de una película frente al acceso a otros bienes culturales. La opinión pública no discute con idéntica virulencia sobre el contenido de las películas, los libros, la música, la pintura o la danza, pese a que en todos los supuestos se trata del uso de un determinado lenguaje para reflejar cosmovisiones, construir identidades y apuntar, en su caso, dramas morales. De todos los libros que hemos leído, recordaremos algunos con cariño y otros con horror. Otros ni siquiera los recordaremos. Las calidades son variables y la subjetividad, inevitable. Sin embargo, más allá de las listas que, como en el cine, se elaboren con cierta periodicidad, existen cánones de lo que se debe leer, cánones plasmados en currículos escolares y un listado de lecturas que se supone ha de haber realizado la persona culta o erudita. Algo similar sucede con la música considerada clásica Para ello, en la educación formal se enseña no sólo a leer y escribir, sino también un conjunto de instrumentos para acceder, entender y en su caso apreciar la literatura de calidad. Nada de esto sucede con el cine y, sin embargo, el debate público sobre el cine da la sensación de que es mucho mayor que sobre la literatura o la pintura. La vehemencia de buena parte de las voces que se pronuncian sobre el cine- -y, en particular, sobre el cine español- -resulta llamativa y preocupante. En primer lugar, y en relación con la opinión pública generalizada, podría afirmarse que existe una imagen estereotipada del cine español, un prejuicio que constituiría una suerte de perspectiva imposible de Escher, una aporía. Esto es así en la medida en que muchas películas no se ven y, por lo tanto, no habría elementos suficientes de juicio. Y las películas no se ven por diversos motivos, entre los que podría destacarse el rechazo visceral y no racional al que me re- fería, que impide apreciar la variedad y diversidad de géneros, estilos y perspectivas que existen en nuestra cinematografía (me remito al reciente éxito de nuestras producciones en el Festival de Toronto o, en otro registro, al premio recibido por Una canción en el Festival Internacional de Cine Católico Mirabile Dictu) A ello se añaden, por ejemplo, las deficiencias en el modelo de promoción y publicidad o la imposibilidad de que las películas se estrenen o se exhiban en condiciones óptimas. Por este motivo, la lucha contra el estereotipo se antoja empresa casi imposible, toda vez que para desterrarlo habría que conocer la realidad que se juzga. Como en otros países, en España se producen películas buenas, normales y mejorables, del mismo modo que existen obras musicales, pictóricas y literarias buenas, normales y mejorables, pero la tendencia en el debate público en relación con la cinematografía es a equipararlo todo. I E n segundo lugar, el debate público en torno al cine en nuestro país se centra única y exclusivamente en el dilema subvención sí, subvención no especialmente en momentos presupuestarios tan delicados como el actual. Todas las industrias cinematográficas- -incluida la estadounidense- -se encuentran apoyadas por fondos públicos, bien mediante ayudas directas, bien mediante incentivos fiscales, bien mediante otros mecanismos más sofisticados. Es cierto que un argumento del tipo todos hacen no es nece- crecer tus ahorros Alta rentabilidad a tu medida Solo hasta el 30 de septiembre bancopopular. es 902 30 10 00 Ven a Banco Popular y haz dentificados, analizados, debatidos los objetivos de interés general, podría abordarse a continuación la cuestión relativa a las ayudas públicas, estudiando a qué objetivo responde cada tipo de ayuda. Ello exigiría, además, una reflexión general sobre el tipo de cine que se quiere y, en concreto, el tipo de cine que se considera apropiado apoyar. Probablemente la mayor parte de la ciudadanía no sabrá que las ayudas públicas existentes para el cine son de diverso tipo. Respecto de algunas de ellas, como las concedidas a jóvenes realizadores, no resultaría descabellado afirmar que su función es equiparable a la de las becas en otros sectores culturales. Para terminar, se ha de subrayar el esfuerzo que realizan asociaciones, colectivos y docentes para promover la alfabetización audiovisual. El analfabetismo audiovisual en Europa, y en España en particular, es una asignatura pendiente de la que se hace eco el Plan Estratégico de la Secretaría de Estado de Cultura y a la que se dedicó la jornada Cine y Educación: La formación del futuro espectador el pasado 4 de septiembre. Además, el hábito de asistir a las salas de cine se está perdiendo y con él la consideración del cine como experiencia válida de ocio en la niñez y la adolescencia que prevalezca frente a experiencias menos formativas. A ello se suma la necesidad de educar para un visionado legal de contenidos en Internet en condiciones técnicas y económicas razonables. En definitiva, el cine puede ser arte, ocio, educación, experimentación, investigación, desarrollo, y motor de crecimiento económico. Para ello son necesarias, por supuesto, políticas públicas adecuadas, pero también- -como en otros sectores- -un debate público que aborde en detalle las plurales, complejas y apasionantes facetas de un arte no menos apasionante. SUSANA DE LA SIERRA DIRECTORA GENERAL DEL INSTITUTO DE LA CINEMATOGRAFÍA Y DE LAS ARTES AUDIOVISUALES