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ABC JUEVES, 16 DE AGOSTO DE 2012 cordoba. abc. es CÓRDOBA 21 Tradición Un sencillo cortejo de velas y abanicos acompañó a la imagen, que rodeó los muros de la Catedral Compromiso Dos monaguillos pedían donativos durante la procesión que se entregarán a Cáritas to se planteaban dejar de hacer lo que habían hecho siempre. Bullía la vida por las calles del pueblo más hermoso que le creciera nunca a una ciudad en el interior, crecía un cortejo que más que nunca se fundía con el pueblo. Pocos minutos después, justo antes de aquel estallido triunfal de música que tenía que poner silencio en los corazones y emoción en los espíritus renacidos tras el letargo del verano, llegaron a la puerta de la iglesia los nardos. Como el mejor de los ciriales, como si el incienso que llegaba al olfato anunciado no fuese bastante señal, como si las indicaciones a los costaleros no fuesen suficiente. Aparecieron las ramas de nardos y no hubo mejor paisaje ni olor más puro, como si fuesen los mismos de todos los años y el tiempo no hubiese pasado por sus pétalos y sus ramas verdes. Aparecieron los nardos, caminaron quedamente hacia la puerta, y por el perfil, que siempre es el lugar más hermoso para ver salir pasos de San Basilio, aparecieron el oro viejo del paso y la madera nueva con que se empiezan a ver las mejoras, las pequeñas tulipas que dan luz y las volutas barrocas de la urna. Y allí, dentro de la sencilla belleza de la saya y el manto bordados, María dormida. Nuestra Señora del Tránsito, la Virgen de Acá poco después de salir ayer de San Basilio VALERIO MERINO La religiosidad popular de la ciudad rebrota en torno a la Virgen de Acá en una procesión fiel a su entraña de sencillez y enmarcada en el corazón patrimonial de Córdoba Paisaje de sueño con nardos LUIS MIRANDA CÓRDOBA onó una corneta y convocó a la música. Había pasado ya lo peor de la tarde, lo más crudo de un agosto que hace de la ciudad un campo de batalla y provoca que nadie que no tenga una necesidad urgente se atreva a cruzarse en el fuego que el sol establece contra su enemigo natural que es la osadía y su rival antinatural que es el asfalto. Sonó una corneta y con ella la música provocó un huracán en el entusiasmo y un silencio en los corazones que se abrían con la señal de la cruz y la oración que seguía dentro de los cuerpos que ya respiraban lejos de la asfixia. Sonó la corneta y empezaron las vivas, y la cal de las paredes relucía como si el mes de mayo todavía no se hubiera marchado y San Basilio siguiera con la fiesta en que casi se hace corazón de Córdoba. Quién podía imaginarlo por las arterias desiertas y los escaparates chapados a cal y canto de una ciudad que tiene la extraña costumbre de dejar de ser ella misma cuando los suyos no tienen que trabajar. Quien que no haya pasado un 15 de agosto en Córdoba puede pensar que al despertar del letargo que el calor ge- S Despertando a la ciudad La Virgen de Acá tuvo una vez más la virtud de despertar con su sueño a la ciudad dormida, de demostrar que aquellas vacías por el éxodo y el calor de un día festivo allí donde no parece que puedan brotar la vida ni la tradición. Por San Basilio y la Catedral predicó la Virgen del Tránsito su evangelio para los sencillos, su dogma en palabras que no vienen en los misales, acompañada por vivas y letanías que no se parecen a las del rosario, pero que entienden lo que significa que la madre de Cristo nunca conociera la corrupción del sepulcro. Llegó a la Catedral y tocó sus cuatro muros la Virgen de Acá anunciada primero por las cornetas del Rescatado y luego por la banda Tubamirum, en catarata inagotable de marchas marianas. Ante ella, dos monaguillos pedían a quienes acompañaban desde las aceras donativos para entregar a la Cáritas de la parroquia, que bien saben las cofradías de barrio con quién se ensaña la crisis y bien saben también cuáles son las mejores manos para aliviar algo las injusticias. Un monaguillo recoge donativos para Cáritas nera puede repetirse un ritual sencillo y vital como lo son las tradiciones que han pervivido sin necesidad de que ninguna fuerza exterior o poderosa las haya fosilizado aunque las deje vivas. La corneta ya era un eco cuando la V. M. música iba ganando la partida al silencio, y por la calle de San Basilio ya avanzaba el camino de trajes frescos y el ritual de las manos que luchaban con sus atávicos abanicos contra el calor, ya menos pegajoso que la semana anterior, pero que ni por un momen-