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12 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA JUEVES, 16 DE AGOSTO DE 2012 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND QUIEN DA PRIMERO El Gobierno, atribulado por la dificultad del momento, navega sin un rumbo claro y sin objetivos concretos U NA abultada mayoría del Gobierno que preside Mariano Rajoy son funcionarios y procede de los altos cuerpos de la Administración del Estado. Eso, como casi todo, tiene su cara y su cruz. Garantiza una formación mínima en el elenco y, como contrapartida y en función de la seguridad laboral que les proporciona su estatus, les priva de una experiencia vital que es propia de profesionales en ejercicio libre, comerciantes e industriales. Algo que no esta incluido en los temarios que deben preparar los opositores solventes. En lo primero que se advierte la demasía funcionarial del Gabinete es en la lentitud de sus reflejos y en la ignorancia de lo que ya Séneca apunto con sabiduría: Quien da primero, da dos veces Un pensamiento más propio de una escuela de negocios o de un gimnasio boxístico que del temario de unas oposiciones de relumbrón. Es tan cierto que quien no llora no mama como su adversativa, el que mama es el que llora y, en ese sentido, Alfredo Pérez Rubalcaba, su desafinado coro de voces socialistas y buena parte de las plumas críticas independientes le han birlado al Gobierno el mérito de la iniciativa que, a la vista de las circunstancias, perpetuará la subvención de 400 euros mensuales a los parados que ya han cumplido el plazo tasado para esa ayuda. Es el Gobierno quien hace el esfuerzo presupuestario para encajar tan voluminosa partida y fue Rajoy, tras visitar al Rey en el palacio de Marivent, quien anunció la prórroga que- ¡con carácter retroactivo! -aliviará le necesidad de los parados crónicos; pero la oposición clamó primero y se queda con el mérito de la conquista ¿Le está fallando al PP la prospectiva social que José María Aznar le encomendó a Pedro Arriola y en la que se subrogó Rajoy? Suelen achacarse estas tardanzas de Rajoy a su mala política informativa. No creo que sea así. El adjetivo, en este caso, no modifica el sustantivo. El Gobierno, atribulado por la dificultad objetiva del momento, navega sin un rumbo claro, sin objetivos concretos y sin tiempos establecidos. Tres condiciones que garantizan el retraso en sus acciones y, como inevitable consecuencia, la anticipación de los voceros de la oposición. Como decía Ramón de Campoamor, que fue varias veces gobernador civil y es, en consecuencia, colega de Rajoy y sus acompañantes: Cada quisque celebra, y es lo justo, lo que es más de su gusto Ello conlleva que otros, cada quisque, celebren distintos hechos y variados gestos. Un Gobierno que no es capaz de ganar adhesiones, admiraciones y amigos con un proyecto social como el que aprobara- ¿con retraso? -el próximo Consejo de Ministros es que no tiene las cosas muy claras. Dicho en lenguaje tabernario y, por ello, socialmente científico, no sabe con quién se juega los cuartos. VIDAS EJEMPLARES LUIS VENTOSO UNA ENFERMEDAD MORAL Algo falla en una sociedad que dio 276.000 votos a un partido que convierte en héroe a un matarife AMOS a fabular e imaginar que la historia del siglo XX hubiese discurrido de otra manera. Estamos en 1945. Los nazis han sido derrotados. Ha llegado la paz. Pero los ganadores de la contienda, en lugar de proscribir el nazismo por ley, declaran legales a los partidos simpatizantes con los nazis. Por su parte, la sociedad alemana, en vez de avergonzarse hasta la entraña por lo sucedido y de regenerarse para que jamás vuelva a ocurrir, decide seguir tolerando a los herederos de los nazis. Simplemente se bautizan con otro nombre y concurren a las elecciones, incluso dando lecciones desde una presunta atalaya de superioridad moral. En las urnas obtienen un gran resultado: segunda fuerza. En muchos municipios se hacen incluso con la alcaldía. Pongamos, por ejemplo, que un neonazi resulta elegido alcalde de Heidelberg, hermosísima ciudad de 145.000 habitantes. Andando el tiempo, un criminal nazi preso cae muy enfermo. Sus delitos son pavorosos: ha sido condenado por enterrar en un agujero a un judío durante 532 días e intentar matarlo por inanición; y también es culpable de un ataque con bombas, con dos muertos y 12 heridos. El preso, con cáncer terminal, solicita quedar libre. A pesar de su brutal historial, la justicia alemana recuerda V que existe un protocolo para esos casos y explica que lo aplicará con estricta observancia de la ley. Si los exámenes clínicos prueban que está punto de morir, podrá salir. Pero el alcalde neonazi de Heidelberg y sus compañeros de siglas deciden convertir al matarife en un héroe político. Visitan al asesino, organizan una campaña a su favor e intentan presentarlo como la víctima de un crudelísimo sistema judicial. Toda la fábula anterior es ridícula, por supuesto. Sería impensable que en la Alemania de la posguerra hubiese ocurrido algo así. Pues bien es, punto por punto, lo que está pasando en el País Vasco. En las últimas municipales el partido de ETA, el que agrupa a quienes ampararon su violencia durante décadas, recibió 276.000 votos y fue la segunda fuerza. Duele decirlo, pero eso denota que en el seno de esa sociedad anida una grave enfermedad. El héroe al que visitan afectuosos el alcalde de San Sebastián y el presidente de la Diputación es un criminal fanático, un psicópata insensible que se negaba a revelar donde mantenía secuestrado a un hombre al que quería dejar morir de hambre; un asesino certero que voló a una patrulla de la guardia civil; un carnicero entusiasta, que cuando vio pasar por su pueblo a un guardia de paisano subió rápido a su casa para coger la pistola e intentar darle caza. Un tipo inhumano, un nazi que reía y jugaba al chinchimoni en el juzgado mientras se relataba el martirio de Ortega Lara. Veo una fotografía de tres dirigentes de Bildu en las fiestas de San Sebastián: el alcalde, el presidente de la Diputación y la candidata a lendakari. Sonríen distendidos, con grandes cachis de cerveza. Son los fans del sicario preso. Repaso la foto. Solo logro ver a tres personas a las que les parece tolerable, y a veces hasta encomiable, que durante 50 años ETA matase y mutilase a niños y mujeres, disparase por la espalda a personas indefensas, pusiese bombas en los coches de inocentes, cortase a bocajarro mil vidas e hiciese la vida imposible a quienes pensaban diferente. El problema moral del País Vasco es que miles de personas no ven eso en la foto.