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ABC JUEVES, 16 DE AGOSTO DE 2012 abc. es ENFOQUE 5 Un bombero de Madrid increpa a Ana Botella a su llegada a la ofrenda a la Virgen de la Paloma DE SAN BERNARDO Boicot sindical a las fiestas de La Paloma Ideas (malas) de bombero ÁLVARO MARTÍNEZ Varios tratados de mayor o menor ciencia señalan a la lengua española como la más rica del mundo en el insulto y en otras palabras de ofensa, vituperio, denuesto, improperio, invectiva, oprobio, injuria y demás baldones de la fama y el honor. Contarlos es tarea casi tan colosal como numerar los granos de arena de una playa, pues entre los que aparecen en los clásicos de la literatura española- -como el Quijote o la Celestina- -y los que se pronuncian hoy en la barra de un bar de la Puerta de Toledo, por ejemplo, han ido conformado un venenoso corpus que tiende al infinito y más allá. Con c, con g, con j, con p... no hay letra que escape al inicio de un insulto. Como si fuera la lista de los Reyes Godos, un grupo de bomberos sindicalizados y cimarrones dirigió ayer buena parte de esas ofensas a la alcaldesa de Madrid; con un tono agresivo, pendenciero, faltón, chusco y grosero, que superó con mucho los límites de la libertad de expresión, de una protesta laboral y hasta el contenido del Diccionario Secreto, de Cela, o el Inventario general de insultos, de Celdrán, dos clásicos ibéricos del improperio. Botella aguantó estoica el lacerante chaparrón de espumarajos sin alterar los actos programados con motivo de las fiestas de La Paloma. Con temple. Ni el tono era admisible (más propio de una reyerta en una taberna de muelle) ni el lugar (una fiesta popular, alegre y bulliciosa) era el adecuado. Reventando las fiestas de la que, además, es su patrona no van a conseguir mejora laboral alguna y sí mellar la buena fama de un oficio muy unido sentimentalmente a una sociedad que protege. Este pavoroso verano de fuegos nos ofrece a diario imágenes conmovedoras de valentía y heroísmo de hombres y mujeres que se dejan la piel (y hasta la vida) en los incendios. Quienes ayer se comportaron como rufianes solo hicieron daño al buen nombre de una profesión que convirtieron en insulto y agrandaron la mala fama de las ideas de bombero de los malos bomberos, claro.