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ABC MARTES, 7 DE AGOSTO DE 2012 abc. es deportes Atletismo Operación Galgo Su prestigio se vino a pique, pero la juez dijo que la atleta era inocente. Tuvo a su hijo Javier y enfiló hacia Londres Estación término La atleta española con mejor palmarés de la historia dice adiós a los grandes torneos SALTO CON PÉRTIGA DEPORTES 59 Londres 2012 Fin del reinado de Yelena Isinbayeva No logra la triple corona olímpica. Bronce, fue superada por Suhr y Silva S. D. LONDRES Cerrato. Una juventud metida en esos ocho kilómetros. Goteando sudor en verano; con las pestañas heladas en invierno. Marta corría siempre, en las buenas y en las malas. Casada con el atletismo. Sólo los domingos se da descanso y monta a caballo. Que por un día otro trote por ella. En ese camino palentino que bordea el Canal de Castilla, Marta Domínguez cultivó sus señas: amor propio, orgullo, ambición. En los Juegos de 2008 se buscó un nuevo obstáculo, los 3.000 metros, la prueba del salto sobre la ría. Era su manera de asaltar el muro que le faltaba: una medalla olímpica. Y la tuvo ahí, hasta que a falta de 200 metros tropezó, cayó al agua, desnortada, con la mirada nublada, y perdió el rumbo del podio. Fue madre, pero antes le cayó encima, a finales de 2010, un golpe de martillo. La Guardia Civil apareció en su casa. Registro en busca de drogas. Detenida. Acusada de traficante. Su prestigio se vino a pique. Notó por primera vez miradas en la nuca. El zumbido de la duda. Le pincharon el teléfono. Le grabaron supuestas ventas de oro Los investigadores creyeron que ese oro era trembolona, un dopante. La juez dijo que la atleta era inocente. Fue exculpada, tuvo a Javier, su hijo, y se echó a correr camino de Londres. Entrenada de sobra para una prueba de vallas. Ayer pisó sus últimos 3000 metros, llenos de obstáculos como los que tenido que sortear siempre; sobre todo estos dos últimos años. Yelena Isinbayeva (Volvogrado, Rusia, 1982) no logró su sueño de la triple corona olímpica. No pudo con los 4,75 metros ni con un postrer intento de 4,80, y tuvo que conformarse con la medalla de bronce. Fue superada por la norteamericana Jennifer Suhr y la cubana Yarisley Silva, revelación de la final (igualó el récord de su país) que sí superaron los 4.75. El oro fue para Suhr por la diferencia de nulos. Isinbayeva ha dominado su especialidad de forma abrumadora en la última década, con dos medallas de oro olímpicas (Atenas 2004 y Pekín 2008) dos Campeonatos del Mundo (más otros tres indoor) y dos Europeos. Casi todos sus éxitos han estado avalados, además, por récords del mundo: se ha batido a sí misma una treintena de veces si sumamos sus marcas al aire libre y en pista cubierta. Ha colocado el listón en los 5,06 metros (ocurrió en el mitin de Zúrich, en agosto de 2009) Dio la gran sorpresa al quedar eliminada en el Mundial de Berlín de ese mismo año y, en las dos temporadas siguientes, su luz pareció apagarse, pero en febrero de este año estableció en Estocolmo una nueva plusmarca bajo techo con un salto Yelena Isinbayeva AFP de 5,01 metros. Yelena había vuelto, justo a tiempo, y buscaba la hazaña de un tercer oro olímpico consecutivo. No ha podido ser. De pequeña, su carrera parecía encaminada a la gimnasia, donde tantas niñas rusas siembran sus esperanzas de gloria a cambio de sacrificio, pero a los catorce años tuvo que abandonarla porque había crecido demasiado. Pasó al atletismo y eligió una especialidad, la pértiga femenina, de una dificultad extrema, que no tuvo reconocimiento olímpico hasta Sidney 2000. Isinbayeva tenía la percha (1,74 metros de altura y 65 kilos de peso) y la técnica para convertirse en la mejor pertiguista de todos los tiempos. Su entrenamiento previo en gimnasia le aportó el equilibrio necesario para el vuelo vertical. Unas virtudes que no le acompañaron en Londres. 200 METROS Bolt inicia hoy el asalto a su segundo oro y al mito de Lewis S. D. LONDRES EFE Después de colgarse el oro y batir el récord olímpico en los 100 metros, al jamaicano Usain Bolt todavía le queda trabajo que hacer en Londres: los 200 metros y el 4 x 100. Hoy disputa la primera ronda del doble hectómetro, cuyo título intenta también revalidar. De conseguirlo superaría a Carl Lewis, que no pudo retener la corona en esta distancia ya que fue derrotado por su compatriota Joe DeLoach en Seúl 1988. Enfrente encontrará a los rivales que le discutieron la supremacía en los 100, especialmente Yohan Blake, que le ba- tió recientemente en el preolímpico de Jamaica. Bolt, plusmarquista mundial de 200 (el 20 de agosto de 2009 consiguió unos estratosféricos 19,19 en el Mundial de Berlín) participará en la primera serie y correrá por la calle cinco, escoltado por el estadounidense Isiah Young en la cuatro y el nigeriano Noah Akwu en la seis. El jamaicano visitó ayer en la villa olímpica a su compañero Maurice Smith, decatleta, que ejerció de peluquero y le arregló el pelo para asistir guapo por la noche a la ceremonia de entrega de las medallas del 100. El domingo, sucedido el prodigio, se divirtió con gestos de ojos a la cáma- ra, montando el arco, chocando las palmas, posando para fotografías con Blake, con Gatlin, con algún espectador de la grada baja. El juego entre puñados de gente seria, con colchón suficiente para pagar los 900 euros que costaron algunas de las entradas más caras, para las que hubo más de un millón de peticiones. El divertimento ante cientos de personas que se apearon de BMW que llegaban al estadio desde tres y cuatro horas antes de la final. Miles de compromisos de empresas patrocinadoras pagados con una noche para el recuerdo. El sueño de una marca, el olvido imposible. Ricos o casi ricos, o atrevidos apasionados, desfilando de vuelta a casa con una sonrisa infantil por algo irrepetible. Mientras, Bolt, seguía en el estadio más de una hora después de cruzar la meta explicando lo sucedido a la prensa.