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ABC SÁBADO, 4 DE AGOSTO DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA ESPAÑA VISTA POR UN CHINO Algún día no muy lejano, en los chirimbolos que regalan en las hamburgueserías podrá leerse: Made in Europe E SPAÑA tiene un aire barroco y terminal, mientras la gente hace cola ante la oficina del paro y el dinero de los patriotas- -que por la mañana, en sus desayunos de negocios, entonan las loas del euro- -huye por los terminales informáticos. España es una cuenta de hotmail que se ha quedado obsoleta, esperando el cierre por derribo. ¿Qué va a ser de España? -nos preguntamos, con un desgarro noventayochista. Y viene a respondernos el chino de la esquina, que huyó de su patria hace ya muchos años, harto de trabajar de sol a sol por cuatro yuanes en un taller clandestino dedicado a la fabricación de chirimbolos de regalo para las hamburgueserías: -Pues va a ser que, como no os salgáis pronto del euro, os convertiréis en una colonia. ¿De China? -También de China, pero primeramente de Alemania. Cuando a los españoles nos dicen que llevamos camino de convertirnos en una colonia tendemos a pensar que acabaremos siendo una especie de gran resort turístico o putiferio disfrazado de casino donde los guiris jubilados vienen a ponerse morenos y a tocar el culo a las camareras. Le pregunto al chino si se refiere a este tipo de colonia. -Bueno, a esa también. Pero, básicamente, lo que planean los alemanes es poneros a trabajar de sol a sol por cuatro duros. Y me explica el planazo alemán, que consiste en mantener la extorsión sobre la deuda española, impidiendo que se reduzca la prima de riesgo. De este modo, para poder seguir pagando los plazos de la deuda, el Gobierno español- -que seguiría presidiendo Rajoy mientras persevere en su dontancredismo, o el Monti o mamporrero de turno que Alemania determine que lo sustituya, si Rajoy se pone levantisco- tendrá que seguir inflándonos a impuestos, reduciéndonos la paga y ordeñando nuestra capacidad adquisitiva hasta niveles de consunción. Para entonces, España será un país quebrado, y nuestros sueldos, una birria, y el paro campeará por doquier; entonces los alemanes, haciéndose los caritativos, nos usarán para deslocalizar sus empresas, lo que les permitirá vender sus productos a precios más competitivos. -Trabajaréis como chinos, pero para Alemania- -me asegura el chino de la esquina. ¿Y qué podemos hacer para evitarlo? -Salir del euro de inmediato. Seréis un poco más pobres, pero honrados. Si no salís, os terminarán echando igualmente, pero condenándoos a la mendicidad. -Pero, ¡a ver quién es el valiente que rompe una lanza por la peseta! Abres la boca y los analistas al servicio de los patriotas que evaden capitales te la tapan con un arsenal de artículos de fondo, cantando las loas del euro. Creo que el chino de la esquina me ha guiñado un ojo; pero con los chinos nunca se sabe, porque son ladinos y enigmáticos. Me consuela: -A la larga, nosotros haremos con los alemanes lo mismo que ellos están haciendo ahora con vosotros. Toda Europa acabará siendo una gran colonia china; y los talleres clandestinos donde se trabaja de sol a sol se instalarán en vuestras ciudades. Siempre me han hecho mucha gracia vuestros analistas económicos, cuando se preguntan: ¿Habrá recursos naturales suficientes para sostener una China con el nivel de consumo de Europa? ¡Pobres imbéciles! ¿Quién les habrá dicho que, cuando China alcance ese nivel adquisitivo, Europa lo mantendrá? Algún día no muy lejano, en los chirimbolos que regalan en las hamburgueserías podrá leerse: Made in Europe Y en éstas, se cae la bandera de la plaza de Colón al suelo, como un trapo rendido y funeral. IGNACIO CAMACHO ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD La ética churchilliana del sacrificio falla en España porque ni el Gobierno tiene liderazgo ni la sociedad acepta renuncias L manual contemporáneo del liderazgo en la resistencia lo escribió Winston Churchill en dos discursos entre mayo y junio de 1940. Uno es el de sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas en cuya manoseada cita suele eludirse la palabra clave toil: fatiga, esfuerzo, trabajo duro. El otro es de jamás nos rendiremos el vibrante anuncio de su determinación de luchar casa por casa y calle por calle contra la inminente invasión alemana. En esas dos alocuciones se basa toda la actual ética del sacrificio, opuesta a la laxitud indolora de la posmodernidad. Cientos de dirigentes públicos las han parafraseado desde entonces para llamar a sus pueblos a resistir adversidades de toda laya, olvidando a menudo que si la apelación del líder británico tuvo éxito no fue sólo por su brillante expresividad retórica sino por la existencia de una sociedad dispuesta- -gracias a la férrea educación victoriana- -a asumir el coste heroico de la defensa de su modelo de vida. En los discursos y declaraciones recientes de Rajoy se aprecia una voluntariosa inspiración churchilliana, un vago eco de llamamiento civil a la abnegación como receta para combatir los estragos de la crisis. Pero en el actual contexto español fallan las premisas esenciales de ese pacto de generosidad histórica. En primer lugar porque al emisor de la propuesta le falta el requisito primordial de la resolución sin fisuras; si hay una crítica unánime sobre la conducta del Gobierno es la de sus continuos titubeos y rectificaciones, su vacilante falta de confianza, sus aplazamientos tácticos, su tendencia a balancearse en sus propias dudas. Todavía ayer mismo el presidente se negaba a aclarar si pedirá o no el rescate al Banco Central, y las instituciones europeas llevan seis meses desesperadas ante la ausencia de claridad y el dilatado goteo del programa español de reformas. Nadie le habría hecho caso a Churchill si hubiese formulado sus propuestas a espasmos; si una semana hubiera pedido esfuerzo y al viernes siguiente prometido lágrimas. Pero es que además falta en España un sentido de la responsabilidad colectiva para asumir la necesidad del sacrificio. Acolchada en años de confortable prosperidad, la sociedad se ha vuelto alérgica a las contrariedades y busca en factores externos- -en especial la propia clase dirigente- -la culpa de sus problemas y aflicciones. El discurso de la renuncia colectiva no cala en medio de una atmósfera de agudo individualismo y los recortes sólo se aceptan en términos abstractos: ajustes sí, pero no a costa de mi calidad de vida. La reivindicación de los derechos y la cultura de la queja prevalecen sobre la ética del deber. Acostumbrados a paradigmas indoloros, el sudor y las lágrimas sólo estamos dispuestos a aceptarlos en los demás. Honestamente, hay galaxias de liderazgo entre Rajoy y Churchill pero también a éste le habríamos hecho un solemne corte de mangas. E MÁXIMO