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ABC SÁBADO, 4 DE AGOSTO DE 2012 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA EL GEN DE LA FELICIDAD POR MERCEDES MONMANY Como dice el filósofo André Comte- Sponville, la sabiduría tan sólo consistiría en vivir de veras, en lugar de esperar vivir. Es decir, en no esperar a tener un éxito tan histórico como la Roja y no esperar a batir en dos días unas primas de riesgo intratables caliente, roja, o como quiera llamarse, apenas llegarían al centenar de muertos. Venciendo claramente esos recurrentes y malintencionados tópicos, repetidos como un cansino y monótono mantra, han sido puestas de manifiesto y minuciosamente analizadas en los medios internacionales algunas de las claves y potente simbolismo que se ocultan detrás del éxito, no sólo deportivo, sino personal y colectivo de una joven selección española de fútbol. Una selección que no sólo sabría ganar, y ganar batiendo récords nunca vistos, sino ofrecer un ejemplo a seguir para todos, no sólo para los más jóvenes, en un continente salvajemente sacudido por la crisis. Un momento en el que, por otro lado, sería totalmente lícito el desánimo propio de sociedades y países que atraviesan grandísimas dificultades. El famoso trabajo de equipo de este compacto conjunto, férreamente unido y coordinado, está guiado por un apacible, nada fatuo y muy sensato entrenador, que viste muchas veces orgullosamente su chándal de trabajo- -en lugar del último modelo escuchimizado de Hugo Boss- -y que es como alguien de la familia para todo un país. El tío, el padre o el abuelo con el que pasas la tarde del domingo en el salón de tu casa. Alguien que tutela un equipo de genios totalmente ausente de estrellas, divos o patologías a reseñar, que lo primero que hace al gaED CAROSIA nar es correr a fotografiarse con sus niños al alcanzar, como lo más normal del mundo, dose a la torera el acuerdo del Consejo Europeo, un logro inimaginable. bloquear la compra de deuda de los países del euro en apuros. Eso, parecido a un triste chiste lo mejor, como dice el francés André si no fuera por la gravedad de la situación, a muComte- Sponville, uno de los autores conchos nos trajo a la memoria algo más refrescantemporáneos que mejor y más dignate y sin tan mala y poco solidaria animosidad. mente han puesto la filosofía al alcance Nos hizo recordar, a los que lo habíamos leído de todos en libros como El placer de vivir o La feestos últimos años, el desopilante y corrosivo licidad, desesperadamente, a lo mejor, como mansentido del humor, socarrón y antisistema del tiene este filósofo humanista, muy apreciado por más conocido escritor actual finlandés, Arto su claridad expositiva, la sabiduría tan sólo conPaasilinna. Un autor que no pocas veces ha iro- sistiría en vivir de veras, en lugar de esperar vinizado de forma sana y jocosa sobre su estricto vir Es decir, en no esperar a tener un éxito tan y no pocas veces apático y presuntuoso estado histórico y redondo como la Roja, no esperar a del bienestar, propio de la Europa fría que le ha batir ni poner de rodillas en dos días unas primas visto nacer. En su novela Delicioso suicidio en de riesgo intratables y no esperar a que caigan grupo, proporcionaba nada más empezar unas del cielo, como por milagro, unos trabajos que lainquietantes estadísticas nacionales: en la mi- mentablemente, durante bastante tiempo aún, núscula y falsamente arcádica Finlandia de cin- tendrán que irse rebañando, aquí y allá, donde se co millones de habitantes, en la que en las últi- pueda, como bien se sabe en este sufrido pueblo mas elecciones arrasó un partido ultraderechis- de antiguos y sacrificados emigrantes que un día ta, ferozmente antieuropeísta, Auténticos fuimos. Si no, que se lo pregunten a los irlandeFinlandeses, se cometen cada año mil quinien- ses, que sufrieron el mismo camino meteórico, tos suicidios, una de las tasas más altas de sui- de ida y vuelta, desde el milagro económico a ser cidios a nivel mundial, por detrás de Rusia, Co- tratados como unos patéticos mendicantes. Unos rea del Sur y varias repúblicas exsoviéticas. Por mendicantes que, de todos modos, nunca dejaotro lado, la cantidad de personas que se calcu- ban de tener puesta la vista, maniáticamente, en la que planean acabar con sus días en Finlandia el disfrute cada día y en esos invisibles, minús- -tema de fondo, con final feliz, de su novela- -culos placeres, que proporciona a diario esa eses diez veces superior a la que consigue llevar- curridiza felicidad asaltada por sorpresa. lo a cabo. En comparación a eso, hay que añadir MERCEDES MONMANY otra cifra curiosa: los asesinatos y homicidios, ESCRITORA propios por lo que se ve de los países de sangre ¿T IENEN el elixir de la felicidad los españoles? ¿Acaso la detenta en exclusiva la Roja? ¿Saben ser felices los alemanes? ¿Lo han sido alguna vez? Quien dice los alemanes dice los finlandeses, holandeses y un pequeño etcétera sin cesar crispado y enfurruñado con ese díscolo, terco y groseramente feliz Sur. Un posible, misterioso y muy ansiado gen de la felicidad que le hace ascos sin parar a la amargura, a la prepotencia y a ese narcisismo megalómano- -que acaba siempre, invariablemente, en el diván de un psicoanalista- -de tantos otros, parecería estar en juego. Se dice por ahí que sólo conocerían su secreto pueblos como el español. Pueblos, o etnias que, irresponsablemente, desde terrazas llenas a rebosar, cañas en barras de bares y risas con amigos, conocidos que pasan por allí y familiares diversos parecerían querer olvidarse por unos momentos, de forma insensata, de la que se les está cayendo encima. No hace mucho, un conocido escritor y editor italiano, de paso por Madrid, salió a pasear por la noche desde su hotel y atravesó estupefacto el centro de Madrid. No daba crédito a sus ojos: entre semana, las aceras estaban llenas de gente, la algarabía era incesante y los locales de todo tipo pululaban de gente entrando y saliendo de ellos. La respuesta fue unánime: ¿Qué te esperabas? ¡Esto es España! ¡Eso que nos ahorramos en psiquiatras! Desde luego si lo que esperaba era un país lúgubremente deprimido, abatido y lamiéndose por las esquinas las heridas de los recortes, lo tenía claro. Lo humilde, los detalles insignificantes y cotidianos, los momentos de alegría espontánea y no calculada, como decía Aldous Huxley en su obra Un mundo feliz, son los que verdaderamente conducen al elixir de esa esquiva y huidiza felicidad tan difícil de alcanzar para muchos. Las macrovaloraciones, las generalidades- -añadía Huxley- son tan sólo males intelectualmente necesarios Uno de los tópicos más repetidos, que aburren hasta la saciedad, acuñado despectivamente por nuestros queridos vecinos del norte es que España sólo piensa en la fiesta- -término que nunca hace falta traducir, en ninguna de las lenguas- la juerga, el pasárselo bien con una bolsa de pipas- -en vez de con caviar y Moët Chandon- -en lugar de dedicarse a la cultura del esfuerzo y del trabajo serio, no tutelado ni sufragado con el sudor de los países ricos. Recientemente, como es sabido, Finlandia habría intentado por todos los medios, sin éxito, saltán- A