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ABC LUNES, 30 DE JULIO DE 2012 abc. es economia ECONOMÍA 71 Israel ve a España como firme candidata para construir su AVE La ministra de Fomento, Ana Pastor, viajará en septiembre al país en busca del acuerdo ABC MADRID El presidente del Eurogrupo, JeanClaude Juncker Las empresas españolas se perfilan como firmes candidatas para llevar la alta velocidad a Israel. Al menos así lo cree el embajador israelí en España, Alon Bar, quien ha asegurado que tienen serias opciones de participar en la construcción y puesta en marcha de la futura línea ferroviaria de alta velocidad en su país por la enorme experiencia tecnológica que atesoran en este campo. El diplomático también ha anunciado que la ministra de Fomento, Ana Pastor, viajará a Israel en septiembre con el fin de firmar un acuerdo de colaboración para favorecer la participación de compañías españolas en el AVE israelí y en otros proyectos de transporte, que suman una inversión de 20.000 millones de euros. Somos conscientes de las ventajas que puede ofrecer la industria española en el tema de las infraestructu- ALON BAR EMBAJADOR ISRAELÍ EN ESPAÑA Somos conscientes de las ventajas que puede ofrecer la industria española en el proyecto de la alta velocidad ras de trenes de alta velocidad afirmó Bar en el transcurso de una entrevista con Efe. El Gobierno israelí aprobó el pasado mes de febrero la construcción de la línea Tel Aviv- Eilat, una conexión de 350 kilómetros que cruza el país desde el Mediterráneo al Mar Rojo, y que aún está pendiente de adjudica- ción. A este proyecto, explicó el diplomático, se unen otras obras, como la renovación del metro de Tel Aviv, que suman 20.000 millones de euros en inversión para los próximos cinco años. El interés de Israel en el modelo español motivó la visita a Madrid de su ministro de Transportes, Israel Katz, el pasado mes de mayo, para mantener un encuentro con la ministra española del ramo y evaluar las opciones de cooperación. Tras la obtención del AVE de Arabia Saudí, el Gobierno de Mariano Rajoy está promoviendo la participación de consorcios nacionales en proyectos similares, como son el de Israel y el de Rusia. Bar ha manifestado el deseo de que la relación bilateral tenga un mayor contenido económico, al considerar que existen numerosas oportunidades en ámbitos como la investigación. A pesar de la crisis, en Israel hay más confianza en el futuro económico de España que la que pueden tener los propios españoles, aseguró. El embajador también es partidario de que España siga vendiendo material de defensa a su país, pese a las críticas de algunos partidos políticos y ONG de que se exporte armamento a un país en conflicto con Palestina. Los costes del desarrollo POR JUAN VELARDE FUERTES D esde que se inició la Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII e inicios del XIX, se observaron dos fenómenos crecientes en todas partes. Por un lado, una subida muy fuerte en el bienestar material de toda la población mundial, con acompañamientos tan importantes como una mejoría notable en los años de esperanza de vida de los nacidos en esa etapa. Simultáneamente, recogiendo el contenido de un libro de Leoncio Urabayen, La tierra humanizada aumentó por doquier la transformación de antiguos paisajes rústicos, que se conservaban intactos por lo menos desde la Revolución del Neolítico, en unos nuevos absolutamente diferentes. Líneas férreas, conducciones eléctricas, nuevas carreteras, amplias instalaciones portuarias, construcciones urbanas radicalmente diferentes por sus dimensiones y perspectivas, instalaciones fabriles de todo tipo, yacimientos mineros gigantescos alteraron el paisaje primitivo de forma radical. Y lo dicho, el incremento del bienestar material estaba unido esencialmente a esto. ¿Que el perder un paisaje es un coste? Evidentemente, pero mayor es el coste del hambre, de las enfermedades, de toda suerte de incomodidades, incluida la dificultad de trasladarse, de viajar. En el caso concreto de España, existe, para su desarrollo, un obstáculo evidente, derivado del comercio exterior. El equilibrio económico de nuestro país exige basarse en unos núcleos poderosos de exportaciones. Ya en 1935, Perpiñá Grau escribió sobre la serie de capítulos que habían permitido, vía exportaciones, que el impulso a la economía española se mantuviese. Se trató en primer lugar del vino; después estaban los minerales metálicos; a continuación, los productos hortofrutícolas. Cuando la economía española, a partir de 1951, comenzó a recuperarse de los fuertes traumas derivados del impacto en España de la Gran Depresión, de la Guerra Civil y de la II Guerra Mundial, se situó en primer lugar de las preocupaciones de todos en qué aspecto de la economía exterior podríamos apoyarnos para crecer. De esta forma, ya en los años 50 del pasado siglo sur- gió la posibilidad que emanaría del turismo. Los primeros estudios surgieron en la Secretaría para la Ordenación Económico Social de las Provincias, que dirigía Gabriel Arias Salgado. Se comprendió que la subida de nivel de vida de Europa iba a buscar masivamente zonas de sol y playa, como ya había sucedido en los Estados Unidos. El fenómeno Florida, el fenómeno California, o la creación de ciudades relacionadas con el servicio turístico, como Atlantic City, pasaron a estudiarse, respecto a España, en las costas mediterráneas y en Canarias. Tras estos estudios, vinieron las decisiones concretas, en las que tuvo un papel importante en el lado de los proyectos, Eduardo del Río, y desde el punto de vista de la decisión política, primero Arias Salgado y, después, Manuel Fraga Iribarne. Surgió así el Atlantic City europeo, llamado Benidorm; la expansión de Mallorca, que sobrepasó en habitaciones para visitantes a la propia Grecia; la aparición de la Costa del Sol, la Costa Brava catalana y, por supuesto, las Islas Canarias. El impacto en nuestra economía ha pasado a ser esencial. Una seria crisis del turismo afecta de inmediato a todo el desarrollo económico español. Pero ese turismo tan beneficioso tiene también sus costes en cuanto a alteraciones en el paisaje. Los edificios tuvieron que llegar, para satisfacer las exigen- cias de los turistas, a una cercanía notable del mar. Y la demanda de las clases medias europeas, por ejemplo en Benidorm, obligó a que las construcciones fuesen inmediatas a las playas. El paisaje en todo el litoral español mediterráneo y del Atlántico canario se alteró, dentro de la dinámica de cambio que está unido, como se ha señalado, a la Revolución Industrial. De ahí que sean lógicas las medidas adoptadas en el Consejo de Ministros del 13 de julio de 2012 en forma de anteproyecto de una amplia reforma de la Ley de Costas, con la ampliación de las concesiones temporales de inmuebles situados dentro del dominio público marítimo terrestre a 75 años. ¿Que es un coste la no contemplación de la zona marítimo- terrestre tal como existía en el siglo XVIII? Evidentemente. Pero el desarrollo económico exige costes, y estos relacionados con zonas ya veteranas o potencialmente turísticas merecen la pena si es que el conjunto de la población española no quiere sufrir las consecuencias de un choque en el sector exportador, en este caso, del de los servicios. Desde Cala Ratjada estoy prácticamente seguro que un experto en economía turística como es Joan Fuster Lareu, aplaude, incluyendo las cláusulas que impiden que la agresión al medio ambiente sea admisible. El sector público pasa, pues, a tener, aquí, una responsabilidad grande.