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12 OPINIÓN SALA DE ESPERA PUEBLA LUNES, 30 DE JULIO DE 2012 abc. es opinion ABC FRANCISCO JOSÉ JURADO LA DIETA MILAGRO (S. A. Las canonjías que políticos y altos cargos disfrutan como clase estanca; ésa es la dieta milagro que sólo ellos se aplican A dieta milagro del título no es ninguna de esas pseudo- estafas que se empeñan en seguir a pies juntillas millones de personas justo antes del verano con el objetivo de llegar a tiempo a la operación bikini inútil empeño, pues todos sabemos que lorzas, michelines y demás colganderos no se suprimen en quince días, sino que es trabajo arduo de un par de años de machaque en el gimnasio. Bien es cierto que la dieta milagro a la que me refiero también tiene mucho que ver con recortar grasa y tejido adiposo superfluo, pero no del cuerpo serrano sino del corpus administrativo. Ya he dicho más de una vez que, en la actual tesitura de crisis y paro- -ese 34 en Andalucía empieza a cronificarse- la solución pasa por elegir entre autónomos o autonomías. Entiéndase la afirmación de forma general: o recortar el Estado y sus órganos, o recortarle pedacitos a la sociedad civil. El duopolio de partidos sistémicos sobre el que se basa esta ficción que damos en llamar democracia (PSOE- PP) han hecho su apuesta; unos, la socialdemocracia, porque no tiene otra opción, ya que sobre prebendas y canonjías basa su estabilidad en el poder. El PP, al menos, intenta recortar privilegios, aunque sin entrar en el fondo del asunto. Las prebendas. Las canonjías que los políticos y altos cargos disfrutan como clase estanca. Esa es la dieta milagro que sólo ellos se aplican. Dieta milagro- S. A. porque una sociedad muy anónima al margen de la crisis parecen. ¡Dietas hasta por asistir a los Plenos! ¡Pero si ese es su trabajo! Eso es lo que duele en un país camino de convertirse en una nación de menesterosos. Me da igual que Carlos Dívar tenga legalmente derecho a cobrar 200.000 mil euros de pensión. Moralmente es un asco. Me da igual que 63 diputados (entre ellos dos por Córdoba, el cunero López Amor y el socialista Antonio Hurtado) tengan derecho a otra dieta milagrosa por alojamiento de mil ochocientos euros al mes, ¡sin pagar impuestos! Tendrán derecho, sí, pero es moralmente asqueroso que- -teniendo un techo en Madrid- -cobren esa cantidad. También asquea que la Televisión de Castilla- La Mancha- -sea en tiempos de José Bono o del sursum corda- -gastase más de treinta millones de pesetas en regalitos de Loewe, tal como destapó ABC. Estas cosas son las que hay que recortar. Por higiene y por moral cívica. Ese dispendio absoluto. Sea en gasto corriente, en subvenciones a sindicatos, o en órganos inservibles: empresas públicas, los miles de Institutos, Cátedras, Observatorios... dedicados a cualquier gilipollez. Y llevar ante los jueces a quienes cobraron indebidamente dinero del erario público, aunque sea un afiliado. Y eso es lo que ningún partido sistémico (ni de los otros) se atreve a hacer. España necesita visualizar que la clase política se pone a dieta, sí. Porque la sociedad civil- -trabajadores, autónomos, pensionistas... entre dieta y dieta, hambre pasajera que diría Machado, ya estamos en los huesos. L EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA JUGUETES ROTOS La religión se ha quedado prisionera en el ámbito de la conciencia dejando de iluminar la vida entera S E preguntaba Olegario González de Cardedal, en una magnífica tercera, si Dios es un juguete roto, tal como aventurase el sobrevalorado Tierno Galván. Dejando aparte la aseveración de Tierno (que ni siquiera tiene la grandeza desesperada del deicida Nietzsche y más bien parece ocurrencia de ateneísta atufado de berza) y aceptando que- -como señalaba nuestro muy querido teólogo- la realidad infinita de Dios desborda siempre nuestra comprensión quisiera añadir algunas humildes consideraciones complementarias a las que González de Cardedal desplegaba en su artículo. Concluía nuestro autor que, si bien la presencia social de lo religioso ha disminuido en las últimas décadas, la necesidad de Dios se mantiene intacta: La religión ha desistido de ser política para ser relación personal y comunitaria con Dios que ilumina toda la vida humana afirmaba con optimismo. Pero la frase nos deja un cierto regusto de insatisfacción: no sólo porque las expresiones política y comunitaria sean en su origen casi sinónimas (y, aunque no se nos escapa que en el lenguaje hodierno y en la intención del autor tratan de describir realidades distintas, lo cierto es que tales realidades son necesariamente conexas) sino también porque, una vez que la religión ha desistido de la política, muy malamente puede iluminar toda la vida humana de la cual la política es parte consustancial. Lo que ha ocurrido, más bien, es que la religión ha desistido, en efecto, de la política (y de la economía, y de la ciencia, y del arte, y de la cultura, y de tantas y tantas otras realidades seculares) e, inevitablemente, se ha quedado prisionera en el ámbito de la conciencia, dejando de iluminar la vida entera El realismo tomista siempre tuvo claro que las realidades seculares eran autónomas de la religión, pero subordinadas a ella, como los planetas que giran en órbitas concéntricas en torno al sol. En nuestro tiempo, por el contrario, tales realidades seculares se han negado a recibir la luz solar- -sobrenatural- -que la religión les prestaba; y así se han convertido en planetas tenebrosos de órbita errática, mientras la religión, recluida en la conciencia, ha quedado reducida a idea o sentimiento, emoción o estado espiritual... al que se le reconoce, a lo sumo, cierto valor consolador, como a cualquier otro placebo; pero en modo alguno el valor de iluminar la vida entera. Este confinamiento de la religión en la estructura de la conciencia y su desistimiento de la política explica la situación actual, que León XIII delinease proféticamente en su encíclica Inescrutabili Dei: Supresión general de las verdades más altas; altivez de los caracteres que no soportan autoridad legítima; una causa permanente de disensiones que no cesa de producir luchas atroces entre ellos; desprecio a las leyes que rigen las costumbres y protegen la justicia; irreflexiva administración y dispendio de los bienes públicos; la desvergüenza de los que, al tiempo que cometen los mayores atropellos, intentan presentarse como los defensores de la patria, de la libertad y del derecho; la peste mortal que se insinúa como una serpiente por todas las clases de la sociedad y no le deja ni un momento de reposo, preparándole nuevas revoluciones y desenlaces calamitosos El hombre ha dado en la extraña locura de creer que Dios es una mera estructura de su conciencia Y una religión así acaba agostándose; pues no viendo la grandeza infinita de Dios encarnada en las realidades seculares, el hombre entabla con el Dios de su conciencia una relación personal que, o bien degenera en puro emotivismo, o bien se convierte en confianzuda relación de tú a tú en la que crea un dios a su medida. Así los hombres se convierten en juguetes rotos.