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82 CULTURA LUNES, 25 DE JUNIO DE 2012 abc. es cultura ABC ESPECIALISTA EN ARTE Fernando Marías ingresó en la Real Academia de la Historia ABC Peter Longerich desmonta en una biografía muchos de los mitos de Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler Tullido, cursi y mujeriego MANUEL DE LA FUENTE MADRID Fernando Marías Franco, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid, ingresó ayer en la Real Academia de la Historia (RAH) El investigador recibió la medalla n 24 de la institución, perteneciente al fallecido José María López Piñero, y pronunció el discurso Pinturas de Historia, imágenes políticas en presencia del director de la Academia, Gonzalo Anes. Marías fue elegido por unanimidad en enero de 2011, después de que los académicos José Luis Díez, Carmen Sanz Ayán y Martín Almagro Gorbea presentasen su candidatura. Especializado en la arquitectura y el arte español de la época moderna sus investigaciones se centran en los siglos XV a XVIII es miembro del Comité Científico del Centro Internazionale di Studi di Architettura Andrea Palladio de Vicenza (Italia) y ha publicado numerosos libros sobre Velázquez y El Greco. En su discurso de ingreso, Fernando Marías Franco expuso que las pinturas de historia poseen una función de conmemoración y preservación de la memoria gráfica de los hechos de un pasado más o menos reciente o remoto; y de su relativa actualidad dependerá su sentido político y no solo su función autocelebrativa En nombre de la Corporación fue contestado por Carmen Sanz Ayán. J oseph Goebbels, un nombre y un apellido que entraron en los arcones más deleznables y siniestros de la Historia. Un tipo tullido, traumatizado, enano, cojo, viscosamente mujeriego, aquejado de una paranoia narcisista que le hacía creer que los destinos del Reich estaban en sus manos, que todo dependía de su Ministerio de la Propaganda. Nazi entre los nazis. El más listo, tenaz y fiel, aunque rara vez llegaban las palmaditas en la espalda del Führer. Creyó que él era el arquitecto de la siniestra geometría nacionalsocialista, que él era quien había reunido a todo el pueblo alemán en torno a Hitler y la pavorosa cruz gamada, pero ni siquiera, salvo en la quema de libros, participó en ninguna de las decisiones trascendentales del III Reich. Mito de la manipulación de las masas Una mentira repetida cien veces se convierte en verdad una esclarecedora biografía viene a dar al traste con el Narciso Nazi. Goebbels (RBA) es el nuevo y exhaustivo trabajo del historiador Peter Longerich, quien ya le diera lo suyo a otra de estas alimañas, Himmler. En esta ocasión, Longerich ha trabajado exhaustivamente sobre los 32 tomos de diarios que dejó escritos Goebbels. Comenzados en 1923, el ABC Datos útiles Título: Goebbels Autor: Peter Longerich. Editorial: RBA. Páginas: 1.000. Precio: 35 euros. preboste nazi quería que se convirtieran en la Crónica Oficial del III Reich. Incluso, Goebbels se los vendió al editor oficial del nazismo, Max Amann. Hasta tal punto entraba en éxtasis de autobombo el tal Goebbels que cuenta Longerich que disfrutaba como un niño cuando la Prensa (que el mismo dirigía y controlaba hasta el último ladillo) subrayaba la magnificencia de sus discursos. Pero Longerich apunta mucho, muchísimo másde este nazi que ni siquiera podía desfilar al paso de la oca debido a una lesión en el pie producto de la polio. Un ario de pacotilla y un poeta frustrado. Mujeriego empedernido, se le retorcían las tripas porque en su furor ure- trino sedujo a judías, o a eslavas (pecado mortal para un ario) como la bellísima actriz checa Lida Baarová. Aunque no se lo crean, aquí van dos ejemplos de la labia sentimentaloide de Goebbels: Benditos días. Sólo el amor. Tal vez el momento más feliz de mi vida o A mi vida le falta el amor, por eso dedico todo mi amor a la gran causa Durante más de 20 años, también esperó un guiño de Hitler, pero el Führer no tenía parabienes con nadie. Ni para este pelota profesional llamado Goebbels: Hitler no confía en mí. Ha estado criticándome. Sacrificarlo todo para luego solo recibir reproches del propio Hitler se lamentaba. Hazte nazi para esto.