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36 CÓRDOBA DOMINGO, 24 DE JUNIO DE 2012 cordoba. abc. es ABC F ue la última taberna de Benítez, la postrera bandera del grupo. Nació en 1986, cuando ya podía presagiarse la deriva que tomaría la legendaria escuadra de los hermanos Peña, directa hacia los insalvables escollos de los convenios laborales y las suspensiones de pago. Venía de un mundo en desarrollo y llegaba a un mundo desarrollado, donde todo es más efímero y más falso. Muy pocos se salvaron. Un Ulises de entonces fue Rafael Valencia, que inauguró, junto a Manuel Gavilán, La Bodega de Benítez. Luego, los dos se independizaron para montar El Patio, otra fina taberna que ya comentamos en esta misma página. Y los dos también reabrieron La Bodega cuando liquidó Benítez. Finalmente, en 1997, los socios iniciaron singladuras por separado, partieron la empresa y repartieron los locales, que en este tipo de trabajos tan sacrificados cada uno guarda mejor lo propio que lo de dos. La Bodega es una taberna que quiere serlo. Así fue concebida y así permanece. Tiene lo esencial para expresar su carácter castizo, sin mestizajes ni concesiones. Lo resalta Manuel López Alejandre cuando observa, perspicazmente, que no hay cafetera ni maquina tragaperras, ni siquiera licores en sus estanterías. La Bodega es una taberna genuina, fiel a un estilo de entender la vida y sobre todo la buena vida. Es una taberna, como se dice del dibujo (el de Vic, por ejemplo) de línea clara, inteligible y sin abstracciones que distorsionen el contexto. Es sencilla y originalmente exenta de accesorios, aunque luego haya ido cargándose de pátina, de tonos y de imágenes, como corresponde al paso del tiempo y a la historia vivida. Podría hablarse, sin arriesgar demasiado la imaginación, de senequismo en sus formas. Es conceptual, honda, minimalista si se quiere, y desde luego nada gongorina. Tiene botas, eso sí, para no desmerecer del nombre, pero no agobian el espacio ni estropean el vino. Como obra de un arquitecto de interiores, no confunde al visitante ni lo provoca, sino que lo recibe y acoge. Pedro Peña, hijo de Juan, diseñó esta taberna con tal clasicismo, que, aún siendo relativamente bisoña, parece que TABERNARIO SENTIMENTAL POR JAVIER TAFUR Y VIC CÓRDOBA La Bodega Es una taberna que quiere serlo. Así fue concebida y así permanece. Tiene lo esencial para expresar su carácter castizo, sin mestizajes ni concesiones. La Bodega es una taberna genuina enseñara a las más veteranas satisfacción que las del río, que a ser verdaderas tabernas tan pronto se llevó la cocordobesas. Puede senrriente. UBICACIÓN tirse orgulloso de ella Necesariamente teEsta taberna se en su conjunto, y en nía que ser, pues, La concreto de sus autóBodega una taberna encuentra ubicada nomas barritas, con de amigos, de peñas, en la calle Alhakén sus huecos y reposade clientes que no II, número 6, en piés dobles, sin las quieran irse y, de hepleno Centro y cuales parece imposicho, no se vayan. En junto al hotel ble ya que pueda exisningún sitio de CórdoColón tir una tertulia realmenba se bebe vino hasta tan te placentera. Supongo que tarde, en ninguno se alarestas ideas le habrán dado más gan los turnos tanto como aquí, Bien es cierto que en muy pocos lugares el vino está tan bueno (es de Moriles Alto) ni se sirve con el agrado que ofrece la Bodega... Tal vez por eso, entre su clientela se encuentre tanta gente de a deshora, tanta bohemia, tantos artistas. José Merced y Vicente Amigo son asiduos. Finito de Córdoba mantiene en esta casa la tradición tabernaria de los toreros cordobeses, tan insistentemente cultivada por el Guerra y Manolete. Pablo Rubio y el malogrado Javier Zapatero dejaron su arte en las paredes... Y la exaltación de la amistad, que también es una arte, la ponen Pepe Lucena, Manolo Varona, Pepe Fabra, Manolo Cobos... y tantos otros que han sabido acertar en la decisión acaso más importante que pueda tomar un hombre en su vida: elegir la taberna de sus buenos ratos. Secundado por el veteranísimo Antonio Espejo, que estuvo en Dunia y posteriormente en Ivory, y acompañado por Javier y Antonio, dos perfectos camareros de la nueva generación que han sabido aprender los viejos hábitos, Rafael Valencia, el lince ibérico de la hostelería cordobesa, prestigia este último reducto de cordobesía a la antigua. Que sea aún por muchos años.