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ABC DOMINGO, 24 DE JUNIO DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 17 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS 1 DÍVAR 12.996 EUROS Los que se han gastado en sus viajazos muchos más dívares que Dívar siguen en el machito, sin que dimita nadie... C UANDO España empezó a tirar el dinero a troche y moche con la Exposición Universal de 1992 me inventé una unidad monetaria de medida del despilfarro: el pellón. Tomaba su nombre del hombre de Felipe González en la Expo. De Jacinto Pellón, ingeniero montañés de Dragados, a quien González envió a su tierra con plenos poderes porque no se fiaba de sus paisanos. Tanto dinero derrochó el tío que inventé el pellón, que equivalía a 10.000 millones de pesetas despilfarrados en inversiones no productivas. Bueno, sí, bastante productivas algunas para los del convoluto, la mangoleta y el por aquí te quiero ver. Ahora acabo de inventarme otra unidad monetaria de medida. La unidad de medida del despilfarro o malversación de los que durante el referido Felipato eran fondos reservados y por cuyo mangazo a discreción más de uno pisó la cárcel, perdón, ingresó en sede carcelaria que es como se debe decir correctamente en tertulianés y en politiqués. Esa medida monetaria de la malversación impune de fondos públicos es el dívar. Inspirado, naturalmente, en el dimitido presidente del CGPJ y del Supremo, que es igualito, igualito que Alfonso Paso, incluso con el título de Enseñar a un sinvergüenza que yo creo que iba por Garzón. El dívar suena a moneda mucho más que el pellón. Suena a dinar: a dinar tunecino, a dinar iraquí a dinar argelino. ¿A cuánto está el dívar? Ahí vienen las diversas cotizacio- nes. Como usted sabe, y venganzas filogarzonianas aparte, derrochar el dinero público no es lo mismo si lo hace un progresista o si lo hace un conservador. De ahí que igual que existen el dólar canadiense y el dólar americano, el dinar tunecino y el dinar argelino, hay un dívar conservador y un dívar progresista. El dívar conservador está a 12.996 euros. Esa fue la cantidad que según recentísima sentencia absolutoria del Supremo se gastó Carlos Dívar en lo que le salió del níspero. Pues es sabido que el CGPJ tiene unas normas internas por las cuales sus vocales, miembros y miembras se pueden gastar el dinero público en lo que les salga del níspero, sin tener que justificar nada. Otras fuentes indican, empero, que el dívar conservador está a 28.000 euros, que fue la cantidad que el titular de la nueva moneda se gastó entre 2008 y 2012 en 32 viajes caribeños a Marbella y otros fines de semana con encanto. Tirado. Nos salió cada fin de semana largo en Marbella para dos personas, en hotel de 4 estrellas, a... ¡875 euros! Baratísimo. Vamos, yo que Isidoro Alvarez, fichaba a este tío como director de Viajes El Corte Inglés, qué virtuoso en sacar ofertas baratitas de fin de semana, ni las de Groupon. Eso es el dívar conservador, que está baratísimo. Otra cosa es el dívar progresista, que está mucho más alto de cotización. Como quiera que los 20 vocales y el secretario del CGPJ se han gastado en 2011 cerca de 500.000 euros en lo mismo que Don Carlos, pero en plan amiguetes de Garzón, resulta que el dívar progresista está a 22.441 euros por cabeza. Pero a éstos no les dicen nada, porque despilfarran impunemente el dinero público de un modo absolutamente progresista y, además, que es lo importante, le comen en la mano a Garzón. Miren ustedes: el problema no es el señor Dívar. El problema es que exista el dívar: que unos tíos puedan gastar el dinero público en lo que les plazca pegándose viajes de ensueño, sin tener que justificar nada. Y los que se han gastado en sus viajazos muchos más dívares que Dívar siguen en el machito, sin que dimita nadie... Vamos, que como Frau Merkel se entere de la existencia del dívar, nos saca del euro. El dívar generalizado es la causa de la ruina que tenemos en todo lo alto. De lo que tienen que rescatarnos es del dívar. IGNACIO CAMACHO EL PARO COMO ESPECTÁCULO La televisión va a hacer de Barbate un parque temático del paro: el drama social banalizado como combustible del espectáculo A MÁXIMO L pueblo gaditano de Barbate- -22.000 habitantes, 5.000 parados y un Ayuntamiento en bancarrota- -ha llegado una productora de televisión en busca de candidatos para un reality show del paro. El casting ha sido un éxito habida cuenta del alto desempleo y la orteguiana tendencia andaluza a ofrecer la tragedia como espectáculo. España se asomará por las noches a un parque temático de su mayor drama social en el que la atracción principal serán pescadores sin barco, camareros sin bares, albañiles sin obras y almadraberos sin atunes. Un cruel salto a la fama organizado desde la mirada más desaprensiva posible: la que banaliza la angustia y el fracaso aprovechándolos como combustible de la diversión ajena. Quizá el programa lleve a muchos españoles a preguntarse cómo es posible que una población con la cuarta parte de sus ciudadanos desempleados no viva en la tensión de un permanente conflicto. La red de subsidios que amortigua esa estadística no saldrá en la tele. Tampoco probablemente la economía sumergida del turismo estacional ni la existencia furtiva pero palmaria de un veterano narcotráfico que durante años ha absorbido en tareas subsidiarias a parte de la juventud barbateña. La televisión es entretenimiento, frivolidad, pasatiempo; lo que busca a la vera del Estrecho es un escenario piloto para la dramatización emotiva, estilizada y amable de una realidad desestructurada. En Barbate no hay dinero para pagar las nóminas ni los servicios municipales. La gente vivaquea estirando las subvenciones de la reconversión pesquera, los ingresos turísticos del verano, la temporada del atún, y el resto del tiempo se acoge a los subsidios y a la chapuza. El fracaso escolar es devastador y muchos chavales jóvenes se buscan la vida con sus motos de trial entre las dunas playeras: los busquimanos. Pero también el negocio de la droga ha retrocedido ante la vigilancia aduanera. Años atrás fracasó, en gran parte por extrañas reticencias de instituciones, ecologistas y sindicatos, un proyecto de parque eólico marino combinado con piscifactorías. Se trataba de puestos de trabajo, inversiones relevantes en un entorno en proceso de desmantelamiento; desalentados ante la falta de respuestas, los promotores se fueron a Galicia en busca de mejor acogida, no sin asombro ante el refractario rechazo de una comunidad con tan escasos estímulos de esperanza. Eso sucedió hace tiempo, cuando la crisis aún no apretaba tanto y los fondos públicos parecían eternos, inagotables. Ahora la productora del reality ha tenido más suerte. Ochocientas personas acudieron a la preselección para representarse a sí mismas, pasen y vean, en el gran espectáculo nacional del desempleo en prime time. La fama cuesta y hay que pagar un precio, decía Debbie Allen, pero la cínica industria del circo audiovisual tiene recursos hasta para convertir el paro en una fiesta.