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16 OPINIÓN POSTALES PUEBLA DOMINGO, 24 DE JUNIO DE 2012 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL A VUELTAS CON LA JUSTICIA España no necesita sólo una reforma de la Justicia. Necesita reformar su entera estructura constitucional D E acuerdo, esta vez, con Gómez Benítez: Un poder Judicial como el que existe no tiene sentido No sé si el vocal del CGPJ y verdugo de su presidente era consciente de que venía a coincidir con Esperanza Aguirre en lo fundamental, aunque sospecho que no en los detalles. A mí, sin embargo, no me ha chocado la coincidencia. Si los dos extremos del espectro político español coinciden, es que algo muy serio está ocurriendo. Y lo que está ocurriendo es que cada vez más españoles piensan que necesitamos una reforma a fondo, no sólo de la Justicia, sino de nuestro entero sistema político- constitucional. El que surgió de la Transición, tan alabado dentro y fuera de casa, no da ya más de sí y hace aguas por todas partes. En las décadas del vino y las rosas que hemos vivido, esos fallos no importaban. Estábamos demasiado ávidos de vivir como ricos sin serlo. Pero llegó la crisis y todas nuestras carencias han surgido de una vez. Empezando por las de un Estado de la Autonomías carísimo, impráctico y eternamente inacabado al derivar hacia un Estado de las Soberanías que se traga a la Nación y al Estado dispuestos en el primer artículo de la Constitución. O sea, que se devora a sí mismo. Para establecer, como coinciden la mayoría de los analistas, una partitocracia en vez de una auténtica democracia. Con más agujeros que un queso Gruyere. Pero, al menos para quien esto escribe, que ha aprendido más de la experiencia en otros países que de los libros, lo más importante, por donde hay que empezar es por la reforma de la Justicia, piedra angular del sistema democrático, fiel de la balanza- -su símbolo- -entre los demás poderes, que no se limitan al ejecutivo y al legislativo, sino que incluyen a cuantos han ido surgiendo a medida que nuestra sociedad crecía y se sofisticaba: el poder económico, el poder sindical, el poder de los medios de comunicación, el poder de las minorías, que han llegado a imponerse en ocasiones a la mayoría, incluso el poder de los que no lo tienen, secuestrados por grupos diversos tanto de izquierdas como de derechas, que se arrogan su representación sin otra garantía que su palabra, su audacia y el papanatismo del resto. Sólo la Justicia puede poner orden y coto a los abusos de todos esos poderes. Pero para eso, condición indispensable es que la Justicia sea independiente de verdad. Y en España no lo es. Estoy seguro de que la mayoría de los jueces lo son, al ser la suya una labor para la que se necesita haber nacido. Pero lo que ellos decidan acabará en altas instancias, que no lo son, al depender de los políticos que los nombran. Y más que ninguna el CGPJ. Le sigue el Tribunal Constitucional, convertido en tribunal de casación del Supremo, sin ser ese su cometido y sin ser jueces sus miembros. En fin, lo que Pedro Pacheco decía de la Justicia. EL ESTILISTA JAVIER TAFUR ASENSIO SAN JUAN Desde Navidad, ninguna otra fiesta presenta una ruptura con nuestras vidas. Sabemos que estamos destinados a ser diferentes cada día M E gustan los domingos por la mañana cuando se hace lo correcto, o sea, madrugar para oír los pajarillos desde la cama, desayunar churros con chocolate y anís, pasear con desahogo, que para eso Córdoba es llana, comprar el ABC, leer ávidamente el artículo de Pérez Reverte, que siempre nos recuerda lo mejor de nuestros genes, ir a misa de doce- -no más tarde- cuando el mediodía puede iluminarnos, y recalar, al cabo, en tu sitio de siempre, donde la gente se encuentra pero no se cita. Me gustan los días tontos, esos días en los que no pasa nada, en los que nadie le toma el pulso a la ciudad y los políticos y los empresarios sólo hacen daño en sus casas. Esos días vacíos donde sólo hay turistas perdidos para recordarnos que nuestra situación siempre es susceptible de empeorar en vacaciones. Me gustan los domingos por la mañana porque todas las criaturas de las noches blancas duermen y porque los que no duermen están de perol o de romería. Me gustan, sobre todo, porque no hay homenajes ni reivindicaciones, ni aduladores ni indignados, y porque los sindicalistas prefieren los lunes al sol. Me gustan, en fin, los domingos por la mañana porque hay iglesias abiertas, bancos cerrados y aparcamientos li- bres, y porque no hay policías a la vista ni multas indiscriminadas y sólo las farmacias y las tabernas están de guardia... Pero me gustan especialmente algunos domingos como el de hoy, que son doble fiesta, aunque en nuestro caso no tengamos obligación de ejercerla colectivamente. Este domingo coincide con San Juan Bautista, que además de ser el santo de mi padre, no es un santo cualquiera. Desde tiempo inmemorial, esta noche pasada los hombres hemos quemado el pasado, bueno y malo, para presentarnos al futuro libres de polvo y paja. El último profeta del Antiguo Testamento nos aparece como precursor del Nuevo. Ya lo dijo el propio Cristo: de entre los que han nacido de mujer, no se ha levantado otro más alto que Juan el Bautista Por eso este personaje media el año y protagoniza el solsticio, en verano, que en invierno corresponde a su divino primo. Desde Navidad, ninguna otra fiesta presenta una ruptura igual con nuestras vidas. Entonces, como ahora, sabemos que estamos destinados a ser diferentes cada día. Y diferentes quiere decir menos iguales. Nada como la igualdad ha destrozado tanto este mundo. Tal vez ahí resida la razón de que me gusten los domingos por la mañana, cuando la calle es de muy pocos y las personas pueden reconocerse si se cruzan. Reconocer a los demás, llamarlos por sus nombres, saber de sus obras, acompañar sus soledades, admirarlos singularmente, es lo que nos hace individuos y no rebaño. Si somos hombres es porque podemos distinguirnos. Y yo quiero distinguir este domingo a un hombre ejemplar que, como otros muchos, ha clamado en el desierto buscándonos uno a uno, que es lo que hacen los hombres de Iglesia. En ese hombre reconozco lo mejor de esa Iglesia en la que yo he puesto mi fe: la capacidad de hacerse notar por la humildad, convertir a la humildad en un tesoro, celebrar cada humilde día de vida como un domingo... Ese hombre se llama Juan, Juan Moreno Gutiérrez. Y yo le felicito en su día...