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ABC DOMINGO, 24 DE JUNIO DE 2012 abc. es ENFOQUE 5 Consuelo Ordóñez relató ayer su conversación con el etarra Lasarte, que participó en el asesinato de su hermano Gregorio EFE Conversando con el asesino Cuando el perdón no es Consuelo JAIME GONZÁLEZ A Gregorio Ordóñez lo mataron por la espalda en un bar de San Sebastián. Estaba sentado en una mesa cuando Txapote le descerrajó un tiro en la nuca. Lo cuenta María San Gil en su libro Vidas Rotas Vi que pasaba la mano por encima de Enrique Villa (otro de los comensales) y apoyaba una pistola sobre la cabeza de Gregorio. Lo siguiente fue un ruido seco; un borbotón de sangre le salió por el pómulo izquierdo. Entonces supe que no era una broma Txapote -que llevaba el rostro cubierto por un pasamontañas- -huyó en compañía de Juan Ramón Carasatorre. Valentín Lasarte fue el autor del chivatazo. Eran las tres y media de la tarde del 23 de enero de 1995. A Gregorio- -titán de afectos- -le sobraba corazón, por muy grande que tuviera el pecho, que parecía un escudo acorazado entre la carne y el hueso. La primera impresión te desbordaba, porque era humanamente inabarcable, tal vez porque el corazón, que no le cabía en el pecho, le salía por la boca. Valentín Lasarte Juan Ramón Carasatorre Txapote Todo en él era verdad. Un tipo auténtico. A Consuelo Ordóñez no la conozco, pero también le sobra corazón. Al oír el relato de su encuentro con Vicente Lasarte, he sentido que quien hablaba era Gregorio, como si todas y cada una de sus palabras se las dictara su hermano. No me pregunten por qué, pero me lo he imaginado sentado en la mesa celeste de un bar asintiendo desde arriba con los ojos. A lo mejor es que sus corazones salieron al encuentro para formar un escudo acorazado entre la carne y el hueso: justo ahí donde el perdón no es Consuelo y Gregorio sigue siendo inmortal. ESPAÑA