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ABC DOMINGO, 24 DE JUNIO DE 2012 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA DE CINE POR EUGENIO TRÍAS Desearía poder realizar un ensayo sobre el cine que goza de mis preferencias. Sería la respuesta a una interrogación, o Idea, que formularía sobre un gran director llosa Romy Schneider (en la saga Sissí) Varias veces he intentado reanudar esa afición cinéfila, sobre todo cuando fue posible abastecerse de vídeos y, recientemente, de DVD. Hoy me he vuelto, como tantos otros, un cinéfilo casero. También he recordado con añoranza mi afición indel cielo, Cerca de la ciudad, El beso del Judas, La ira fantil por los anuncios de cine de La Vanguarde Dios, Sor Intrépida, La hermana San Sulpicio (ba- dia. Cuando se estrenaba una película guardaba sada en una novela de Armando Palacio Valdés, e su reclamo y lo ordenaba según distintos criteinterpretada por Carmen Sevilla) El cine español rios: marca de producción y distribución, cines se fue refinando: Un vaso de wishky, de Julio Coll; de exhibición; director, actores principales, guión, El baile, de Edgar Neville y Conchita Montes. novela o drama en que se basaba. El tamaño del Tiendo a olvidar este buen cine español, ente- anuncio me indicaba la importancia que el cine rrado entre tanta bazofia de imposible recuer- en el que se exhibía daba al estreno. do, a pesar de los esfuerzos ímprobos de la tele ¡Oh los cines de entonces, que visitaba con mis visión pública por recuperarlo. ¡Todavía hay pú- padres! El Tívoli, que estrené con Las minas del rey blico para Las muchachas de la Cruz Roja o para Salomón, del que fui coleccionista de cromos! El Paco Martínez Soria! Y lo habrá mientras este Windsor, cerca de mi casa; el Montecarlo, el Colipaís no escarmiente, o espabile, espoleado por seum, el Astoria, el Fémina, el Kursaal (después del la crisis, hacia una segunda transición que ten- Publi y el Savoy, en los domingos de mi infancia) Desearía poder realizar un ensayo sobre el cine que goza de mis preferencias. Sería la respuesta a una interrogación, o Idea, que formularía sobre un gran director. Esa Idea constituiría mi personal contribución al conocimiento del director de cine en cuestión. Intentaría ser la comprensión de su fuente de creatividad. He adelantado en varias Terceras de ABC algunos de los realizadores que me gustaría visitar. Aquí han sido anticipados antes de que me sumerja en la creación del texto, del que ahora existen borradores. Esa Idea adquiere Forma en el título del ensayo del director elegido. Allí está expresado lo que quiero decir en relación con esos grandes artistas. Pues todos lo son para mí. De Fritz Lang a Roberto Rossellini; de Stanley Kubrick a Orson Welles; de JAVIER MUÑOZ Andrei Tarkovsky a Ingmar Bergman; de Alfred Hitchcock a David Lynch. En ese texto estudiaré la inteligencia y sus fanga como eje la educación y la cultura. tasmas (Stanley Kubrick) o los mundos demiúrgiAlgunas de las películas que mayor impacto me cos de creaciones sorprendentes en el universo de han causado las vi entonces, en el cine Partenón. Francis F. Coppola, o la proliferación de Hombres Valiosos western, como Encubridora (Rancho No- huecos en las películas de Orson Welles. torious) de Fritz Lang, con Marlene Dietrich; películas de pasiones y asesinatos, como Pasos en la o es la primera vez que me ocupo de granniebla, con Stewart Granger y Jean Simmons. De des realizadores. Ya me había introduciesta actriz, radiante de juventud, he vuelto a ver el do en el cine en dos ocasiones a propósiespléndido melodrama de intriga Extraño suceso, to de la película Vértigo. De entre los muercon un jovencísimo Dirk Bogarde, ambientado en tos, de Alfred Hitchcock: una primera vez, la Gran Exposición de París en la que se inauguró fundacional, en el seno de mi libro Lo bello y lo sila Torre Eiffel. También Retrato de Jennie (Portrait niestro en compañía de E. T. A. Hoffmann, Bottiof Jennie) con Jennifer Jones, Joseph Cotten y la celli, el neoplatonismo y Freud; y una segunda vez, siempre extraordinaria Ethel Barrymore, dirigida en Vértigo y pasión, profundizando en los entresipor el director alemán, emigrado a Hollywood, Wi- jos creadores de Alfred Hitchcock. lliam Dieterle y producida por David O Selznyck. En el texto que ahora me ocupa La Idea se proO la fascinante Corazón de piedra, del primer yectará sobre un creador cinematográfico y debeagfacolor alemán. Esta película, de leyendas de la rá impregnar las películas elegidas de su filmograselva negra, con enanos y gigantes, y corazones ba- fía; será mi modo de celebrar mi personal liturgia tientes clavados en un muro, apareció en los tiem- con el cine. pos en que revivía el cine alemán con El rey loco, antes de que ese potente agfacolor se edulcorase EUGENIO TRÍAS con Magda Schneider y su flamante hija, la maraviFILÓSOFO E l cine es un microcosmos de todas las artes. Wagneriano sin proponérselo, incorpora la puesta en escena teatral, venciendo su forma estática en un perpetuum mobile que la cámara y la imagen móvil hacen posible. De la pintura recoge el plano fijo; pero en el cine ese plano se mueve; o la cámara parece adentrarse en el interior del cuadro. De la novela integra el argumento que puede leerse en forma de guión, solo que aquí es un ensayo con indicaciones para la inspiración del director en la puesta en escena. La banda sonora puede llegar a ser tan importante como la imagen en movimiento. Incluye sonidos naturales, vibraciones, formas musicales, canciones. Se emparenta con la música en su naturaleza móvil y temporal, correspondiente en sonido a la imagen- tiempo del cine. Asume, en fin, de la arquitectura el armazón que confiere soporte y sustancia al andamiaje escénico, de donde brotan, como los esclavos de Miguel Ángel, las esculturas. Tuve que dejar a un lado mis indagaciones musicales debido a una sordera que se intensificó a causa de una medicación ototóxica. A pesar de esta pérdida de oído no renuncio a escribir el tercer libro de una posible trilogía, pero estoy muy satisfecho de complementar mi afición musical con la cinéfila. También esta ha sido una pasión cultivada desde mi primera adolescencia. Por las mismas fechas descubría música y cine. Mientras aprendía a tocar el piano con el maestro Tomás, en el colegio de San Ignacio de Sarrià (Barcelona) y me aficionaba a los discos de vinilo, o iniciaba mis peregrinaciones al Palau de la Música, o al Liceu, asistía cada domingo al cine Partenón (que no hacía honor a su helénico nombre) un tugurio en la calle Balmes, Balmes Rosellón, en L Eixample, enfrente del Forum Vergés, donde veía las mejores películas de aquellos tiempos, siempre que fuesen aptas para todos los públicos. Vi allí multitud de western, cine negro, películas de guerra, policíacas, de suspense, melodramas, comedias, musicales, biografías de cantantes, como El Gran Caruso, con Mario Lanza y la delgadísima Ann Blyth; de intérpretes, como Glenn Miller; de grandes músicos, como Robert Schumann o Franz Schubert; de grandes científicos, como Madame Curie. Incluso había, como en los cines de estreno, tráilers que preparaban las sesiones de los siguientes domingos. Se trataba de una sesión doble: la primera película siempre era española. Tenía menos calidad y, muchas veces, era lo que entonces llamábamos una españolada o una curiosidad del nacional- catolicismo de entonces: Lola la piconera, Cerca N