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72 CULTURA SÁBADO, 23 DE JUNIO DE 2012 abc. es cultura ABC Jane Austen Retrato en la dulce intimidad Una nueva editorial, dÉpoca, publica por primera vez la versión íntegra y completa en castellano de las Cartas de la genial escritora inglesa MANUEL DE LA FUENTE MADRID Aunque se levantaba temprano, la mañana se le había ido en un santiamén: ayudar en casa, cuidar de las trenzas y los flequillos de sus sobrinos, organizar al servicio, velar, como hizo toda su vida de soltera (de solterona, nada) por que los suyos estuvieran bien atendidos, sin que les faltara de nada, alimentados en su carne, y alimentados por su cariño. Después del almuerzo, después de entretener esas lentas horas de la siesta con algunas lecturas, ella misma se preparaba un té, y también ella se lo servía en su pequeño escritorio, junto a su papel y su pluma. Y así hasta la cena, hasta que la noche se recostaba sobre la campiña inglesa, frase a frase, y sin dejar que volaran del nido de su talento las palabras mágicas: persuasión, orgullo, prejuicio, Emma, sentido, sensibilidad. Desde muy niña, Jane Austen había sentido pasión por la literatura. Primero, por leerla; y luego, muy pronto, por escribirla. Quizá ella misma no lo sabía, pero sobre esa mesita se estaba haciendo una de las grandes escritoras de todos los tiempos. Durante muchos años lo hizo con seudónimo, y tampoco fue muy tenida en cuenta. No Carta dirigida a su hermana Cassandra Austen en 1796 Sábado 9 domingo 10 (Enero 1796) En primer lugar, espero que vivas veintitrés años más. Ayer fue el cumpleaños del señor Tom Lefroy, así que tenéis casi la misma edad. Tras este necesario preámbulo, procederé a informarte de que en la noche de ayer se celebró un fantástico baile, aunque tengo una gran desilusión ya que no pude ver a Charles Fowles en la reunión, y eso que había escuchado rumores de que había sido invitado Fuimos terriblemente amables al llevar a James en nuestro carruaje, aunque ya íbamos tres; pero se merecía de veras un premio tras la gran mejoría que ha experimentado últimamente en su manera de bailar. Me regañas tan duramente en la larga y agradable carta que acabo de recibir de ti, que casi tengo miedo de decirte cómo nos comportamos mi amigo irlandés y yo (Lefroy) Imagina las co- Grabado original para esta edición, obra de Miguel G. Díaz MIGUEL. G. DÍAZ UNA VIDA EN CIENTO SESENTA Y UNA CARTAS Mujer sencilla, soltera y amante de su familia M. DE LA FUENTE MADRID Jane Austen (1775- 1817) vivió una vida tranquila y entregada totalmente a su familia y a la literatura. Criada en un ambiente burgués rural, Austen tuvo una educación bastante esmerada para una mujer de aquel tiempo, en la que colaboraron su pasión por la lectura y su carácter curioso. Las carencias de su formación las suplía ampliamente de forma autodidacta y pronto empe- póstumas. Además de su obra, Jane Austen mantuvo siempre gran afecto por el género epistolar, como estas ciento sesenta y una cartas que nos permiten viajar por su personalísizó a tener claro que ella, mo universo, el de una muque toda su vida permanejer sencilla y bondadosa a ció soltera aunque no le falla que le apasioanaban tamtaran los pretendientes, se bién el baile y la belleza de Tom Joffrey casaría única y casi exclusitodas esas pequeñas cosas Este joven vamente con sus novelas. Tíde la vida cotidiana. irlandés fue uno tulos imprescindibles del siEn el libro, la mayoría de de los primeros amores de Jane glo XIX como Sentido y las cartas están dirigidas a sensibilidad (1811) Orgusu queridísima hermana, llo y prejuicio (1813) pero también las hay con Mansfield Park (1814) Emma otro destino: sus hermanos Francis y (1815) La abadía de Northanger Charles Austen; sus sobrinas Fanny (1818) y Persuasión (1818) ambas Knight, Anna Lefroy y Caroline Aus- ten; su sobrino James Edward Austen. Por último, se insertan también en esta edición algunas cartas escritas por el padre de Jane, el reverendo Austen. Esta correspondencia, por su carácter doméstico y privado, da acceso a lo más íntimo de su autora, a su carácter, sus amoríos, e igualmente nos descubre su círculo familiar, las casas donde vivió, sus vestidos, sus gustos sociales, que nos muestran cómo era la vida de una joven inglesa de su clase en el tránsito entre los siglos XVIII y XIX. El epistolario nos desvela a una mujer trabajadora, cariñosa con sus padres, una hermana a la que todos adoraban y una tía realmente divertida y simpática cuando se trataba de entretener a su legión de sobrinos.