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ABC SÁBADO, 23 DE JUNIO DE 2012 abc. es ENFOQUE 5 Uno de los seis detenidos, dos de ellos pertenecientes a un grupo de rap, acusados de sabotaje en el Metro de Madrid ISABEL PERMUY Detenidos los saboteadores del Metro Elogio de Los Sabandeños JAIME GONZÁLEZ Me cago en tu padre (con perdón) es un grupo de hip hop canario que no pasará a la historia de la música. Y no por ser un grupo de hip hop canario- -aunque prefiero a Los Sabandeños- sino por Me cago en tu padre Su fracaso no tiene que ver con el nombre- -un pelín largo, en mi opinión- sino con su ineptitud para el oficio. Para describir su música, tomo prestados los títulos de dos de sus canciones: Pedazo de mierda o Fruta con caca aunque habrá gente que discrepe y sea capaz de argumentar que Niño Maldito y Calido Lehamo son dos iconoclastas cuyo mérito radica- -precisamente- -en salirse del carril. Me parece muy saludable que Me cago en tu padre no siga el compás de lo musicalmente correcto, pero una cosa es recurrir al rap para salirse del carril más comercial y otra- -bien distin- ta- -tratar de sacar del carril los vagones del Metro accionando el freno de emergencia. Eso no es iconoclasia, sino delincuencia, de manera que quienes sufrieron las consecuencias del sabotaje corean a esta hora el nombre de este grupo canario y repiten el título de sus (des) composiciones para celebrar su detención. En el fondo, Niño Maldito y Calido Lehamo son hijos del low cost del pensamiento; el ejemplo más pluscuamperfecto de la degeneración intelectual que ha provocado esa corriente antitodo empeñada en deconstruir la sociedad sin más argumento que el de una impostada rebeldía. Se hacen llamar Me cago en tu padre en un intento de llamar la atención, sin reparar en que Los Sabandeños, sin defecar sobre nadie, fueron bastante más revolucionarios que ellos, tal vez porque, como decía Tocqueville, en una revolución, como en una novela, la parte más difícil es inventar el final Niño Maldito y Calido Lehamo creyeron que el final consistía en accionar el freno de emergencia de un vagón con gente dentro. No consiguieron nada, salvo que los pasajeros añoren la música y la letra de aquel grupo canario que, sin salirse del carril, cantaba aquello de Una vieja de cien años y un viejo de ciento dos ajuntaron sus barrigas y dieron gracias a Dios Los Sabandeños: ¡qué tiempos!