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ABC MIÉRCOLES, 20 DE JUNIO DE 2012 abc. es familia FAMILIA 61 Enrique y Concepción con sus mellizos en su casa de Sevilla KAKO RANGEL Una familia con dos hijos con autismo He soñado que me llamaban papá AMAYA ARIZ MARÍA ISABEL SERRANO E Carnavales 2012 Esta vez Mario permitió que le pintaran la cara como un tigre, pero no quiso el disfraz Sin malos pelos No soporta que le corten el pelo, le duele. Su madre lo consiguió tras una terapia de sensibilización tiempo es vital para el desarrollo y la Sin embargo, la detección precoz del adaptabilidad del niño señala Ruth TEA no es una práctica implantada en Vidriales, asesora técnica en la Confe- los programas de seguimiento del niño deración de Autismo España. sano de las comunidades. En España, Y así es. Cuanto antes se diagel desequilibrio es tremendo afirnostique, la familia comprenma Freire. Solo País Vasco y Ma Mi derá antes a su hijo y dispondrid han avanzado más. reto es drá de recursos. Además ese El autismo solo se puede sacar lo niño tendrá una escolaridiagnosticar con la obserzación adecuada y mayor máximo posible vación de la conducta y con automía y desarrollo cuanla aplicación de un cuestiode Mario do sea adulto. Tenemos nario- -a los dos años es más adultos con autismo que no fiable- El método M- Chat es tienen lenguaje. Los niños cuanel más usado, un listado de preto antes empiecen una terapia mejoguntas para los padres y de conducrarán su comunicación, lenguaje, y co- tas a observar en el niño. Hasta que menzarán a interesarse por las cosas y eso se normalice en las consultas de personas que les rodean. Serán adul- pediatría, a muchos padres les queda tos menos dependientes, más autóno- un peregrinaje. Y un gran reto, como mos y con mayor calidad de vida ase- se plantea Amaya: Hacer todo lo mágura Sandra Freire, pedagoga del cen- ximo posible por Mario para sacar lo tro Deletrea, especializado en autismo. máximo de él nrique y Cristina son mellizos. Tienen seis años y autismo en grado 4. Dicho así, de sopetón, suena a desgracia. Supone que no se comunican, no atienden órdenes, no se integran, no razonan y no manifestan sus emociones. Están en otro mundo. Pero sus padres, Enrique y Concha, han emprendido una dura batalla contra este trastorno a base de una terapia innovadora. He soñado que me hablaban y me llamaban papá dice Enrique emocionado. Enrique Vaz y Concepción Salazar son médicos. Él, anestesista; ella, odontóloga y estomatóloga. Saben en qué terreno se mueven. Nadie les puede confundir o dulcificar un diagnóstico. Por eso, confiaron en una nueva terapia que les está ayudando a que los mellizos progresen. Hoy, los críos comienzan a entender, comprenden las órdenes que se les dan y se muestran más tranquilos. El autismo es un trastorno general del desarrollo con distintos grados. En el 4, como es el caso de estos hermanos sevillanos, la persona es incapaz de comunicar y de relacionarse. No puede aprender, sino repetir conductas mediante cierto tipo de terapia. Lo cierto es que viven aislados de su entorno. Tampoco desarrollan problemas emocionales, no aceptan sonidos o espacios. No presentan un control adecuado de su cuerpo; ni siquiera conocen su propia identidad. Buscar las emociones Desde Sevilla, estos dos padres encontraron una terapia innovadora en Madrid. Este método consigue que los niños con autismo reconozcan su propia identidad; que sean capaces de atender, entender y comunicar; que se relacionen con otras personas, que adquieran memoria experiencial y que jueguen cuando quieran y no como repetición de una pauta. Pero lo más gratificante para unos padres es que sus hijos sean capaces de mostrar emociones, de establecer consecuencias, decidir y resolver. La psicóloga María Hernández está muy satisfecha con los logros de los mellizos. Se muestran- -dice- -afectuosos hasta el punto de que llegó una visita a su casa y Enrique se acercó a darles un beso. Cuando Cristina llegó hasta nosotros daba vueltas sobre sí misma. Ahora tira la pelota para que su madre la coja Queda mucho por recorrer. Enrique y Concha no tiran la toalla porque, como dicen, nuestros hijos son una bendición. Nuestra vida ha cambiado, pero ya no la cambiaríamos Las alarmas Concha y Enrique abren el corazón. En sus primeros meses de vida no hubo muchos síntomas. Poco a poco, vimos que no emitían sonidos, que no lloraban, que se entretenían ellos solos y durante largos espacios de tiempo. Estaban en su mundo. Cuando tenían dos y tres años, no pedían la comida, no articulaban pa- pá o ma- má, no les interesaban otros niños. Entre ellos, que son hermanos, tampoco había interacción. Cristina, incluso ya con dientes, no masticaba. Esa era la realidad asegura la madre.