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ABC MARTES, 19 DE JUNIO DE 2012 abc. es españa ESPAÑA 37 Bicentenario del Tribunal Supremo DINOSAURIOS EDUARDO SAN MARTÍN S El vocal José Manuel Gómez Benítez JAIME GARCÍA Benítez y Robles boicotean a Dívar BNo asistieron ni los dos vocales ni tres de los cuatro jueces partidarios de investigar a Dívar N. C. N. V. MADRID No fueron muchos los ausentes ni hubo notorio boicot al aún presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, pese a que había sido un rumor a voces en los días anteriores. Pero sí hubo algunas ausencias que resultaron muy llamativas: las de Margarita Robles y José Manuel Gómez Benítez, los dos vocales del grupo progresista del Consejo que han dirigido la campaña de descrédito contra su presidente; y las de los magistrados de la Sala Penal del Supremo Alberto Jorge Barreiro, Perfecto Andrés Ibáñez y Joaquín Giménez, tres de los cuatro que se mostraron partidarios, en contra del criterio mayoritario, de abrir una causa penal a Dívar para investigar sus viajes. Sólo el cuarto, José Manuel Maza, se dejó ver tanto en la ceremonia del Bicentenario como en el ágape posterior. Si bien fueron muchos menos los ausentes- -algunos magistrados no estaban en Madrid- -que los presentes, los asientos vacíos de los cinco citados llamaron mucho la atención del resto por su significado papel en los acontecimientos de las últimas semanas. Y no faltaron comentarios críticos: Deberían saber separar una cosa de otra. Celebramos el Bicentenario del Supremo, ha venido el Príncipe de Asturias... señalaron a ABC fuentes del Tribunal Supremo. La ausencia de Robles y Benítez se hizo aún más evidente por la presencia de otros vocales que también han sido críticos con Carlos Dívar y que el pasado sábado se sumaron a la petición de dimisión. Así, sí acudieron a la celebración Carles Cruz, Inmaculada Montalbán, Ramón Camp, Félix Azón y Margarita Uría. Fuentes del CGPJ opinaron que no era necesario trasladar la oposición a Dívar al Bicentenario y llamaron la atención sobre el hecho de que el acuerdo del Pleno celebrado el sábado de dar un margen de tiempo al presidente fue unánime y se hizo precisamente para tratar de no empañar la celebración de los 200 años del alto Tribunal. Al acto acudieron el presidente del Tribunal Constitucional, Pascual Sala; el fiscal general del Estado, Eduardo Torres- Dulce; el vicepresidente del CGPJ, Fernando de Rosa y la mayoría de los vocales; así como numerosos representantes de las carreras judicial y fiscal. La ceremonia contó también con una amplia representación política. Por parte del Gobierno estaban la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro de Justicia, Alberto Ruiz- Gallardón. También acudieron la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; la alcaldesa de la capital, Ana Botella; la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, y representantes parlamentarios del Congreso y el Senado, como los populares Alfredo Prada, José Miguel Castillo y Pablo Casado o los socialistas Arcadio Díaz- Tejera o Antonio Camacho. ucedió el lunes pasado y ha vuelto a ocurrir ayer: los españoles despertamos esperanzados de dos fines de semana de pesadilla, pero el dinosaurio seguía allí. Se despejaron sendas incertidumbres, pero no la más amenazadora de todas, cuya desaparición continúa dependiendo, no de Atenas ni de Frankfurt, sino de la voluntad política de los dirigentes europeos. Y mientras estos no den pasos más decididos al frente, el gran reptil de los mercados de deuda seguirá acechando en el umbral de nuestros sueños. Aludo en esta introducción a la peor zozobra de la España de hoy porque, con todas las cautelas, tal vez quepa extender la metáfora de Monterroso al caso Dívar: cuando el presidente del CGPJ y del Supremo haya presentado su dimisión el próximo jueves, los graves problemas que socavan el crédito del órgano de gobierno de los jueces y de nuestro más alto tribunal seguirán allí, irresueltos, proyectando su potencial corrosivo sobre toda la democracia española. Por continuar en el mismo ámbito argumental, se podría decir que Carlos Dívar es otra víctima de la crisis; o que lo es al menos tanto como de sus propios yerros. No todo aquello que es legal es éticamente inaceptable. En tiempos de bonanza, los escrúpulos se disuelven en la abundancia. Pero, como ocurre con las indemnizaciones millonarias a ejecutivos desvergonzados, los veredictos morales se imponen sobre los jurídicos cuando las penurias convierten las conductas juzgadas en socialmente intolerablelas. Dívar tenía que haberlo entendido así desde el principio. Finalmente se irá pero el dinosaurio seguirá allí. Bajo la superficie de los excesos turísticos de su presidente bullen escandalosamente las aguas turbulentas de las banderías del Consejo, de la lottizzazione en el reparto de los cargos judiciales, del principio de sospecha que contamina las decisiones de los consejeros en virtud del origen de sus nombramientos. Y puede que la desaparición de Dívar haga más evidente aun la turbadora presencia de monstruo. Otras personalidades