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ABC DOMINGO, 17 DE JUNIO DE 2012 abc. es cultura CULTURA 97 churro, algo a loque la neoyorquina respondió con una actuación sorprendentemente seria y también digna. Es cierto que a Lana de Rey es fácil cogerle manía, con esa pose tan rematadamente cool, esas proyecciones en las que ella es la protagonista absoluta y esa blanca languidez que por momentos se transforma en sosería y abulia, pero también es cierto que Lizzy Grant- -o sus asesores, quién sabe- -no es tonta, y llegó al Sónar estudiada, afinada y con un cuarteto de cuerda que, protagonista absoluto ante la falta de batería, le dio un tono aún más enigmático a sus canciones. Y así, mientras fueron cayendo Blue Jeans Born To Die Carmen Video Games y Nathional Anthem la neoyorquina consiguió mantener el equilibrio- -literalmente: apenas se movió sobre el escenario- -transformando canciones que en disco ni fu ni fa en modernas letanías ideales para sonorizar una película de David Lynch. Otra cosa es que la hora y el lugar escogido, cuando lo que la gente pedía era bombo y pruebas de estrés para las caderas, fuesen los ideales y que en apenas cuarenta y cinco minutos de concierto hubiese tiempo para detectar lagunas, rellenos y paja, pero de ahí a mandarla al banquillo de por vida media un abismo. Máxime cuando, en un sobreesfuerzo por demostrar que es humana y cercana, la cantante bajó al foso a besuquear a fans en una maniobra digna de folclórica del siglo XXI. Lana del Rey da la sorpresa en un Sónar que rompe récords BEl festival, que se cerró anoche, permanece ajeno a la crisis y atrae a 98.000 espectadores DAVID MORÁN BARCELONA Otro Sónar que se nos va y otra vez la misma rutina de siempre, las mismas palabras. Éxito, récord, masificación civilizada y saltos mortales sin red en las siempreturbulentas aguasde laelectrónica experimental y o popular. Al final han sido cerca de 98.000 personas las que ha desfilado por el festival durante elfin desemana, récordhistórico delfestival y confirmación definitiva de que el Sónar mantiene el tipo y la estabilidad pese a los envites de la crisis. Será que el Sónar, en efecto, es mucho Sónar, e incluso en un año como este, en el que la programación ha sido ago más regular que en otras ediciones, con New Order paseando por duplicado su catálogo de hits, The Roots alimentando la facción más negra del festival y unas noches algo cojas en lo que a propuestas de impacto se refiere, el éxito y la fortuna ha vuelto a sonreír a la cita barcelonesa. Así que se nos va otro Sónar, y a la espera de ver cómo celebra el festival su XX aniversario, nos quedan fenómenos paranormales como el de Lana del Rey. Porque New Order fueron los héroes y villanos (ay, esas versiones de Joy Division) de las jornadas inaugural y de clausura, pero todas las miradas se centraron el viernes en Lana del Rey, enigmático y vaporoso fenómeno- ¿de temporada? -que se coló en la programación para tratar de embrujar el ingobernable recinto ferial Gran Via con esas melodías satinadas y de estética cinematográfica. En realidad, parecía que la neoyorquina había venido no a actuar, sino a pasar un examen. No en vano se trataba de su debut en Europa y, por tanto, del primer contacto en directo con Born To Die tibio estreno discográfico que rebajó de golpe la euforia que desató su primer single, Video Games Una de Lana del Rey, en Barcelona EFE cal y otra de arena que acabaron por convertir su visita a la capital catalana en una de las citas con más morbo de la temporada. Sobre todo después de ver cómoalgunas desus actuacionestelevisivas inflamaron las redes sociales por algo tan humano como desafinar. Normal que hubiese quien pensase que su estreno en la ciudad acabaría siendo un (1)