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ABC DOMINGO, 17 DE JUNIO DE 2012 abc. es LOS DOMINGOS DE ABC 67 che a casa desde su despacho, en Santa Coloma de Gramanet, Xavier improvisó fatalmente y paró en el Hipercor para comprar unos billetes de avión para ir de vacaciones a Mallorca con su familia. Ese día estaba revisando exámenes de mis alumnos y oí que hablaban de un atentado en Hipercor pero, la verdad, no pensé que tendría nada que ver conmigo... A Marga, que cuando el atentado trabajaba en un bingo de Barcelona y tenía 25 años, la fatal noticia le llegó... por televisión, al día siguiente. La pareja sentimental que entonces tenía su madre no se lo dijo hasta que ella, su hermano y su padre le preguntaron. Pero eso es otra historia... Marga, como todos los que perdieron parte de su vida en Hipercor, nunca se ha recuperado del todo. Trabaja de masajista en el pueblo de la Nou de Gaià (Tarragona) y arrastra una depresión mayor que deja su existencia a merced de las oscilaciones de esta enfermedad. Y Marga, como muchos de estas víctimas, aún no ha sido resarcida completamente por su horror. Las víctimas de Hipercor, en un mal compartido con otros afectados por otros atentados, ha sufrido una odisea a la hora de conseguir indemnizaciones. Aún batalla en esta lid. Su marido murió en el atentado María José Olivé (izquierda) perdió a su marido, Xavier, con el que tenía dos hijos. Él, arquitecto de profesión y que nunca había comprado en ese hipermercado, decidió ir de regreso a casa del trabajo para comprar unos billetes de avión para las vacaciones M José Olivé Lluïsa Ramírez Murió a los 48 años Marga Labad (izquierda) perdió a su madre Lluïsa (arriba) en el atentado. Arrastra una depresión Roberto Manrique Resultó herido grave Era carnicero en Hipercor. La explosión le causó heridas graves que a la postre le condenaron a no poder ejercer su profesión. Presidió la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT) ELLS ción: Concederles la amnistía sería poner una bomba al Estado de Derecho Que rechacen la violencia, que se disuelvan y que entreguen las armas exige María José como paso previo a hablar de futuro. Mismo sentir expresa Marga Labad, de 49 años, que perdió a su madre Lluïsa aquel fatídico 19- J. Fue a comprar y ya no volvió. No puedo perdonar afirma Marga, quien se muestra muy pesimista a la hora de augurar un final posible de ETA. Después del atentado estuve viviendo un tiempo en Baztán (Navarra) Me fui allí para intentar entender qué pasaba. Y llegué a la conclusión de que no hay nada que entender, que tienen el odio impregnado, desde Guernica, desde el franquismo... Al recordar su día D María José y Marga coinciden en señalar que aquel atentado, por su magnitud y por el blanco elegido- -no era la primera vez que ETA mataba civiles pero sí de manera masiva- -pilló a todos desprotegidos. A los responsables de la seguridad censurados por la Justicia- -las fuerzas policiales no desalojaron el supermercado tras tres llamadas de aviso e intentaron buscar el artefacto explosivo- a la población y a las víctimas. Al poco de la bomba, estalló la incredulidad. Yo creí que había explotado una nevera de la carnicería. Ya en el hospital, cuan- do me llevaban al quirófano, oí decir a un médico: Los hijos de puta de ETA han puesto una bomba en el Hipercor Así me enteré relata Roberto Manrique. María José supo que era viuda horas después del atentado, cuando estaba en casa con sus dos hijos. Por una llamada de teléfono que atendió su padre, que esos días estaba en su domicilio porque dos semanas atrás había perdido a su esposa. El marido, Xavier, arquitecto, que contaba 49 años, recaló en Hipercor de casualidad. Nunca compraba allí. Imposible saber exactamente qué pasó, murió en el acto, pero María José cree que de regreso en co- Cuando se celebró el primer juicio por el atentado en el que condenaron a Ernaga y Domingo Troitiño (1989) nos dijeron que no cobraríamos porque los etarras se declararían insolventes recuerda María José. Con todo, la sentencia fue pionera a la hora de reconocer la responsabilidad patrimonial del Estado en un atentado terrorista, por la presunta pasividad de la actuación policial. De ahí se agarraron una docena de víctimas- -entre ellas, María José- -para reclamar. A ellos, tras una sentencia a favor de la AuPortada de diencia Nacional recurrida por Fiscalía, el ABC del 20 de Supremo les dio la razón en julio de 1997. A junio de 1987 otras 25 víctimas- -entre ellas, Marga- -la Audiencia Nacional les denegó en el año 2000 la petición de indemnizaciones por el mismo concepto al considerar que lo habían solicitado fuera de tiempo. Y el Supremo lo ratificó en 2004. Aunque entre medias, en 2003, hubo la sentencia por el segundo juicio del atentado, el que condenó a Caride y a Santi Potros En paralelo, el Gobierno, aunque demasiado moroso, ha salido a su auxilio. No fue hasta la ¿Amnistía para los Ley de solidaridad con las víctimas de octubre de presos etarras? Eso 1999, que insta al Estado sería como poner una a asumir de entrada el bomba al Estado de pago de las indemnizaDerecho afirma ciones y, luego, reclamarlas a los terroristas. María José Olivé, que Ya en noviembre de 2011 perdió a su marido en se aprobó la Ley de Recoel atentado nocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, que marca unas indemnizaciones más altas que las de la ley de 1999. Por eso Marga también lucha aún. Por reclamar los 55.883 euros de diferencia a su favor que resultan de aplicar los nuevos baremos por la muerte de su madre. El dinero le serviría para costear sus obligadas y recurrentes visitas al psiquiatra. Pese a todo, Marga sobrevive aunque en su día a día tiene que lidiar con un recuerdo que sigue vivo cuarto de siglo después. Batalla legal