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ABC DOMINGO, 17 DE JUNIO DE 2012 abc. es internacional PRIMER PLANO 25 Europa contiene el aliento Elecciones en Grecia TRIBUNA ABIERTA A EUROPA LE FALTA INTELIGENCIA POR GUY SORMAN El mercado, la innovación y el espíritu de empresa se encuentran ahogados en este momento por las normas y la recaudación de impuestos públicos. Esa es la razón por la cual no existe crecimiento la de los beneficios para el mayor número de personas (permitiendo, por ejemplo, al pueblo español adquirir una vivienda a unos tipos de préstamo asequibles) en vez de discutir indefinidamente sobre los grandes principios teóricos. Por último, todos estos grandes avances europeos estaban planificados y fueron anunciados claramente. Cuando se firmó el Tratado de Roma en 1957, y cuando se ratificó en 1959, diez años antes de la eliminación de los derechos aduaneros interiores, todo el mundo sabía que, cada año, desaparecería un 10 de esos impuestos, lo que daría tiempo a todos para adaptarse. Asimismo, 10 años antes del euro, se anunció su fecha de entrada en circulación, así como los requisitos presupuestarios impuestos a los estados para acceder a la eurozona. Una vez recordado esto, la gestión actual de la crisis obedece, sin duda, a unos principios inversos. Todas las decisiones financieras- -tanto el rescate de los bancos como las decisiones económicas, la subida de los impuestos y la bajada del gasto público- -se toman con premura, sobre la marcha, sin un principio rector evidente y, sin duda alguna, sin ningún plan a largo plazo. Estas decisiones, que no ofrecen ninguna perspectiva de salida de la crisis, perjudican a la mayoría de los europeos: se favorece a las instituciones financieras, mientras que se sacrifica al contribuyente. Este nuevo capitalismo europeo se caracteriza por la privatización de las ganancias (accionistas de los bancos y operadores financieros) y la privatización de las pérdidas, algo totalmente opuesto a la economía de mercado y a la igualdad social. ¡Adiós a las solidaridades concretas, tan apreciadas por Jean Monnet! Finalmente, cualquier reflexión sobre el largo plazo y cualquier explicación que todo el mundo entienda dan paso a eslóganes nacionalistas ¡A por Alemania! o ideológicos: Sí al crecimiento, no a la austeridad como si esta opción fuese real. La salida de la crisis exigiría un regreso a la inteligencia de los orígenes. Tendría que corresponder, por ejemplo, a un Comité de Sabios, que no resulta del todo imposible constituir a nivel europeo, explicar los hechos. El primero de los hechos es que conviene distinguir entre la crisis del euro, la crisis de la eurozona, la crisis de los estados y la crisis de la Unión Europea. La existencia y el valor del euro, mientras siga Jean Monnet, este ministerio común llegará, pero más adelante, al final, como una evidencia necesaria. La principal causa de la crisis reside en las dificultades que experimentan los estados en su relación con el mercado: por exceso de generosidad social, o por corrupción, o por desconocimiento político de los mecanismos de la economía, el mercado, la innovación y el espíritu de empresa se encuentran ahogados en este momento por las normas y la recaudación de impuestos públicos. Esa es la razón por la cual no existe crecimiento, lo que también agrava los déficits y nos sume en una espiral recesiva. Como cada estado tiene sus tradiciones, no se apoya ninguna revolución liberal, ni ninguna solución alemana: lo importante para el empresario es poder prever. Lo que es un obstáculo para el crecimiento, y en mayor medida que el nivel de gasto público en sí, es la falta de perspectivas, agravada por unas políticas erráticas. En resumidas cuentas, las recesiones en Europa no tienen nada que sea específicamente europeo, sino que obedecen a un principio universal de cualquier economía: cuando la arbitrariedad de las políticas a corto plazo sustituye al carácter previsible de la norma y del Estado de derecho, el crecimiento se detiene. Europa y el euro se ahogan a causa del cortoplacismo, y resucitarán si finalmente nos dicen, tanto en el plano estatal como en la Unión Europea, a dónde queremos llegar exactamente dentro de cinco años, o dentro de 10. El deseo inicial, el de los Estados Unidos de Europa- -una federación, no una fusión- -sigue siendo posible, siempre que se anuncie y que se explique que es, a largo plazo, la única garantía para la paz, la prosperidad y la igualdad. Una vez que se establezca este objetivo y que se fije una fecha para cumplirlo, las decisiones políticas del día a día ya no obedecerán a la urgencia, y se enmarcarán en esta visión coherente y que todo el mundo comprende, es decir la democrática. Todo puede salvarse todavía: basta con tener una brújula. POR GUY SORMAN FILÓSOFO Y ENSAYISTA D esde que se vieron arrollados por la crisis financiera de 2008, que se originó en Estados Unidos, los dirigentes europeos se han vuelto locos. Su comportamiento, individual y colectivo, es el de todos los partidos políticos sin distinción alguna totalmente opuesto al que fue no hace mucho tiempo el método fundador de nuestra Unión Europea. Ya es hora de recordar este método que, hasta hace bien poco, era considerado uno de los éxitos políticos y económicos más destacados de la posguerra. Esta Unión Europea, hasta ayer, era alabada en Europa y en todos los demás sitios como una especie de modelo insuperable que conducía a la paz entre las naciones, a la prosperidad, y también a una cierta igualdad social gestionada por unos estados del bienestar. Recordemos que el origen de este éxito, que todavía no se ha echado a perder, o no del todo, es el genio del padre fundador, Jean Monnet. Este, que entre otras profesiones ejerció la de comerciante de coñac, y que atesoraba conocimientos de historia continental y estaba familiarizado con Estados Unidos, sabía que los diplomáticos y los políticos nunca habían sido capaces de reconciliar a los europeos heridos por siglos de guerras civiles: en su opinión, los diplomáticos carecían de imaginación y los políticos eran prisioneros del corto plazo. Para solucionar esto, Monnet pensó en encomendarse a los comerciantes y a los empresarios, quienes tendrían un interés concreto en llevar a cabo la unificación europea. En vez de crear Europa empezando por arriba, Monnet la inventó desde abajo, creando lo que él llamaba solidaridades concretas Por tanto, lo que nos hizo europeos es el mercado: la economía de mercado beneficiaba a la mayoría de la gente, al servir de base tanto para la paz como para la prosperidad. Los gobiernos se unieron a ella con facilidad porque los pueblos comprobaban los beneficios concretos de esta Europa. La creación del euro obedeció a esta misma lógica, MALAGON estando gestionado por el Banco Central Europeo de Fráncfort, extraordinariamente legítimo y universalmente respetado, y fiel a sus estatutos- -el rechazo de la mortífera inflación- -no se encuentran amenazados. Este euro no impide en absoluto el crecimiento como lo demuestran Alemania o... Estonia. Se oye decir que un ministro de Economía para la eurozona sería la solución indispensable, como condición previa para la salida de la crisis: no es correcto. Según el método de