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46 ESPAÑA JUEVES, 14 DE JUNIO DE 2012 abc. es españa ABC Las pintadas en los muros de la cuenca y pequeñas escaramuzas sustituyeron ayer a las barricadas de los días previos ÁNGEL DE ANTONIO Los grupos de mineros, muy organizados, adoptan medidas de seguridad para no ser detectados Calma tensa en la cuenca minera PABLO MUÑOZ OVIEDO Los graves enfrentamientos del martes entre grupos radicales de mineros de la cuenca asturiana y la Guardia Civil dieron paso ayer a una jornada en la que si bien hubo bastantes incidentes en distintos puntos de la red viaria y férrea del Principado, la mayoría se resolvieron en unos minutos. El amplio dispositivo de la Guardia Civil y de la Policía, en el que participó un helicóptero del Instituto Armado, permitió que la calma fuera la nota predominante. Era una calma tensa, por supuesto; pero al menos los ciudadanos no fueron tomados otra vez como rehenes durante horas, como había sucedido los días anteriores. La sensación en las cuencas mineras asturianas- -Tineo, Cangas, Caudal- Mieres y Nalón- era, por una parte, que poco a poco las Fuerzas de Seguridad controlan mejor los movimientos de los alborotadores, pero a la vez que los mineros, en ningún caso, van a arrojar la toalla hasta que logren sus objetivos. De hecho, en ca- rreteras secundarias pero próximas a autovías y autopistas, se podía ver a grupos de diez o doce personas merodear por allí a la espera de su oportunidad para cortar alguna vía. Sin embargo, al contrario de lo sucedido en días anteriores, en esta ocasión los radicales no se quedaban a defender la barricada de modo que la simple llegada de los agentes les ponía en fuga hasta lugares seguros. La razón, según algunas fuentes consultadas, es que necesitan volver a aprovisionarse de material- -cohetes pirotécnicos, voladeras, rodamientos... -antes de poder volver a enfrentarse a las Fuerzas de Seguridad con ciertas garantías. Otros, en cambio, lo atribuían al cansancio de muchas jornadas de lucha En lo que todos coinciden, en cualquier caso, es que los mineros están bien organizados. Los grupos de alborotadores, algunos de más de cien personas, se suelen formar en cada pozo y los integran individuos que viven en la misma zona, con lazos fami- Defender la barricada El próximo lunes será clave en la evolución de esta crisis. Ese día está convocada una huelga general en las cuencas asturianas que, según todos los indicios, será seguida de forma masiva. La razón es evidente: directa o indirectamente, la mina da de comer a la mayor parte de la población. Para estas comarcas, el recorte del 63 por ciento de las ayudas al carbón decretado por el Gobierno supone condenar a la marginalidad a buena parte de los ciudadanos. Paradójicamente, les preocupa menos que en 2018 se vayan a cerrar todas las explotaciones, porque entonces ya veremos qué hacemos Y por supuesto, no piden cuentas a los responsables de lo que se ha hecho con las abundantes ayudas que han llegado a estas zonas en los últimos años y que podrían haber servido para diversificar la actividad económica. El discurso es único, y nadie sale de él. La huelga del lunes, nuevo hito léfono móvil y de las redes sociales, y por supuesto con ir encapuchados en los momentos en los que actúan. Una anécdota ilustra bien hasta qué punto los mineros que participan en estos altercados cuidan de su seguridad. Hace unos días, un grupo de ellos creyó detectar la presencia de dos policías de paisano en un establecimiento, supuestamente para intentar conocer sus intenciones. En pocos minutos, la matrícula de su vehículo que utilizaban había sido difundida entre los demás mineros para que extremaran la precaución. Además se trata de individuos que tienen perfectamente asumido el discurso de los principales sindicatos, SOMA- UGT y CC. OO. como demuestran sus respuestas, cortadas por los mismos patrones. Otro elemento inquietante es que la violencia, con la excepción de ayer, va a más. En los primeros días no había choques con las Fuerzas de Seguridad, pero ahora se detecta mucha agresividad contra ellas. Influye, por supuesto, que ya son más de quince días los que se llevan de huelga en las minas, y la lógica pérdida de esperanza de que llegue una solución satisfactoria de Madrid. No tienen nada que perder, tampoco nada que hacer en los pequeños pueblos donde viven, y su formación tampoco les permite, en muchos casos, aspirar a otro tipo de trabajo. Entre los jóvenes y los prejubilados existe un perfecto caldo de cultivo para el reclutamiento. Y por si fuera poco entre los vecinos tienen buena imagen, porque de la mina no viven solo los mineros, sino todas las cuencas. Por eso la solución a esta crisis es tan complicada remachan las fuentes. No tienen nada que perder liares o de fuerte amistad, lo que los hace muy cerrados y herméticos. La desconfianza hacia el que no conocen es máxima, hasta el punto de que si en uno de los bares que frecuentan entra algún desconocido, o bien cambian de conversación o bien salen del local. Las medidas de seguridad se complementan con el poco uso del te-