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76 CULTURA SÁBADO, 9 DE JUNIO DE 2012 abc. es cultura ABC El taller de los prodigios BDoña Sofía inaugura el lunes en el Prado una exposición irrepetible centrada en el trabajo en Roma del pintor y su taller durante sus últimos siete años de vida Rafael C NATIVIDAD PULIDO MADRID uando en 1819 abrió sus puertas el Museo del Prado, su principal reclamo no era Velázquez, como sucede hoy, sino Rafael Sanzio (1483- 1520) Como alosmásgrandes (Leonardo, MiguelÁngel) le bastó su nombre para ser inmortal. Un dato nos da una idea de la relevanciade Rafaelen laépocaen queseinauguró el Prado: su obra El Pasmo de Sicilia doblaba en valor a la mismísima Rendición de Breda velazqueña. Avanza el siglo XIX y va cambiando el gusto estético: Rafael pierde fuelle. Ya en 1899, el lugar de honor del Prado, su sancta sanctorum, es ocupado por Velázquez, relegando a Rafael a espacios menos nobles. Esta exposición es, pues, una suerte de restitución histórica. En la última década, ha habidoexposiciones de Rafael en Londres (2004) Roma (2006) y Urbino, ciudad natal del pintor (2009) Pero ninguna de ellas estuvo centrada en los últimos años de su vida. En 1508 un joven artista llega a Roma para realizar un importante encargo en la corte papal: pintar las Estancias de Julio II en el Vaticano. En 1513 muere el Pontífice y le sustituye León X. El Prado, en colaboracióncon elLouvre, se centra en los siete últimos años de la vidadeRafael enunaexposiciónhistórica e irrepetible, que solo podían organizar estas dos pinacotecas, pues atesoran la mayoría de las grandes obras de Rafael de esta época. Y no suelen prestarse. La muestra abarca su producción entre 1513 y 1520, año de su repentina muerte, el mismo día que cumplía 37 años. Era Viernes Santo. Esta postrera etapa en la corta pero intensa carrera de Rafael es compleja y no ha sido suficientemente bien comprendida. Han sido muchos los motivos. Por un lado, los problemas de cro- nología de las obras. Por otro, la diversidad de estilos de sus trabajos, una esquizofrenia creativa que desconcierta a todos. Le gustaba experimentar constantemente, ampliar sus registros con nuevos estilos y técnicas, inventar cosas. Además, fue uno de los artistas más versátiles de la Historia: dibujante, arquitecto, arqueólogo, urbanista, teórico del arte... Quizás por ello se ganó la enemistad de Miguel Ángel y Sebastiano del Piombo. Se dice que hasta fue aspirante aun capelo cardenalicio. Aunque, por encima de todo, fue pintor. Nunca renunció a ello. Pero, quizá, el motivo más importante de la complejidad de su producción romana es que Rafael no fue un genio solitario. Serodeó de numerosos discípulos (li gioveni di Raffaello) que le ayudaron a llevar a cabo los numerosos encargos de aquellos años. Hasta 50 personas dicen que había trabajando en su taller cuando murió el maestro. En muchos casos la idea de los proyectos era de Rafael, pero la ejecutaban sus pupilos. Ni en los frescos de sus grandes proyectos romanos (Estancias Vaticanas, Villa Farnesina) ni en los cartones para los tapices de la Capilla Sixtina, ni en las pinturas de caballete, ni en los cuadros de altar, resulta fácil saber dónde termina la mano de Rafael y dónde comienzan las de sus discípulos. Esta muestra trata de arrojar luz sobre estos asuntos. En las cartelas que acompañan en el Prado a las 74 obras que cuelgan en la exposición- -44 pinturas, 28 dibujos, un tapizyuna pieza arqueológica; la mayoríanuncavistasenEspaña- seespecifica si es obra de la mano de Rafael, del maestro y su taller, de Rafael y un ayudante concreto o si es obra de alguno de sus pupilos en solitario. Habría que hablarmás bien de Rafael S. A. uncomplejo y sofisticado taller en el que había especialistas para cada disciplina: estu- Los jóvenes de Rafael Los difíciles momentos que vive la ciudad italiana tras el terremoto que asoló recientemente la zona hacen aún más valioso el préstamo de esta obra maestra de Rafael, que nunca había salido de Bolonia Bolonia presta por primera vez su Santa Cecilia