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ABC DOMINGO, 3 DE JUNIO DE 2012 abc. es 83 Construido a imagen y semejanza del CNIO El Instituto de Medicina Molecular Príncipe de Asturias (IMMPA) aspiraba a convertirse en uno los cinco grandes centros científicos de España, a imagen y semejanza del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) Mariano Barbacid tuvo el CNIO y el ex presidente del CSIC, Carlos Martínez quería el suyo. El IMMPA no tenía una relación formal con Martínez pero él fue el inspirador del proyecto. La construcción del nuevo centro causó el malestar de otros centros del CSIC, como el Centro Nacional de Biotecnología, que veían cómo gran parte de las subvenciones europeas en el área de biomedicina y biología fluían hacia el nuevo centro de medicina molecular cuando Martínez era presidente del CSIC. El edificio proyectado y construido es un calco del CNIO, pero mejorado y ampliado, sin escatimar en gastos. Si el centro del cáncer tenía capacidad para acoger a 500 empleados, el IMMPA se proyectó para 900. Si el edificio del cáncer se asienta sobre 32.000 metros cuadrados, el de medicina molecular no podía ocupar menos espacio. El IMMPA también quería hacer sombra a una de las joyas de la corona del CNIO, su animalario. Las instalaciones que acogen a los animales de experimentación del centro del cáncer son una de las mejores de Europa. Tienen capacidad para albergar hasta 60.000 ratones en unas condiciones de máxima esterilidad y ocupan 3.000 metros cuadrados. El animalario del IMMPA es mayor y se han construido sobre una superficie de 4.700 metros cuadrados. Ahora se externalizarán para hacerlas rentables. Edificio del Centro de Investigaciones Oncológicas en la necesidad de que el centro sea rentable. Hay muchas ideas, aunque la mayoría pasan por alquilar estas instalaciones a empresas farmacéuticas y cosméticas interesadas en la investigación. Se confía en crear una incubadora de empresas con base tecnológica, relacionada con la bioárea que casa con el fuerte componente médico del llamado Corredor del Henares. Alquiler de instalaciones DE SAN BERNARDO del edificio, indemnizar a la constructora y frenar la obra le ha costado al Estado 1,7 millones de euros. En el proyecto de solución planteado por el grupo de expertos y avalado por la dirección del CSIC, el Instituto Cajal es una pieza clave. En ese planteamiento de salvación, que se pondrá en marcha en las próximas semanas, se quiere que el nuevo centro, al que se cambiará el nombre, no se aleje demasiado de su finalidad inicial. Por eso, una parte del edificio estará destinada al Cajal, el centro de investigación neurobiológica más antiguo de España. Sus doscientos empleados se trasladarán al nuevo edificio en un plazo de tiempo por determi- nar, pero no excesivamente largo. La segunda parte de la solución al laberinto encontrada por el equipo de crisis del CSIC es recuperar la idea del centro de biología y medicina traslacional, pero con dimensiones racionales y moderadas. Según se cree, habría hasta cincuenta grupos de investigación que podrían encajar en el nuevo proyecto. Ninguno de ellos ha sido por ahora consultado al respecto, aunque sí se conoce la predisposición del equipo de Melchor Álvarez de Mon, catedrático de Medicina en la Universidad de Alcalá y experto en inmunología. Para concretar esta segunda parte del plan, el CSIC se dispone a elegir un promotor científico de la operación, encargado de analizar el proyecto, contactar con los grupos, movilizar y dinamizar el centro. Se busca (parece que ya hay una persona con la que se mantienen conversaciones) un científico respetado con experiencia de gestión. En pocas semanas se pondrá al frente del centro. La tercera parte del puzzle insiste Plan inminente Se trasladará el Instituto Cajal y se alquilarán las instalaciones a empresas farmacéuticas Además, se piensa en externalizar el animalario para que una empresa privada se encargue de su gestión y mantenimiento. Eso implicaría que los propios científicos del CSIC que trabajen en el centro tendrían que pagar por su utilización. El animalario podría alquilar sus servicios a otros centros de investigación o empresas privadas, farmacéuticas y cosméticas, por ejemplo. Otra posibilidad estudiada para conseguir dinero es reformar la zona de comedores y alquilarla a la Comunidad de Madrid. En esos metros sobrantes, el cercano Hospital Príncipe de Asturias podría instalar parte de sus consultas externas. Esta tercera pata del tratamiento para recuperar el vacío IMMPA requeriría el liderazgo de una segunda figura, un ejecutivo capaz de aportar soluciones imaginativas. Hay que tener en cuenta que, según calculan los expertos del CSIC, vestir el edificio y ponerlo en marcha costaría entre 8 y 15 millones, y mantener abierto todo el centro saldría por 6 millones anuales, sin tener en cuenta los sueldos del personal. En los despachos del CSIC se cree que esa triple fórmula de actuación, servirá para poner en valor y hacer sostenible un macrocentro hoy todavía cerrado. El IMMPA fue concebido para integrar toda la cadena de investigación en un edificio: hospital, paciente, médico, investigadores clínicos y básicos. Sin embargo, esa idea general que algunos expertos consideran razonable, nunca estuvo apoyada por un plan viable. Estos días, los obreros han retirado las enormes letras que anunciaban el edificio, la metáfora de un fracaso. Dentro de unos días tendrá otro nombre con el que volver a empezar.