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ABC DOMINGO, 3 DE JUNIO DE 2012 abc. es opinión OPINIÓN 19 POSTALES VIC JOSÉ MARÍA CARRASCAL NOSTALGIA DEL CONSENSO Todo el mundo habla de consenso, pero nadie lo practica. Aparte de que lo más necesario es que alguien nos diga toda la verdad T Rocío está en Sevilla. Creo que después de tantos y tantos años, esto no puede suceder. El Rocío está en Almonte (Huelva) y tantas equivocaciones, como la que su diario ha tenido este año, son una falta de respeto tanto para los almonteños como para los onubenses religiosos, o en sus sentimientos, en general; pero no es para tanto El riesgo de la confusión Cuando menos singular, por el ángulo elegido para plantear su crítica, muy personal, es la carta que nos envía MARTA VILCHES DE LA PAZ, que se queja de un artículo de Ignacio Ruiz- Quintano. Hace unos días- -comenta- -leí un artículo titulado Pánico En el mismo, su autor cita indiscriminadamente, cuatro veces y de una manera despectiva, al rico dandy Ernesto Vilches Como habrá podido usted observar por mi firma, mi apellido es Vilches, y Ernesto Vilches, mi padre, pero también tengo un hermano, un sobrino, un primo hermano, y el hijo de éste, que se llaman así. El autor no ha tenido en cuenta que puede haber, en una ciudad como Sevilla, varios señores de nombre y apellidos iguales, a los que insulta descaradamente y sin reparo alguno, y quisiera, como hija suya, contarle quién es realmente Ernesto Vilches. Ernesto Vilches es hoy en día un venerable padre de seis hijos y abuelo de quince nietos, a punto de cumplir los 85 años y cincuenta de casado con mi madre. En su época joven se licenció en Medicina en la Facultad de nuestra ciudad, que aún mantiene en su sede actual del Parlamento Andaluz un azulejo dedicado a mi bisabuelo, cate- Tomás Moro, oportuno Les comunico- -comenta AGUSTÍN SÁNCHEZ- VIZCAÍNO- -que ha sido muy grato leer el artículo de Tomás Cuesta, en el que se cita y se comenta a Tomás Moro. La oración de sir Thomas me ha resultado conmovedora, realista, humana, y me sirve como referencia, como algo de aire fresco en este tiempo enrarecido. Pura poesía, llena de humor. Asumiendo, aceptando, reconociendo nuestra condición humana, profundamente carnal. Realismo sin condiciones. Una vez reconocida nuestra naturaleza, pedir al Todopoderoso humor, capacidad de poner buena cara. Serenidad. Objetividad. Desvalorarizar los problemones, distanciándonos. También de nosotros; quitarnos peso, no tomándonos demasiado en serio. Además de ser profundamente piadosa esta oración, sólo a un inglés se le ocurre el chiste de sustituir el pan nuestro de cada día por la digestión nuestra de cada día pero, claro, si es posible, después de haber digerido algo Por lo demás, estoy de acuerdo con lo expresado en el artículo. No creo bueno ofender a las personas en sus sentimientos drático de Medicina de la misma. Cuando Ernesto Vilches finalizó la carrera, se fue a EE. UU, donde se formó como odontólogo y estomatólogo, llegando a formar parte de organismos profesionales internacionales y nacionales, como la Sedo (Sociedad Española de Odontología) Una vez en Sevilla, estableció su consulta, la primera de su género en una ciudad como la nuestra, y durante años ha sido referencia y maestro de todos cuantos estudiaron esta disciplina. Recientemente, Ernesto Vilches acaba de cumplir 75 años como hermano del Museo, motivo por el cual ha recibido un sentido homenaje, y el pasado año fue distinguido con el honor de formar parte del grupo de médicos distinguidos por el Colegio de Médicos de Sevilla, al que sigue acudiendo regularmente. Les agradecería, en honor a mi padre, que publicaran esta carta de desagravio, a la vez que advirtieran al señor Ruiz- Quintano de lo fácil que es lanzar al aire un nombre y apellidos que pueden quedar manchados en el caso de que dicho señor no tenga el día de mañana una hija ofendida con la equívoca mención del nombre de su padre Pueden dirigir sus cartas y preguntas al director a: Por correo: C San Álvaro, 8, 1 3. 14003 Córdoba Por fax: 957 496 301. Por correo electrónico: cartas. cordoba abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. ODO el mundo proclama que la mejor, si no única, manera de salir de la crisis, es unir fuerzas. Pero en la siguiente frase le arrea un castañazo al adversario. Muy español: defendemos el acuerdo, pero a condición de que sea en nuestras condiciones. Parece un mal chiste pero es una realidad diaria no sólo entre rivales, sino también entre compañeros. Ahí tienen a Rato dando caña a Rajoy por lo de Bankia y a Chacón obligando a Rubalcaba a desdecirse de no investigar a los banqueros. Aquí, el que puede impone su criterio por las buenas o las malas. O si lo quieren conceptualmente: en lo único que estamos de acuerdo los españoles es en que no lo estamos. El resto es hipocresía. Ante lo que, pienso, sería mejor que cada uno de nuestros personajes defendiera abiertamente su postura aunque no coincidiese con la de los demás, iniciándose una discusión abierta sobre cuál sería la mejor, con cada cual asumiendo sus responsabilidades, que es precisamente lo que les asusta. Pero de seguir así, corremos el peligro de perder la poca fe que nos queda en la clase política, cuando la confianza es más necesaria que nunca. Volviendo al consenso. Que es necesario en los momentos críticos de las naciones resulta obvio. Pero aparte de que un falso consenso es peor que ninguno, está el hecho de que un excesivo consenso puede ser igualmente dañino. Muchos de los errores que estamos pagando vienen del exceso de consenso en la Transición. Se transigió demasiado con el régimen anterior, con los nacionalismos, con verdades y mentiras, con viejos y nuevos vicios. Como la cosa salió bien, todos aplaudimos, pero sin hacer aquellas reformas que España necesitaba para convertirse en un país realmente moderno y nuestra democracia fuera cien por cien auténtica. Es lo que estamos pagando hoy con los intereses acumulados, que superan a ya los de nuestra deuda. Rajoy ha intentado hacer todas esas reformas a la vez y, además, en el peor momento, pues hubieran debido hacerse con el colchón de una economía en crecimiento y en un escenario de estabilidad tanto nacional como internacional. Pero ni Felipe González ni Aznar se atrevieron. Y ha tenido que hacerse en plena crisis económica y política, dentro y fuera de casa. Alguno dirá que es la única forma, pues en otro caso, nunca las hubiéramos hecho. Pero que así resultan doblemente dolorosas es indudable. Dado el grave deterioro de nuestra economía y nuestra incapacidad para llegar a un auténtico consenso, pienso que lo que necesitamos hoy es alguien que nos diga la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad sobre nuestra situación, y se decida a aplicar sus remedios sin importarle las críticas, vengan de donde vengan. Como con las enfermedades, el remedio de las crisis empieza por admitirlas, no en ignorarlas. E ignorar la realidad desagradable es otro de nuestros mayores defectos. Aunque ahí no estamos solos.