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ABC SÁBADO, 2 DE JUNIO DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL ÁNGULO OSCURO tonces sino crecer. Decía también Camba que el pro- JUAN MANUEL DE PRADA PATRIOTISMO La pitada de la final de la Copa del Rey ha enojado mucho a quienes se han apresurado a sacar sus ahorros de España ¡M ENUDAmatraca nos pegaroncon la pitada al himno nacional en la final de la Copa del Rey! Casi llegaron a convencernosde que lasupervivencia de nuestra patria dependía de que aquella pitada se impidiese; y hasta hubo un ministro que asoció los subidones de la prima de riesgo con los decibelios de la pitada. Pero aquellos vascongados y catalanes que pitaron a rabiar el himno nacional no hicieron sino lo que les han enseñado a hacer desde que los destetaron; y enojarse de que lo hagan es tan absurdo como enojarse de que el perro de Paulov segregue salivilla cada vez que suena la campana que le anuncia la pitanza. ¡Como silos actos reflejos fueran tan fácilmente reprimibles! Mejor sería correr a gorrazos al Paulov que les enseñó a pitar como posesos cada vez que oyen los acordes del himno nacional; y, mejor aún, a los que autorizaron el experimento de Paulov. Aunque a éstos, más que correrlos a gorrazos, habría que colgarlos de la picota; pero resulta que son los mismos que, muy patrióticamente, se quejan de la pitada, desde su poltrona parlamentaria o su despacho de gobierno. Decía Camba quehay en España muchísimas personas de cuyo patriotismo no tenemos otra noticia que las gallinas que se engullen, las copas que se sorben o los cigarros que se fuman; y este patriotismo de los estómagos agradecidos no ha hecho desde en- blema de España, con sus voces ásperas de violencia terrible y sus puñetazos en las mesas de los cafés, se solucionaría metiendo algunos millones de duros, siempre, naturalmente, que los millones no se quedaran todos en algunos bolsillos Nuestros patriotas retóricos dieron con otra fórmula alternativa, mucho más provechosa para ellos, que consiste en sacar algunos millones de duros de nuestros bolsillos, para meterlos en los suyos; y, cuando los millones de duros no aparecen por parte alguna ¡porque en los bolsillos de nuestros patriotas no se mira! lo que hacen es sacarlos otra vez de nuestros bolsillos, para cuadrar las cuentas. Luego, una vez cuadradas, aún los veremos engullirse una gallina, o sorber una copa, o fumarse un puro, para celebrar la patriótica operación de salvamento de nuestra economía. Y en España ni siquiera se oyen voces ásperas, ni puñetazos en las mesas de los cafés, porque toda la fuerza se nos fue en maldecir a los antipatriotas que pitaron el himno nacional en la Copa del Rey. Si a los miembros del consejo de administración de Bankia, ese parque temático del enchufismo español (pero ya nos advertía Camba que nada hay tan español como concebir el Estado como una gran central eléctrica a la que hay que enchufarse para brillar) les hubiesen preguntado por la pitada de la final de la Copa del Rey, estoy seguro de que se habrían mostrado indignadísimos; lo que, sin embargo, no les ha impedido pulirse los ahorros de media España. También estoy seguro de que la pitada de la final de la Copa del Rey enojó muchísimo a quienes, en los últimos meses, se han apresurado a sacar sus ahorros de España. Pero sacar los ahorros de España cuando pintan bastos y pulirse el dinero de los demás cuando pintan oros son actos reflejos, como lo es en el vascongado y en el catalán pitar el himno nacional cuando pintan copas: experimentos de Paulov autorizados desde las poltronas parlamentarias y los despachos de gobierno. Y nadie se atreverá a discutir el patriotismo de quienes los ocupan, aunque de tal patriotismo sólo tengamos noticia por las gallinas que se engullen, las copas que se sorben o los cigarros que se fuman (en la intimidad, por supuesto, que fumar en lugares públicos es antipatriótico) UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO LAS JOYAS DE LA ABUELA Como la baronesa con su cuadro, un Estado intervenido tendría que vender el patrimonio familiar de un país tieso L MÁXIMO OS ricos también lloran y a veces hasta sufren como cualquier pobre, pero como le dijo una vez Scott Fitzgerald a Hemingway, con su gélida ironía depijo, se diferencian en que tienen mucho más dinero. En realidad lo que poseen es mucho más patrimonio, que es la modalidad menos volátil de la riqueza y la que los saca de apuros y contingencias. Un pobre siempre tiene problemas de dinero pero un rico los tiene de liquidez como Carmen Thyssen, y los puede solucionar vendiendo acciones, fincas, empresas o hastacuadros. Y a diferencia del resto de la humanidad siempre encuentra otro rico que se los compre, lo que no suele ocurrir cuando un simple mortal de clase media trata de desprenderse de las joyas de la abuela. Acuciada como todo el mundo- -bueno, tal vez un poco menos- -por los aprietos de la crisis, la señora Thyssen ha sacado a subasta un Constable, bellísima pintura prerromántica que compró por diez millones de euros y ahora puede reportarle más de treinta. Cuando la baronesa se levanta para ir al baño en alguna de sus residencias pasa delante de un Turner, un Gauguin o un Canaletto como los demás desfilamos por el pasillo ante los retratos sepia de la familia materna, y en vez de ver la tele puede quedarse en su salón contemplando un Chagall o un Braque que siempre encerrarán más historia y movimiento que cualquier sesión de Gran Hermano De modo que encaso de necesidad le basta condescolgar una obra dela pared y llamar ala mudanza para quela lleven a Shotebys; se tratade un trámitemás simpleyelegante que el de empeñar la vajilla o el anillo de la suegra. En teorías las leyes otorgan al Estado el derecho de retracto antes de que un cuadro salga de España pero están las cuentas públicas como para encontrar calderilla con la que retener la pieza. El constable se lo quedará cualquier millonetis ruso mediante una anónima puja telefónica y lo pondrá en el recibidor de su casoplón londinense para hacer juego con la alfombra. Pero magro consuelo social son los aprietos de los ricos cuando todo el país está tieso. El escueto procedimiento de subasta patrimonial al que ha recurrido la baronesa es lo que nos espera a los españoles en conjunto, aunque con menos glamour, si llega el temido rescate financiero. Quienes piensen que nos hemos convertido en un país pobre no tienen idea de lo que aún puede malvender un Estado sometido a la presión antidéficit de la troika europea. Sólo que en vez de hermosas pinturas más o menos prescindibles, los interventores pondrían a la venta aeropuertos, loterías, autopistas, empresas de aguas o transportes y cualquier compañía de titularidad comunal por la que puedan obtener en un mercado a la baja unos miles de millones de euros. Con el pequeño matiz de que las plusvalías irían a enjugar deuda y los legítimos propietarios no veríamos ni un maldito céntimo.