Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES, 1 DE JUNIO DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL BURLADERO CARLOS HERRERA ¿CÓMO INVESTIGAR LO DE BANKIA? Busquemos un método efectivo de conocer lo que ha pasado sin correr el riesgo de poner boca abajo todo el sistema L AScomisionesdeinvestigaciónenelCongreso son un estupendo entretenimiento para losmedios decomunicación, deseosossiempre de carnaza fácil, yo el primero. No deja deserun pequeñogranespectáculo en el que comparecen los implicados en cualquier asunto y en la que responden con argumentos tan estereotipados como cinematográficos. De ninguna de las comisiones convocadas en el Parlamento ha surgido ninguna revelación esencial o reparto de responsabilidades y culpas creíble. Se cruzan invectivas y se atizan unos a otros con prejuicios ideológicos, pero poco más. Al día siguiente los periodistas levantamos acta de los momentos más ardientes y reducimos a un titular la declaración de los comparecientes. Más allá de ello, que puede que no sea poco, no pasa nada de trascendencia esencial. Por ello sostienen no pocos analistas de la cosa patria que someter el asunto de Bankia a un proceso semejante es garantizarse más desestabilidad que claridad y más refriega partidista que afloramiento de responsabilidades. Los españoles tenemos derecho a saber qué ha ocurrido con la gestión de un complejo bancario cuyo rescate nos va a costar cerca de 500 euros por cabeza, independientemente de los euros que vayamos a recuperar si la cosa acaba bien en el caso de que se consiga vender al mejor postor una vez concluya el lavado y aclarado de la pelambrera crediticia fallida. Tenemos derechoaseñalarelcomportamiento incompetente de determinados gestores ya declarar nuestro desacuerdo con el resultado final de una aventura bancaria que era rentable hasta que todos enloquecimos y nos volcamos al progreso ficticio de los suelos y las construcciones. Ignoro cuál es el mecanismoidóneo, peromeatrevoaafirmarque losciudadanos paganos merecemos una explicación. Lo cual no supone adjudicar de antemano comportamientos delictivos a ningún protagonista del culebrón, pero sí sospechar de aquellos que se han sentadoen Consejosde Administraciónsin la preparación debida ydeaquellos otros que se han lanzadoaaventuras irresponsables sin consideración alguna por el dinero de los demás. No es ningún error acudir al rescate de una entidad como Bankia. Peores son las consecuencias de no hacerlo. Cuando se censura al Gobierno de poner dinero de todos para salvar el negocio de unos cuantos se olvida que, mediante la intervención, se cubre elactofallido dela compradelapartamentode la costa por un mileurista que después no pudo pagar o la inversión millonaria de un medio de comunicación que ha resultado un fiasco o un agujero en las cuentas de todos. El Estado, que supuestamente somos los presentes, acude en rescate de todos, aunque eso suponga salvarle el trasero a gestores incompetentes o a visionarios miopes. Dicho lo cual busquemos un método medianamente efectivo de conocer lo que ha pasado sin correr el riesgo de poner boca abajo todo el sistema del que formamos parte, bien como impositores, bien como accionistas, bien como beneficiarios. Antes o después alguien nos contará como fueron los entresijos de un tiempo en el que nos creímos los amos del universo sin ser más que los adjudicatarios de una parcela en la pequeña miseria de cada día. Contodo, nos convieneno creer queuncirco palabrero es la catársis que todo lo purifica. Una cosa es investigarlos repartosfraudulentos de losERE andaluces en sede parlamentaria (a lo que el PSOE se opone, faltaría más) y otra brindar cadáveres a los enterradores vocacionales que corretean por los largos pasillos de los mercados financieros. A lo que el PSOE está dispuesto, por cierto. UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO RESPONSABILITIS En materia estratégica Rubalcaba aún debe aprender mucho de González, pragmático maestro del doble pensamiento orwelliano S MÁXIMO I Felipe González se presentase a la Alcaldía de Sevilla sacaría una mayoría tan absoluta o mayor que la del actual alcalde del PP, Zoido, que le acaba de nombrar hijo predilecto; le votaría una parte significativa del mismo centro- derecha sociológico que ve con naturalidad y justicia el discutido homenaje municipal a uno de sus conciudadanos más notables. El tiempo ha sedimentado los graves errores del tardofelipismo- -la corrupción, la cal viva, el abuso de poder- -y en esas aguas remansadas de la memoria brilla mejor su indiscutible legado de modernización de España. Por ende la tarea y el estilo de sus sucesores, y muy en especial de Zapatero, han provocado evidente nostalgia comparativa de su sentido de Estado, de su pragmática profesionalidad política. Fuera del poder se le ha notado cierta melancolía de sí mismo, un ego sobredimensionado que parece autoañorarse en la escena pública, pero incluso en sus arranques más sectarios o en sus ataques de resentimiento conserva un poso de sensatez madura y de calidad discursiva que falta en las nuevas hornadas de la clase dirigente. De hecho ni siquiera el mejor momento del zapaterismo pudo ahuyentar la sombra carismática de su liderazgo. Pero el maltrecho PSOE que aún reverencia su recuerdo desoye con reiterada terquedad sus consejos. En el acto de su nombramiento como sevillano de honor Felipe volvió a apelar a la responsabilidad colectiva con un ponderado llamamiento al consenso frente a la emergencia nacional de la crisis. Sólo un día después el actual líder del partido se veía abocado por presiones internas a desmarcarse en el Parlamento de una reforma financiera que en el fondo considera prudente o al menos necesaria. Rubalcaba parecía inclinado por dar el visto bueno pero la rebelión de partidarios de Carmen Chacón le ha acabado provocando un colapso de criterio. En el debate de los últimos días la dirección socialista ha recibido de algunos correligionarios la estupefaciente acusación de sufrir responsabilitis, rara enfermedad política que consiste en la inflamación del sentido del deber y del compromiso, esos valores que González suele predicar desde su anaquel de jarrón chino. En el bando gubernamental nadie le aprecia al jefe de la oposición nada parecido a un desesperado síndrome de pactos pero sus disidentes le observan últimamente inclinado al pasteleo. Y hasta ahí podía llegar la cosa; cómo va un partido serio a sentirse concernido por la responsabilidad de unos acuerdos de Estado. Pese a su fama de sinuoso, Rubalcaba, felipista confeso, aún tiene mucho que aprender de su mentor, maestro en eso que Orwell llamaba el doble pensamiento: la capacidad de mantener creencias contradictorias de forma simultánea y aplicar la que más conviene a la estrategia de las circunstancias. Eligiendo, por ejemplo, cuándo parecer responsable sin serlo o serlo sin que lo parezca.