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ABC VIERNES, 1 DE JUNIO DE 2012 abc. es ENFOQUE 5 Merkel, con Durao Barroso y otros líderes en una taberna de Stralsund (Alemania) pidió ayer confianza en su aliada España REUTERS Merkel, brindis por Europa Los Niños del Coro JAIME GONZÁLEZ Monsieur Boulanger era un tabernero que sabía latín: Venite ad me omnes qui stomacho lavoratis et ego restaurabo vos escribió en 1765 en la puerta de su establecimiento parisino. Seducido por la osadía de tan bíblico mensaje- Venid a mí los que tenéis el estómago vacío, que yo os lo restauraré el mismísimo Denis Diderot cruzó el umbral de aquel garito inmundo para probar unas patitas de cordero hervidas a fuego lento, un poco caras pero excelsas, según el genial enciclopedista y filósofo. Hasta el punto de que Boulanger no solo se forró con el invento- -hasta entonces un pequeño lupanar- sino que se convirtió- -por lo del restaurabo vos -en el primer restaurador gastronómico de la historia. No sé por qué he tenido que remontarme casi tres siglos atrás para hincarle de este modo el diente a la crisis financiera, pero la imagen de Angela Merkel y Durao Barroso brindando con vino y cerveza tiene ese aire de cantina de puerto donde fondean cada noche todos los capitanes Alatriste de Europa. Será por la luz de las velas, el humo o los vapores del alcohol, pero observo en sus miradas un atisbo de ternura, como si el viejo corazón del continente latiera de forma diferente cuando se pone el sol y la luna se desabotona la camisa para encargarse de la barra. Merkel desborda humanidad y sus mejillas parecen claveles reventones a punto de estallar; hasta es posible que en la toma siguiente se arrancara a cantar. Me la imagino entonando el lema que monsieur Boulanger escribió en la puerta: ¡Venite ad me omnes qui stomacho lavoratis et ego restaurabo vos! Y al resto de los Niños del Coro traduciendo y dando palmas alrededor de la mesa: ¡Venid a mí los que tenéis el estómago vacío, que yo os lo restauraré! mientras un olor a garrafa y patitas de cordero va inundando la foto en la que hoy deposito mis anhelos. Estoy convencido de que Luis de Guindos, detrás de la puerta, tuvo tiempo de quitarse la corbata, remangarse y tatuarse en el bíceps un corazón de henna con el lema Amor de madre Y entrar en la cantina del puerto para sentarse a la mesa donde la canciller federal, puesta en jarras y en plena exaltación de la amistad, repetía machaconamente: ¡Venite ad me omnes qui stomacho lavoratis... Es de esperar que nuestro ministro de Economía sacara bola y- -desguarnecidas por exceso de vino y de cerveza las defensas del Gobierno de Berlín- -le mostrara el tatuaje en señal de respeto. Quiero pensar que estuvo allí y que estamos salvados: alguien del Financial Times le oyó decir: ¡Deo gratias, Deo gratias! ECONOMÍA