Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO, 20 DE MAYO DE 2012 abc. es cultura CULTURA 95 En Salamanca El Centro de la Memoria Histórica de Salamanca conserva estas fotografías nunca publicadas del fondo Centelles Brigadas Internacionales Las imágenes están tomadas durante el desfile de despedida a los miembros de las Brigadas Internacionales do en Cerro Muriano de Capa, cuya autenticidad ha sido puesta en duda. Joaquín D. Gasca comenta a Efe que son las historias de un triunfador y un perdedor la de un fotógrafo rico que disfrutabadelmejormaterialydedisponibilidad para viajar por todo el mundo, y de un fotógrafo pobre que tuvo que comprar su cámara Leica a plazos. Ahora descubrimos- -resalta Gasca- -que el fotógrafo anónimo hacía unas fotografíascon tantafuerza como el conocido, que es un icono de la fotografía mundial y que la obra de Centelles llegó a través de las agencias a decenas de publicaciones internacionales. La derrota del bando republicano separa aún más las trayectorias de Capa y Centelles, que prácticamente pone fin a su etapa como fotoperiodista y que, para sobrevivir en la posguerra, se verá obligado a aceptar trabajos como empleado en tiendas o ayudante de otros fotógrafos. Después instaló un pequeño estudioen Barcelona dedicado a la fotografía publicitaria. En 1950 fue juzgado por su pasado republicano por un tribunal franquista que le condenó a 12 años de prisión, aunque se le conmutó por una pena de prisión atenuada en su domicilio hasta 1956. Solo en sus últimos años obtuvo cierto reconocimiento. Capa siguió su senda estelar, cubrió los principales escenarios bélicos de la II Guerra Mundial, fundó junto a otros fotógrafos consagrados la agencia Magnum en 1947 y tuvo entre sus amistades a Pablo Picasso, Ernest Hemingway y John Steinbeck. Falleció en 1954 al pisar una mina en Indochina. En 1947 John Steinbeck y Robert Capa viajaron a la URSS. Viaje a Rusia ahora recuperado, recoge sus impresiones Desde Rusia con amor N MANUEL DE LA FUENTE MADRID inguno de los dos era ya un pipioloenbuscadefamaydinero (aunque sabido es que a los artistas nunca les sobra) ni tan siquiera un plumilla y un fotero necesitados de primicias, exclusivas y unpuñadodepavosfrescos, olapalmadita en la espalda del redactor jefe. Nada de eso. Ese día de marzo de 1947, en el bar del neoyorquino Hotel Bedford, aquellos dos hombres ya se habían fogueado en la vida y el periodismo, y sabían lo que era que una bala te pasase cerca de la oreja. Echándose un trago al coleto (cosas del periodismo preinternáutico) John Steinbeck y Robert Capa bromeaban con Willy, el camarero, un hombre sabio como los camareros de entonces, y estaban más aburridos y desorientados que un esquimal en un safari. Steinbeck era un puñetero rojo, un demócrata de la cabeza a los pies, un tipo duro que había escrito muchos de los mejores relatos sobre la Gran Depresión, como Las uvas de la ira y su Tom Joad, uno de los grandes héroes populares de todos los tiempos. Rojeras, sí, el tal Steinbeck, lo queno impidió que participara en numerosas historias propagandísticas durante la Segunda Guerra Mundial y que incluso realizaraunode losreportajes patrióticos más formidables, demagógicos y sacados de madre jamás escritos, Bombasfuera recuento desus experiencias con las tripulaciones de los bombarderos que surcaban el Pacífico en busca de los malísimos japos. Tan solo diez años antes de aquellos pelotazos, el fotógrafo Robert Capa andaba por España, o por lo que iba que- Grischa, un niño ucraniano con sombrero de hierba de marisma ROBERT CAPA MAGNUM PHOTOS dando de ella, poniendo su cámara al servicio de la República Española, y convirtiéndose en uno de los grandísimos reporteros de guerra nunca vistos. Trago va trago viene, los dos colegas tuvieron una ocurrencia: marcharse a la Rusia de aquellos días, masacrada por la guerra, con el ánimo de contar la verdad, no esas verdades que cualquier tipo en un despacho de Washington se saca la manga con un poco de a imaginación y un teletipo. ¿Provocación o nimiedad? Para los derechistas americanos, era casi una provocación prosoviética; para la obtusa izquierda americana, una nimiedad Ellos no querían meterse en política, lo que querían era mostrar el lado humano de los soviéticos y poner fin a tantas suspicacias y malentendidos queatiborraban los graneros de Iowa y las plantaciones del Mississippi. Querían ver a los rusos en su salsa, dándole al vodka, en sus bautizos, bodas y comuniones, en el tajo, en la siega, en las fiestas y al pie de los iconos, cuicatrizando sus horribles heridas. Y poco les importaba que el padrecito Stalin lo contemplara todo desde sus omnipresentespeanasdebronceo escayola. Pusieron pues rumbo a la Madre Rusia triunfadoraenlaGranGuerra Patriótica contra los nazis. Capa llevaba película como para rodar hasta la eternidad y Steinbeck su cuaderno, y entrambos alguna botella de whisky que se encargarían de robar a sus colegas en Rusia. El resultado de aquel verano de turismo periodístico fue Viaje a Rusia que publicaron en 1948. Para los derechistas americanos, era casi una provocación prosoviética (Steinbeck y Capa mostraron que los rusos no tenían cuernos, ni olían a azufre) yparalaobtusaizquierda americana, una nimiedad que no reflejaba las venturas de la dictadura del proletariado. El libro lo recupera ahora Capitán Swing en magnífica edición y con los testimonios impagables de Steinbeck con el boli y Capa con la cámara. Amor, humor, anécdotas, chistes (alparecerCapateníaentre otrasraras costumbres encerrarse en el baño con periódicos rusos, que por supuesto no entendía) detalles, pinceladas, impresiones, puntadas con hilo, para dibujarun cuadrode aquella Rusia que de pura sencillez y trazo firme te conmueveelcorazón, comodicen queantiguamente hacían algunos periodistas.