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88 SOCIEDAD 122 años, cinco meses y catorce días. Ese es el tiempo que vivió Jeanne Calment, el ser humano más longevo. La ciencia del envejecimiento busca una fórmula que nos permita superar en buen estado esa frontera de vida DOMINGO, 20 DE MAYO DE 2012 abc. es sociedad ABC P uede que en algún lugar del planeta ya haya nacido la persona que alcance los 130 o 140 años de vida. Desde hace más de cien años la esperanza media de vida aumenta de forma imparable y aún no parece haber alcanzado el potencial máximo de longevidad. ¿Cuál será ese límite? En 1997 lo marcó Jeanne Calment, una centenaria francesa que murió a los 122 años de edad. Esa longevidad podría dejar de ser excepcional con la ayuda de la ciencia. El elixir de la juventud ya no es una promesa de charlatanes y tahúres. Existe una sólida carrera científica que persigue prolongar la vida humana, pero sobre todo vivir más tiempo en buen estado físico y mental. Quizá nuestra economía no esté preparada para afrontar un futuro de centenarios, aunque los avances que se están madurando en los laboratorios más punteros podrían reducir los elevados costes sanitarios al luchar, al mismo tiempo, contra el declive de la memoria, la diabetes tipo 2 o las enfermedades cardiovasculares. Y también contra el cáncer, un problema asociado al envejecimiento. Si se retrasa el deterioro de la edad, se retrasa el cáncer. El organismo joven está mejor protegido. Todos los días millones de personas toman pastillas para controlar los niveles de glucosa, tensión sanguínea... Tratamos de encontrar fármacos similares que actúen sobre el envejecimiento. Parece ciencia ficción, pero todos esos tratamientos para la hipertensión o la diabetes también lo eran hace años y hoy forman parte de nuestra vida cotidiana explica María Blasco, direc- La frontera de la imortalidad NURIA RAMÍREZ DE CASTRO media. Y, lo más importante, libres de enfermedad. Los roedores vivieron más y mejor, retrasando los males típicos del envejecimiento: osteoporosis, diabetes tipo 2, coordinación neuromuscular... Bastó una sola aplicación. El experimento no solo funcionó, también proporcionó una pista interesante: los mejores resultados se obtuvieron con los animales más jóvenes. Lo que hace pensar que los tratamientos antiedad tendrían más éxito si se aplican antes de que el envejecimiento se ha instalado y el organismo emprenda el declive definitivo. El gen de la telomerasa frena el envejecimiento y no es el único. En las últimas décadas se han identificado varios genes que tienen un papel importante en la duración de un organismo vivo. Hace treinta años se descubrió que bastaba una única mutación de un gen para alargar hasta en un 40 %l a vida de un gusano. Y desde entonces se han identificado otras variantes genéticas con efectos similares. Algunos genes tienen una influencia decisiva y extienden o reducen la longevidad de una persona, aunque la duración de la vida no depende solo de la capacidad que tengamos para manipularlos. Hay muchos otros factores que influyen, empezando por el estado de salud de la madre durante la vida fetal, los cuidados médicos, la alimentación, el ejercicio físico y, en general, unos hábitos de vida saludables apunta Blasco. De los factores ambientales, la nutrición es clave. Comer menos, es decir la restricción calórica sin llegar a la desnutrición es la única intervención que ha demostrado hasta la fe- Genes y ambiente Libres de enfermedad tora del CNIO, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Blasco acaba de dar un paso decidido en ese sentido. Acaba de demostrar que se pueden prolongar los años de vida saludable y conseguir un efecto rejuvenecedor en mamíferos. Lo ha conseguido en un experimento con ratones, actuando directamente sobre sus genes. En concreto, sobre el gen de la telomerasa, una enzima clave tanto en el envejecimiento como en el cáncer. El grupo de Blasco utilizó una terapia génica, una estrategia utilizada con otras enfermedades que cura reparando los genes defectuosos. Los ratones vivieron un 24 más. Si se asume que la vida media de los humanos es de unos 80 años, esto significaría que el tratamiento permitiría llegar a los cien años de vida 40 años 40 años Evolución de la esperanza de vida Los primeros humanos tenían una esperanza media de vida similar a los de los chimpancés. Fósiles encontrados demuestran que podían alcanzar los 40 años, si tenían la suerte de no morir por un problema tan simple como la infección de una muela o una herida Homo sapiens En la Hispania del Imperio Romano la esperanza de vida era de 40 años, superior a la del siglo XIX. Se consiguió gracias a las obras de saneamiento romanas y a su gusto por la cremación de cadáveres. Las batallas, la malaria y varias plagas sin especificar contribuyeron al aumento de la mortalidad Siglo I