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34 CÓRDOBA Contramiradas DOMINGO, 20 DE MAYO DE 2012 cordoba. abc. es ABC José Antonio Rodríguez Mi identidad me da igual ya José Antonio Rodríguez, el pasado lunes, en Rey Heredia, 22 GUITARRISTA FLAMENCO BSu trayectoria profesional provoca hipo. Desde Alejandro Sanz a Chick Corea, pasando por Astor Piazzola, ha puesto su guitarra al servicio del flamenco más genuino y del pop más comercial POR ARIS MORENO CÓRDOBA D etrás de esta maquinaria humana casi perfecta, hay muchas horas de vuelo. Hay, por ejemplo, un niño que se encerraba en su habitación con un temporizador de ajedrez para cronometrar los segundos, los minutos y las horas que se pasaba haciendo escalas. Una, dos, tres, diez horas al día. Lo que hiciera falta. Y cada vez que se levantaba para ir al baño, detenía el artefacto para medir con precisión de relojero el tiempo exacto de trabajo. Hay también un chaval que llegaba al conservatorio antes que el conserje y se marchaba el último. Era un fatiga de la guitarra admite ahora sin paliativos. Tanto que su padre, años después, aún le sigue preguntando: Niño, ¿no te cansas de tocar? Naturalmente que se cansa. Se agota. Hasta el punto de que hay días que se coloca una venda en los tendones del antebrazo para mitigar el dolor. Pero en su cerebro se activa un dispositivo que lo empuja a seguir más allá de toda lógica. ¿Cómo se lleva con la disciplina? -Siempre me he llevado excesivamente bien. Por eso la odio. Porque no me puedo salir de ella. Cuando me casé, me llevé la guitarra al viaje de bodas. Y si quedamos a las once, a las once menos dos minutos ya estoy en la puerta esperando. No exactamente. José Antonio Rodríguez no estaba a las once menos dos minutos esperando en la puerta de Rey Heredia, 22, para someterse a esta entrevista. Estaba a las once menos cuarto. Y justo a esa hora descolgó el teléfono para anunciar que ya estaba disponible en el lugar convenido. Esa puntualidad prusiana lo llevó a ganar su primer premio nacional con tan sólo 17 años. Y a convertirse, tres años más tarde, en el profesor de guitarra flamenca más joven de España. Toda una hazaña para un muchacho sin antecedentes familiares artísticos. Su vínculo con la guitarra flamenca brotó por pura casualidad. Un día, con siete años, vio a un vecino tocando rumbas y se enamoró de la guitarra. Un año después ya estaba tomando clases de Pepe Corralizas, primero, y Merengue de Córdoba, después. Hasta que con 13 años ingresó en el Conservatorio, bajo la maestría de Manolo Cano, al tiempo que tocaba en una peña fundada por su padre y unos amigos en los Salesianos. ¿Y cuál es la mejor escuela? -Compaginar la enseñanza reglada con vivencias que hoy, desgraciadamente, cada día quedan menos. Ya apenas hay peñas. -Una pérdida para el flamenco. -Empecé a participar en concursos para mostrar mis composiciones. Eso se lo tengo que agradecer a Merengue, que nos animaba a crear cosas propias. Y destrozaba la música de Paco de Lucía y Sanlúcar intentando cambiarla. Fíjese qué barbaridad. -El flamenco tiene poco margen para la creación. -Tiene unas reglas durísimas. Una soleá ya está estructurada: tiene una tonalidad y métrica determinadas. Así que intentamos hacer música basándonos en patrones estándar buscando originalidad. ¿Se siente preso del flamenco? -Ya no. Siempre me apasionó ver cómo podía Sabicas componer toda su obra con tres acordes. Ahora tenemos más posibilidades de hacer inversiones, desarrollos y armonías distintas. No me siento preso del flamenco, pero sí obligado por mis orígenes y el respeto a la tradición. -Para que el flamenco evolucione, ¿hay que traicionarlo? -No se puede decir que estás tocando flamenco porque lleves una guitarra flamenca. Quien se ha educado en esta música no puede traicionarla. Es una cuestión de moralidad. -Su último disco se llama Anartista Explíquese, por favor. -Cada tema es un mundo diferente con artistas diferentes. Era un poco anárquico y, entre artista y anarquista, salió anartista A Santiago Auserón le gustaba el título, pero al día siguiente me llamó para advertirme que el prefijo an significa negación, por lo que podía entenderse como negación del arte. Entonces, me escribió una frase muy bonita que venía a decir que el anartista no niega del arte nada más que la tentación estéril del puro comercio. -En su CD cantan Antonio Orozco, David de María y Santiago Auserón. Tendrá contentos a los flamencos. -No lo sé. El disco se presentó en marzo y tuvo una crítica horrorosa. Pero yo nunca dije que fuera un disco de flamenco. Éste es un trabajo muy largo y he disfrutado desde el primer momento. La canción de Auserón, La ciudad ideal está dedicada a Córdoba. Y tiene una frase preciosa: es la única ciudad donde se puede hablar con las estatuas. Auserón es un maestro del pop español y no sólo de la música: es un pensador. ¿En el flamenco hay muchos pensadores? -Tan libres como Auserón no lo sé. Él se permite estar dos meses en Córdoba dando vueltas por la ciudad para ver las piedras y conocer el flamenco callado en una esquina. ¿Le dio vértigo hacer su disco? -A mí me gusta la música en general. Desde Debussy, pasando por Motorhead, Paco de Lucía o Ramón Montoya. Si la música es de calidad, me sobra. He colaborado con mucha gente, sobre todo del pop, y ahora les ha tocado a ellos colaborar conmigo. ¿Un guitarrista solista es un señor en busca de identidad? -De pequeño siempre estuve buscándome. Y cuando creía encontrarme, me provocaba para volver a buscarme. ¿Se ha encontrado ya? -No quiero una identidad sino muchas. De cabecera tengo La mer de Debussy, Almoraima de Paco de Lucía, y Joni Mitchell. Mi identidad me da igual ya. Lo que quiero es disfrutar. ¿Y logra disfrutar? Paco de Lucía dice que la guitarra le causa dolor. -Yo he sufrido un poquito menos. He sufrido por intentar tener una personalidad definida, pero me he arriesgado y eso me ha dado satisfacciones. Me llevé la guitarra al viaje de bodas. No me puedo salir de la disciplina. La odio Rigor Me basta que la música sea de calidad. He colaborado con mucha gente, sobre todo del pop Versatilidad