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16 OPINIÓN DOMINGO, 20 DE MAYO DE 2012 abc. es opinion ABC AD LIBITUM PUEBLA MANUEL MARTÍN FERRAND CUERDA DE PRESOS Aquí, a los grandes golfos no suele pasarles nada y el rigor de la Justicia se queda para los pobres desgraciados T RAS la muerte de Francisco Franco, los españoles teníamos tantas ganas de cambio y futuro, y tantísimos miedos y recelos, que nos precipitamos en la construcción de una democracia de mala calidad. A la vista está. La nota más constante en nuestra conducta colectiva se centra en la desconfianza que los ciudadanos, generalizando, sentimos hacia nuestros representantes y que, también generalizando, suele recibir el desdén con el que los representantes- -muchos, muchísimos- -nos miran y tratan cuando no es tiempo electoral. Nuestra democracia no es transparente... ni lo va a ser. La Ley de Transparencia, cuya elaboración es la mejor muestra de la opacidad del sistema, dejará fuera de control a los partidos políticos para que nadie dañe una partitocracia que les viene como anillo al dedo a los líderes de las dos grandes formaciones del espectro. Cuando se hacen las cuentas con decimales, como debieran hacerse de continuo, para cuadrar las cifras del déficit que nos exige Europa, nos llevamos la sorpresa de que Madrid, Valencia y Castilla León, que no son herencia recibida son los gobiernos que elevan el déficit español al 8,9 por ciento. Unos mienten por la mitad de la barba y otros por la barba entera, pero ahí están los hechos y los agujeros. La irresponsabilidad funcional- -no me atrevo a decir carencia moral- -que se esconde tras ese baile de millones es notoria. Al daño que producen, se añade su impunidad. Aquí, a los grandes golfos, públicos o privados, no suele pasarles nada y el rigor de la Justicia se queda para los pobres desgraciados y los violentos de género, una rara formulación del abuso de sexo. Las Cajas, la mitad del sistema financiero del que la partitocracia se ha enseñoreado, son un caso paradigmático de incompetencia y ligereza. Por eso, en momentos de gran tribulación, levanta el ánimo que el fiscal general del Estado, Eduardo Torres- Dulce, haya cursado instrucciones al fiscal Anticorrupción para que depure todo tipo de responsabilidades penales que pudieran derivarse de la gestión de las Cajas Hay otra responsabilidad, la de quienes los nombraron, que quedará impune; pero valga la que se busca y quiere exigirse. El día en que los ciudadanos, sin grandes diferencias entre izquierda y derecha, veamos por las vías más céntricas de nuestras ciudades una cuerda de presos parsimoniosamente conducida por la Guardia Civil, habrá llegado el momento de dar por cerrada la Transición y, si se apura, la mismísima memoria histórica. La desconfianza, que es oscura, busca siempre sus anclajes en el pasado y, por contra, la esperanza, luminosa, fabrica el futuro. EL ESTILITA hasta esta piedra erigida en el Pretorio, innume- JAVIER TAFUR ASENSIO LA BANDERA Que la bandera ondee sobre el monolito es una señal de esperanza y de resolución: la bandera no es un adorno D ESDE el pretorio se dirigía el castro romano y luego la urbe y también la provincia. Es muy oportuno, pues, un lugar que así se llama para izar una bandera. Representa además el centro de la nueva Córdoba, de la Córdoba del progreso, de la culminación de la transición, del siglo XXI, del vial, del Ave y de los negocios. Se sitúa en el punto más abierto y, por tanto, más visible de la ciudad. De oriente a occidente puede distinguirse, hasta donde alcanza la vista. Porque es grande, espectacular, amedrentadora para el enemigo, como debe ser una bandera. La climatología, por ende, se avino para hacerla más brillante en el día de su estreno. Y ondeó espléndida al viento del oeste para asombro de los cordobeses que cruzábamos las avenidas de norte a sur. La piedra constituye el homenaje más antiguo y más adecuado, por imperecedero, a los caídos. Ya sea para las víctimas del terrorismo o para los soldados desconocidos, el enhiesto monolito simboliza la estricta memoria de un pueblo que no quiere olvidar a sus muertos, singularmente a los muertos que lo fueron por representar a ese pueblo. Desde la piedra de Isaac, la víctima inocente por antonomasia, rables piedras nos han recordado a los hombres cuántos de los nuestros fueron inicuamente sacrificados. Y el débito impagable que con ellos adquirimos. Que la bandera ondee sobre el monolito es una señal de esperanza y de resolución. Porque la bandera no es un adorno, no es accidental, no es caprichosa, no es arbitraria. La bandera de España está sobre el monolito y a la vista de toda Córdoba porque sólo ella puede representar con absoluta certidumbre a los muertos que bajo su sombra reciben homenaje. Las víctimas que conmemoramos lo son por ser españoles. Por ninguna otra razón, por ningún otro origen, por ninguna otra causa les dieron muerte sus asesinos. Debemos tener muy clara esta idea cuando algunos contumaces de las dos Españas vengan a vendernos las imposturas de sus correcciones políticas. Esta bandera y sola. Ninguna otra debe acompañarla, puesto que por ninguna otra les fue arrebatada la vida a las víctimas de ETA. La bandera recuerda a los vivos quienes somos y la responsabilidad colectiva que tenemos. Formamos parte de una nación cuyos problemas debemos compartir solidariamente. A la vista de la bandera de todos tal vez trascendamos muchos desencuentros, muchas banalidades, muchas identidades falsas, muchos egoísmos territoriales culpables. No es malo que el fútbol nos una en torno a la bandera. Es estúpido que sólo el fútbol sea capaz de unirnos en torno a la bandera. Hace un par de años, durante el mundial de Sudáfrica, un prestigioso periodista deportivo encabezaba con orgullo una de sus columnas con este sugerente titular: Pretoria, capital de España En ella se maravillaba del curiosos espectáculo que los autóctonos del país daban exhibiendo camisetas y banderas españolas. Viene a cuento referir la anécdota ahora que aquí también podemos sentirnos españoles sin complejos, en Córdoba y en su Pretorio, en una de las grandes capitales de España...