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96 CULTURA DOMINGO, 6 DE MAYO DE 2012 abc. es cultura ABC JUAN RAMÓN JIMÉNEZ A veces llegan cartas para llegar a fin de mes, y a pesar de que su lengua podía ser proverbialmente triperina, también era Juan Ramón un hombre de buen humor, con el que salpicaba muchas de estas cartas. Y es digno de ver y leer cómo en estos veinte años la veleta de sus cariños fue rotando, como en su desencuentro con Jorge Guillén, por un quítame allá un verso en una revista que lanzó don Jorge, La Rosa de los Vientos Abramos boca con una misiva dirigida a sus vecinos de la calle de Lista, 8, en Madrid: Queridos vecinos: desde que les regalaron a ustedes esa vil pianola, la casa ha perdido toda su dignidad. Esto es a todas horas, y por virtud de ustedes, un cine, un cabaret. En otra, se queja a la Compañía Trasatlántica gaditana por el daño causado por la mala disposición del equipaje en un baúl mío y su contenido de ropa de vestir de señora y caballero. Tampoco se arredra el de Moguer en recurrir al inglés para ajustar cuentas (en dólares) con la Hispanic Society. O es entrañable cuando le escribe a su madre, Purificación Mantecón, en 1917: Acaban de traernos el dulce de membrillo que viene fresquísimo y muy tierno. Pero hay más, y suculento. Sus cartas a los encuadernadores, Sobrinos de Calleja, tras corregir unas pruebas: Cosido: con tela, para que el libro abra bien; al Alcalde de Ma- B Epistolario II muestra la pluma afilada del poeta, pero también su rostro más humano y campechano MANUEL DE LA FUENTE MADRID Juan Ramón Jiménez siempre consideró su correspondencia como una parte más y no menos importante de su producción poética. No en vano, dedicaba horas y horas, con su habitual disciplina y rigor, a remitir y contestar cartas. Con detenimiento y su jenerosidad jotera habitual, con idéntico mimo al que ponía en sus versos o en sus tareas de impresor. En 2006, la primera parte de estos Epistolarios juanramonianos fueron editados por la Residencia de Estudiantes y Alfonso Alegre en una labor ímproba que habría hecho feliz al poeta, alma, corazón y vida de la Resi, su Colina de los Chopos. La recopilación terminaba en 1916, y ahora continúa a partir de ese año y hasta 1936. De nuevo ha sido Alegre quien ha estado al frente de la magnífica edición de este Epistolario II El poeta muestra su lado más humano drid, Marques de Villabrájima, en 1922, recomendándole un impuesto sobre pianolas, fonógrafos, loros... y automóviles y motocicletas con escape; las terribles puyas a D Ors: es verdad pobre Ors, parece usted uno de esos tristes cómicos viejos que van de tablado en tablado... 1923) el cariño hacia Alberti y su Marinero en tierra Ha trepado usted, para siempre, al trinquete del laúd de la belle- FUNDACIÓN JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Trascendencia cultural No se puede obviar la trascendencia cultural y literaria de estas misivas. Sus filias (lo puro, lo límpido, lo bello) sus fobias (lo feo, lo sucio, lo chabacano, lo cutre) sus reflexiones sobre la poesía y los poetas. Pero estas cartas también desfacen entuertos y descubren el rostro más humano del Premio Nobel. Muestran al hijo y al marido, al hombre que echa cuentas za; su hartazgo de los ismos: esa poesía llamada de vanguardia ya está vieja y chocha, a Diego, 1927) Y Azorín en el centro de la diana: Lo que hoy hace (1927) es una sopa vieja, un caldo inintelijente tan característico de usted... Su ex amigo. Y de guinda, sobredosis de ternura. A Gabriel García Maroto (1920) Voy a dedicar el libro a su hija, la mudita, así: Voz para sus ojos Celestina o la corrupción LA CELESTINA Autor: Fernando de Rojas. Versión: Mariano de Paco Serrano. Dirección: Eduardo Galán. Actores: Gemma Cuervo, Olalla Escribano, Alejandro Arestegui, Santiago Nogués, Rosa Merás, Jordi Soler, Natalia Erice, Irene Aguilar, Juan Calot. Música: Tomás Marco. Escenografía: David de Loaysa. Iluminación: Pedro Yagüe. Vestuario: Maika Chamorro. Lugar: Gran Teatro. Fecha: 4 y 5 de mayo de 2012. MIGUEL ÁNGEL DE ABAJO La Celestina, de Fernando de Rojas, pasa por ser una obra irrepresentable. Yo votaría porque fuera de representación obligada. Que sea larga no debería ser causa para su almacenamiento como texto para leer o conservar en un anaquel. El teatro medieval, que le antecedió, podía durar varios días. Eran otros tiempos. Ahora la cultura se mide al peso, al minuto, las cualidades de La Celestina no son compatibles con la ¿civilización? del videoclip, del youtube, ni con las teorías de la educación en competencias y su desprecio de las humanidades, en contraposición a la educación en contenidos. A lo que vamos, ha sido un placer escuchar, aunque sea en resumen, La Celestina en versión de Eduardo Galán, dirigida por Mariano de Paco Serrano, y protagonizada por Gemma Cuervo. En la puesta en escena de esta adaptación hay cosas buenas y cosas negativas. En cuanto a lo negativo se encuentra la parte plástica. En la estética se ha optado por un lenguaje ambiguo, atemporal. La escenografía presenta unos paneles de madera blancos junto a un prisma que gira y se desplaza para sugerir cambios espaciales. Es una escenografía dema- siado concreta, da la sensación de estar sin terminar, sucia, sin tratamiento expresivo, más parece un fondo de ensayo que un escenario terminado. La iluminación no ayuda en nada a la escenografía, es una luz predominantemente general, con escasos matices y sin sentido ambiental. Y, por último, siguiendo con la cuestión plástica, el vestuario, atemporal también, pero feo, poco favorecedor a los actores, y lo que es peor, a los personajes, con colores sosos y tallajes desajustados en algún caso, siendo especialmente feo y tópicamente simbólico el figurín último de Melibea. Estéticamente, el espectáculo deja que desear (chirría el árbol eléctrico del huerto de Melibea) En los aspectos positivos, el reparto. Los actores atinan en la interpretación de sus personajes, implicados en el ritmo y la emotividad de sus encarnaciones. Un acierto la participación de doña Gemma Cuervo, pues siempre es un placer para el espectador saborear la experiencia y las tablas. La dirección de escena ha dota- do al espectáculo de agilidad y emoción, pero en algunas escenas hay ciertas rupturas en la comunicación entre los personajes, lo que debería evitarse a favor de una mejor recreación de la atmósfera emocional de algunas, no muchas, escenas. La música, de Tomás Marco, adquiere un valor ambiental que favorece mucho a la acción, una pena que la parte plástica de la producción no sintonice con la expresividad sonora. De cualquier manera, el texto es tan bueno que hace recomendable asistir a la función. Por desgracia, no abundan las adaptaciones de La Celestina, por lo que resulta especialmente recomendable escucharlo sobre un escenario. La enjundia de la obra, su valía dramatúrgica y literaria, su asombrosa actualidad como reflejo de unos personajes (o sociedad) que se prestan al juego de la corrupción para satisfacer sus intereses individuales, entre otras ricas significaciones que ofrece el texto, hacen que merezca la pena aplaudir la valentía de una producción como ésta.