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94 CULTURA DOMINGO, 6 DE MAYO DE 2012 cordoba. abc. es ABC El laberinto abrirá sus puertas en junio en la Ribera como la primera librería anticuaria de Córdoba con un fondo de más de 80.000 volúmenes donde abundan valiosas obras desde los siglos XVI al XVIII Eternidad de la letra impresa POR LUIS MIRANDA CÓRDOBA E n el Laberinto hay prensas antiguas y estanterías, páginas que conocieron siglos y precios con la de ayer mismo, detrás de un número, mesas y sillas para sentarse a conversar, pero no hay por ahora caja registradora ni lector de tarjetas de crédito. En el laberinto hay un orden exquisito, profesional, para contrarrestrar la pasión dulce y objetivamente desordenada por esos objetos que se depositan como pájaros delicados y se abren como obras de arte minuciosas y deleitables desde el lomo robusto hasta las páginas nada ajadas por el tiempo y los usos. En el laberinto, dicen, se irá menos a comprar o vender que a conversar y estar, como si la vida fuese por allí tan pausada como el río que discurre a pocos metros. El laberinto tiene poco de tal, porque este laberinto es pulcro y diáfano, y quien se pierde será porque quiere parar el tiempo estando entre libros. En las columnas del laberinto, en cemento sin cal, hay escritos con rotulador versos de Wislawa Szymborska y textos de Borges sobre libros y laberintos. Todavía hay que esperar a la caída larga de estas tardes primaverales para cruzar el umbral y entrar al laberinto o, más propiamente, a El Laberinto la librería de anticuario que se está gestando en estos días en la Ribera y que abrirá sus puertas al público el próximo mes de junio. En tiempos hubo en Córdoba sitios donde se podían comprar libros antiguos, pero El laberinto no es una librería de viejo abigarrada y gótica, sino un lugar en el que los libros se ofrecen en secuencia perfecta para que el amante del objeto o el seguidor del contenido los encuentre sin detenerse. Daniel Rodríguez Cibrián es el guardián del laberinto. Salmantino de nacimiento, ha vivido entre libros en su trabajo como bibliotecario profesional, ahora en la Universidad de Córdoba, y también en su vida de bibliófilo, que le ha llevado de cita en cita buscando volúmenes antiguos y valiosos. En la tienda que abrirá en la Ribera habrá unos 10.000 volúmenes, pero en total son más de 80.000 los que ha ido reuniendo a lo largo de los años y los que ahora pone a disposición del público en un abanico de precios y de calidades muy variado. Al fondo, en las estanterías menos a la vista, están las joyas de la corona, libros desde los siglos XVI hasta el XVIII. Entre ellos, uno que muestra como un tesoro, una obra de Juan Luis Vives fechada en 1542, pero también obras de las centurias siguientes tenidas por rarezas y de gran valor. Arquitectura, teología, comentarios bíblicos, breviarios y artes se entrelazan en volúmenes que cuentan su vida por siglos, y que obligan al bibliotecario y futuro librero a reflexionar. Hace unos años existían unos discos informáticos que se llamaban floppy muy grandes. Hoy no hay manera posible de leerlos; están obsoletos. Estos libros se pueden seguir leyendo varios siglos después, aunque para algunos sea necesario saber latín dice para defender lo imperecedero de la cultura impresa. Algo antes, se llega a una de las zonas más copiosas, la de los libros del siglo XIX, una de las etapas doradas para la difusión de la lectura. Daniel muestra La caza de los amantes una novela romántica editada con el mimo y el lujo propio de esta época, tanto en el lomo como en las ilustraciones. Como ella hay muchas. Por otras partes abundan las novelas que se vendían a precios populares y por temas, las colecciones temáticas o de autores, muchas de ellas entre los siglos XIX y XX, y valiosos ejemplares impresos a comienzos de la centuria anterior que a más de un apasionado de la historia o la literatura le harán abrir los ojos como platos. El laberinto será difícil de entender sin la presencia de Sebastián de la Obra. El bibliotecario e impulsor de la Casa de Sefarad se afana en estos días en la clasificación de las obras. Aguilar es mi editorial favori-