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22 PRIMER PLANO Francia Elecciones presidenciales DOMINGO, 6 DE MAYO DE 2012 abc. es internacional ABC Este es un itinerario a través de las angustias y anhelos de los franceses, desde uno los guetos más duros del norte de París hasta el corazón más burgués de la capital La pena de París E ALBERTO SOTILLO ENVIADO ESPECIAL A PARÍS l Sena no pasa por Sarcelles, uno de los suburbios más duros de las afueras de París. Aquí no valen los versos de Verlaine, ni las canciones de Piaf, ni la música de acordeón, ni la dulzura de vivir asociada siempre con la capital de Francia. Estamos en el gueto, en el lado más rudo y salvaje de París. Aquí encontramos a Christophe, joven, blanco y desempleado, que, de mala gana, sin el menor ánimo de conversar, nos espeta: ¿Votar, para qué? Esto no tiene solución. Ni Hollande ni Sarkozy. Ni uno ni otro tienen soluciones para nosotros Insistimos en que, al margen del candidato, alguna expectativa, alguna alternativa tendrá: Ninguna. La gente ya ni siquiera protesta. Se les ha olvidado Y con esa apodíctica frase, concluye la conversación. Nos da la espalda y se larga sin decir adiós. Cuando nos presentamos como un periodista español las gentes de Sarcelles nos contemplan como si fuéramos un extraterrestre llegado de una lejana galaxia. Y cuando hacemos alguna alusión a la situación política de Francia, sienten el mismo interés que si les preguntáramos por el precio de las hortalizas en Marte. Hamid, inmigrante marroquí, nos expli- ca: Nosotros no tenemos derecho a votar, pero no es eso lo que nos preocupa. Nos preocupa que si perdemos el empleo, nos echen del país. Que nos miren con hostilidad. Que nos digan que nos marchemos La mayoría de la gente aquí no quiere dar su nombre, y ni soñar con hacerles una fotografía. Estamos a treinta minutos en tren del centro de la ciudad y, sin embargo, difícilmente puede decirse que esto sea París, ni que las gentes de este barrio sean parisinos. Esto es el gueto: una realidad que, por insoslayable que sea, suele pasar inadvertida para los demás franceses. De vuelta a la urbe, tomamos el metro hasta la estación de Barbés- Rochechouart y, a la salida, nos encontramos en una exótica ciudad a medio camino entre Marraquesh, Dacca y Tombuctú. Magrebíes, africanos, caribeños. Es como si, en unos minutos, hubiéramos viajado al corazón de las viejas colonias francesas. Aquí Abdel y Alí, franceses de segunda generación de origen argelino, de 19 años, sin empleo Abdel y trabajador en un horno de pastelería Alí, se toman la vida con cachondeo hasta para indignarse: ¿Mi problema? -reflexiona Alí- -El racismo discreto de los franceses Lo de discreto en sus labios nos suena surrealista. Hacemos como que no entendemos. Los franceses son unos racistas, pero como son unos hipócritas van de antirracistas. Eso se llama racismo discreto ¿Tú no eres francés, entonces? -Claro que soy francés, colega, Rochechouart, el trópico soy hijo de Francia- -enfatiza entre la coña y la sinceridad- Amo a mi patria. ¿Y eres un hipócrita como todos los franceses? ¡Soy francés, colega! Son ellos los que no se lo creen. Abdel abre una revista. Nos enseña una fotografía de Sarkozy, y nos arenga: Este es el que no se lo cree. El que nos está haciendo la vida más difícil. Para mí, Chirac era mucho más simpático. Mis padres lo dicen todo el rato Alí va a votar a Hollande: Aunque sea una nulidad ¿Y Abdel? -Yo no voto. No me dan trabajo, pues no voto. Cuando me den trabajo ya votaré. Aun está lejos el Sena, pero Barbés- Rochechouard hierve de vitalidad. Mercados, vendedores de tabaco de contrabando, restaurantes económicos, todo el barrio es un inmenso zoco, con ganas de sobrevivir. Ni rastro del Sena, pero tampoco parece que lo echen de menos. Quién más quién menos lucha por tirar hacia adelante y no perder la frenética marcha del barrio. La Bastilla, casticismo Nos dirigimos más al sur, a terreno mucho más castizo, a la Bastilla, en una confluencia de barrios burgueses y populares, con un cierto aire de película de Renoir. Aquí ya casi se escucha el acordeón del Sena. Y aquí encontramos a Azarif. Es difícil hallar en París a un francés cuyo nombre no tenga un rastro de exotismo. Administrativo de 53 años y votante de Hollande: HELENE MANAI Ama de casa, 63 años Reconoce que la crisis todavía no ha entrado en su casa. Disfruta de un desahogado nivel de vida. Pero, explica, es gracias a que su marido trabaja dieciséis horas al días Ella compara a su esposo con el presidente candidato Nicolas Sarkozy: Se baten el cobre. Luchan. Nunca se dan por vencidos Y en velada alusión a quienes creen que ese no es el camino, subraya: Más valdría que así fuera para todos y que nos dejáramos de quimeras NICOLAS Camarero, 24 años ADELAID Cocinera, 23 años Aseguran que en su gremio, en la hostelería, se puede ir tirando. Pero reconocen que también temen que la gente se deje llevar por el miedo y ya no quiera salir de casa ni ir al restaurante No les entusiasma Sarkozy, porque, dicen, es un presidente que crispa a la gente Sus simpatías están con Hollande, aunque admiten que también puede equivocarse como Zapatero y hacerlo todo mal Por si acaso, ellos se van de viaje a Panamá. No son ricos. Pero es el viaje de su vida. Y si llega la crisis, nadie les quitará lo viajado.