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106 DEPORTES Barcelona DOMINGO, 22 DE ABRIL DE 2012 abc. es deportes ABC Real Madrid ASÍ LO DIGO YO Las dos figuras de la liga, frente a frente Messi En la liga... Goles Partidos jugados Asistencias Remates Faltas recibidas C. Ronaldo 12 95 77 41 34 42 35 11 QUIQUE GUASCH 102 79 1 6 0 5 2 2 15 ESTE CUENTO SE ACABÓ En el partido... 0 1 0 3 3 0 16 Goles Remates Asistencias Faltas cometidas Faltas recibidas Balones robados Balones perdidos Y El portugués, que nunca había ganado en el Camp Nou, venció en el duelo particular a Leo Messi y su gol, el 42 en el campeonato, deja al Madrid con el título a tiro La Liga de Cristiano E ENRIQUE YUNTA BARCELONA l clásico anunciaba un duelo tremendo, dos colosos enfrascados en una batalla paralela que traslada a otro tiempo. Messi y Cristiano Ronaldo, goleadores descomunales que pulverizan estadísticas cada tarde- noche, se asomaron al Barça- Madrid con 41 tantos por banda, tan diferentes en sus estilos que no se pueden comparar. Messi ha dado vida a la persecución interminable del Barcelona y Cristiano es el pulmón del líder, orgulloso de un portugués que no gusta en el Camp Nou. Nunca había triunfado en semejante escenario y lo hizo siendo protagonista. Siempre hay una primera vez, su gol 42 es oro. El delantero blanco tiene cántico propio en la parroquia azulgrana y no es precisamente cariñoso. Lejos del color y del escudo, es totalmente antagonista a lo que representa Messi en ese estadio, señalado porque en Barcelona, ahora, no gustan los gestos y los aspavientos. Cristiano es volcánico, eléctrico, exagera más que nadie y desespera por sus formas. Ayer, desde el primer minuto, se le señaló con rabia, pero el protagonista ni se inmuta. Está acostumbrado. Messi y Cristiano son la noche y el día, pero comparten tradiciones en la liturgiadeun partido. Ambos salen los últimos a calentar, ambos salen los últimos en el desfile colectivo que resta poder intimidatorio a un campo y ambos saludan con pocas ganas, muy frío ayer el choque de manos entre ambos. Sin embargo, Cristiano se enciendeantes de jugaryMessitrotaconaparenteindolencia, reservada su energía para lo serio. Son dos jugadores que marcan el estado de ánimo de sus equipos, tan influyente uno como otro pese a los matices que les hacen tan diferentes. Cristiano se subió a la ola en ese despertar efervescente y pronto generó peligro, encargado de ahondar en los agujeros que dejaba la defensa de tres que planteó Guardiola. Corrió por la izquierda como un galgo, apretó a Puyol y obligaba a los locales a un esfuerzo extra para tapar los agujeros, sancionado Busquets con una tarjeta obligada para frenar la embestida. Además, asustó al personal con un cabezazo magnífico a los cuatro minutos que exigió la mejor mano de Valdés, Cristiano en modo encendido. Messi fue más perezoso, pero una vez estiró los brazos asumió el protagonismo de un Barcelona difuso, inco- nexo y algo aturdido a partir del tanto de Khedira. El argentino apareció por vez primera a los seis minutos y, privado de un delantero puro como referencia, se multiplicó para hacer de todo. Se movió por el centro, retrasó su posición para recibir con más espacio y desmontar a los centrales blancos, e hizo de asistente en numerosas ocasiones. En una de ellas, desarbolada la defensa del Madrid porque le perseguía en manada, dejó solo a Xavi y Casillas evitó un gol cantado. En solitario, Messi se iba enchufando. Con la lluvia se apagaron las estrellas y al Barcelona se le fue la luz, minimizado en la reanudación mientras el Madrid se gustaba en la cueva. Messi y Cristiano reflejaron el sentir de los dos equipos porque intervinieron muy poquito, algo más activo el 10 por las necesidades del guión. A los 70 minutos, cuando la noche se consumía sin emoción, Messi cambió el paisaje y cocinó la jugada del empate. Se benefició de la entrada de Alexis, que genera huecos con una facilidad pasmosa, y arrastró a cinco rivales. Entre disparos, intervenciones de Casillas y rebotes, marcó el chileno y Messi, cuatro clásicos seco, lo celebró como si fuera suyo. No valió para nada, solo fueron dos minutos de euforia. De inmediato, después de una maravilla de Ozil, Cristiano Ronaldo burlaba a un mal Valdés y enmudecía al Camp Nou. Este soy yo vino a decir con su festejo. Esta Liga es suya. La carrera de Messi Messi, sin socios El argentino echó de menos la figura de un delantero y se vio demasiado solo en el ataque azulgrana El portugués, decisivo Cuestionado por su papel en las grandes citas, sentenció con un gran gol el Camp Nou se puso en pie, fuera de sí, fuera de todo. Se puso en pie para vibrar, para ver las lágrimas de su Barça, para romperse la garganta gritando, empujando, para bramar contra Undiano Mallenco, dejarse la voz sin ninguna piedad. Se puso en pie para aplaudir a Messi, para empujar a Xavi, para lamentarse con Valdés, con Puyol. Para caer y levantarse, para seguir y seguir y seguir hasta el final. Para llorar con el tanto de Khedira. Un gol que hundía a su equipo por unos segundos que fueron minutos, que fueron el punto y final a una Liga luchada como nunca, querida como nunca, deseada como pocas. Se puso en pie el barcelonismo. Alzó la cabeza. La mirada. Y no agachó el rostro ni le perdió la cara al partido ni a la competición. Mientras hay vida hay esperanza. Mientras hay vida hay esperanza, repetía y repetía el Camp Nou. Y Guardiola movía ficha. Pep, que sorprendió a propios y extraños con un once de inventor- -Tello y Thiago salían de inicio en un claro guiño a la Champions- daba entrada a Alexis que ponía la esperanza en el luminoso y agitaba a un Madrid ordenado, bien dispuesto, con los automatismos aprendidos de carrerilla y recitados de pe a pa y que planteó un partido de trabajo, trabajo y más trabajo, sin florituras, ni excesos. Pero práctico. Seguro. Efectivo. Y definitivo. El estadio explotó una y mil veces anoche. De ilusión, de rabia, de esperanza, de pánico, también de orgullo, de una desesperación intensa en los últimos segundos, de una profunda decepción final con el gol de Cristiano que cerró como una losa esta Liga. No era la noche de Sant Joan, pero el cielo de Barcelona se encendió de fiesta y luto, de orgullo y pena, de alegría y dolor, que fue el regusto que le quedó al coliseo azulgrana con la penumbra de la derrota. Fin del cuento.