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ABC DOMINGO, 22 DE ABRIL DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 17 EL RECUADRO ANTONIO BURGOS ALMOHADILLAS PARA MANZANARES El mayor enemigo del PP es la política de comunicación del PP ¿Q UÉ enemigo le lleva la propaganda, la publicidad, las relaciones públicas y el asesoramiento de imagen al PP? ¿Es acaso Cayo Lara, ese dirigente comunista que tiene nombre de destino turístico baratito del Caribe? -Mira qué oferta más buena de ocho días y siete noches en Cayo Lara, con hotel de cinco estrellas y avión incluido. A mí siempre me parece que Cayo Lara no está en Izquierda Unida, sino que está por Cayo Coco, por Punta Cana, por esa parte de por ahí. ¿O no es Cayo Lara, sino que la propaganda se la lleva al PP directamente Rubalcaba? De otra forma no me explico tanta torpeza. Lo del PP es... ¿Cómo les diría yo? ¿Ustedes vieron o leyeron a Andrés Amorós el triunfo de José María Manzanares en la plaza de Sevilla con los toros de Victoriano del Río, no? Bueno, pues lo del PP es como si Manzanares fuera del partido y tras cuajar dos toros y cortar cuatro orejas, en vez de sacarlo por la Puerta del Príncipe le hubiesen llenado el ruedo de almohadillas. Por decirlo en ese lenguaje de los tertulianos que tanto me divierte por lo ridículoquees con su largo recorrido su hondo calado y su la- que- está- cayendo en la política de comunicacióndel PPfalla siempre lamayor (quédel tertulianés esto de falla la mayor La mayor es que parece niellos mismos se creen que tengan la mayoríaabso- luta, y andan desde el 20- N como pidiendo perdón. Y quien lo dude, que ponga Televisión Española. Más fácil fue para Iñaki Gabilondo tomar Prado del Rey la triste noche del 23- F, con las sublevadas tropas de la DivisiónAcorazadaenlacalle, afinde podertransmitir el discurso del Rey, que para el PP tomar TVE, que aún no la ha tomado. Por seguir con la metáfora taurina de Manzanares, al PP le han dado en TVE los tres avisos, por eso le echan el toro al corral en cada telediario. ¿Quién es el mayor enemigo del PP? ¿El PSOE? Frío, frío como el agua del río. ¿Izquierda Unida? Tampoco. El mayor enemigo del PP es la política de comunicación del PP, la causante de que Javier Arenas fallara en el match ball de la pregonada mayoría absoluta en Andalucía. El mayor enemigo de Rajoy es Rajoy mismo. No se puede ir por la vida y por el mundo como va Rajoy, con el complejazo de la derecha, como pidiendo perdón, aguantando el chaparrón de las críticas a los recortes, la rebelión de la calle, el pimpampún de los medios y la defecación anónima y cobarde de las redes sociales como si él fuera el culpable del desastre económico de España, cuando es Zapatero, que se ha ido de rositas. ¿Vieron lo Rajoy en Bogotá? En Bogotá, aparte de dejarse poner el más ridículo gorrete americanizante de graduación honoris causa que nunca le plantaron a nadie en la cocorota, de risa, porque parecía un fotochó de cachondeo de los que mandan por el Guasapp, Rajoy dijo textualmente: El año pasado tuvimos que pedir prestados 90.000 millones de euros porque gastamos más de los que ingresamos... ¿Cómoque gastamos ¿Qué gastamos ni gastamos ¡Se los gastaron ellos! ¡Se los gastó Zapatero, se los gastó el PSOE en el Gobierno! El año pasado, si mal no recuerdo, Rajoy gobernó sólo unos cuantos días finales de diciembre. ¿Cómo le va a dar tiempo a gastar 90.000 millones de euros en dos semanas? ¡Se los gastó Zapatero en derroches y en despilfarros, en subvencionesyen mamelas yen acallar alossindicatos en el pesebre! Bueno, pues esto no lo saben decir, y parece que el recorte es por culpa de Rajoy. Están incapaces para la lidia y transmiten menos que un gualquitalqui de corcho. Y así se la están metiendo al PP todos los días. Como las dos estocadas de Manzanares. Recibiendo y hasta donde pone Toledo UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO EL CLAVO ARDIENDO La esperanza secreta del asfixiado Gobierno liberal español la encarna ahora un socialista... francés A MÁXIMO HORA va a resultar que la gran esperanza española la encarna un socialista... francés. Francia es un trono republicano como España es una república coronada, y parece que nos conviene que en ese trono se siente François Hollande para ver si afloja el dogal del déficit que dejó Zapatero para que se ahorcase con él Rajoy. Hollande es un político blandiblú moldeado en el canon buenista de la nueva izquierda europea, pero al lado de Zapo viene a ser una especie de Adenauer socialdemócrata: aunque tiene poca experiencia de gobierno, al menos luce un impecable currículum académico y estuvo con el sereno y clarividente Jacques Delors, del que por poco que se le haya pegado ha debido aprender los fundamentos del europeísmo constructivo. Su probable triunfo en las presidenciales galas hace suspirar al Gobierno de Rajoy, que se cuidará- -y hace bien- -de reconocerlo al menos hasta que los votos de la segunda vuelta estén contados; asfixiada como está por el rigor de Merkel, la derecha necesita, o eso cree, un contrapeso que dé oxígeno keynesiano a la severa tutela europea. De Sarkozy poco se puede esperar ya salvo amables puñaladitas por la espalda. Pero ojo porque, si bien de forma inoportuna y algo desleal con la nación que le ha condecorado con el Toisón de Oro, el napoleoncito de Neuilly no dijo más que una verdad antipática: que las políticas de gasto proteccionista del zapaterismo habían conducido a España a la bancarrota actual. Más cierto es eso que el bulo deportivo por el que quisimos ahorcar guiñoles gabachos en la Puerta del Sol. Francia nos ha ayudado poco en los aprietos financieros dictados por Frau Angela, pero en ninguna parte está escrito que gastar lo que no se tiene sea mejor receta que cuadrar las cuentas. Tan claro queda que la doctrina del déficit cero impuesta por Alemania estrangula el crecimiento como que la del bienestar a préstamo ha hundido a Grecia y Portugal y tiene a Italia y a España al borde del abismo. Si es Sarko quien tiene razón, gane o pierda las elecciones, el alegre estímulo socialdemócrata puede tumbar definitivamente el euro. Ocurre que en política resulta muy desagradable imponer sacrificios y mirar a la gente con cara de perro, y por eso al Gobierno español le vendrían bien siquiera unas décimas de alivio en el ajuste. Hollande aparece así como un clavo ardiendo al que el marianismo podría agarrarse con disimulo para eludir el acoso doméstico de Rubalcaba. Sería algo así como el reflejo inverso de la entente cordiale que el felipismo mantenía con Thatcher y Kohl, sólo que éstos estaban hechos de madera más recia y menos maleable. Pero no deja de parecer una- -otra más- -claudicación de principios; al final, la derecha española no encuentra nunca otro camino de autojustificación que el de someterse a la hegemonía doctrinal de la izquierda. Lo llaman, para consolarse, pragmatismo.