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22 CÓRDOBA Domingo de Resurrección Córdoba LUNES, 9 DE ABRIL DE 2012 cordoba. abc. es ABC La hermandad de Jesús Resucitado disfruta de una mañana triunfal y radiante de luz desde su camino por el barrio de Santa Marina hasta una despedida por calles atestadas Que vuelva a empezar como acaba H LUIS MIRANDA CÓRDOBA abía que mirar el cielo, saborear el frío dulce que se retira con arrobo gentil para que el sol casi desconocido no agobie demasiado, respirar hondo los azahares que han tenido la gentileza de esperar hasta el final en esta fiesta que también es suya y gritar para dentro: ¿como empieza o como acaba? Habrá que contar que por los laberintos de la memoria lo último que quedará de la Semana Santa será una mañana sin tachas ni miedos, una mañana que tiraba de la cama porque no había techos que resistieran el azul escandaloso, una mañana que más que espera para 350 días de recuerdo y preparativos, de paladeo lento y añoranza cierta en el momento que menos se quisiera, es el comienzo de una nueva esperanza en un día que tendría que haber sido como el de ayer. ¿Como empieza o como acaba? ¿Qué sabor guardar de la Semana Santa si al irse la Virgen de la Alegría era un poema de frescura primaveral donde no se sabía si el palio brillaba por la malla de oro o por el sol purísimo que lo bañaba todo de un color que ya será casi imposible que se vaya antes de doblar el cabo de dos estaciones completas? ¿Hay que mirar y lamentarse o esperar confiado, rezando con fuerza para que el cielo no mueva la calma de ayer? ¿Quedan esperanzas después de dos años clamando y mirando probabilidades y borrascas, vientos y descargas inoportunas? ¿Como empieza o como acaba? La primavera era más que el presentimiento casi invernal de los días en que la luz empieza a ganar la partida, la primavera era una victoria como la cruz que enarbolaba el Señor Resucitado en la mañana clara en la que Córdoba le decía adiós a la Semana Santa. El sol hería los ojos con la claridad escandalosa, refulgía en el oro del paso y deslumbraba como a la gente de su tiempo les tuvo que cegar la Resurrección de Jesús. Por la calle lajana, iba ganando forma el oro ya tomado, como van siendo por la solera los pasos de Córdoba que alguna vez, ahora lejana, fueron en madera, blanco de flores en color prestado de las casullas que dominarán toda la liturgia desde ahora hasta Pentecostés y el azul de las capas de los romanos. En el centro, como un Pregón Pascual eterno y sin palabras, el Señor Resucitado, triunfante sobre una muerte que en la clara mañana parecía imposible. Como si se evitara la despedida y tampoco se quisiera privar a los cordobeses de los últimos disfrutes, la banda de la Estrella, debutante este año detrás del Señor, no paraba en su recital matinal, y las trompetas le sonaban a triunfo de la vida y de los sentidos. La Virgen de la Alegría lucía aplicaciones bordadas al techo de su palio con una gran gloria central, pero nada lucía más que la sonrisa en la intimidad de la calle de los Moriscos y en la grandiosidad silvestre de San Agustín. Se iba al Mediodía y cada vez era más primavera, y casi se presentían los patios y las flores menos tempranas en las macetas. ¿Como empieza o como acaba? Esperanzados incurables, soñadores impenitentes, niños ilusionados sin solución, se seguirá esperando el cielo de ayer para todos los días que vendrán desde la todavía lejana víspera de la Anunciación. Arriba, salida del Señor Resucitado a contraluz. Sobre estas líneas, la Virgen de la Alegría. A la izquierda, las bambalinas del palio reflejadas en una casa y uno de los nazarenos de la hermandad ROLDÁN SERRANO