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8 ENFOQUE LUNES, 9 DE ABRIL DE 2012 abc. es ABC Benedicto XVI saluda a la multitud congregada ayer, Domingo de Resurección, para recibir la bendición urbi et orbi del pontífice AFP Domingo de Resurrección Una voz luminosa contra las bestias ÁLVARO MARTÍNEZ Hace quince días estaba en Cuba, adonde había llegado después de una visita a México y del consiguiente viaje oceánico de ida. Regresó a la cátedra de Pedro para el Viernes de Dolores, pórtico y retablo por donde la Cristiandad entra todas las primaveras desde hace dos mil y pico años para rememorar la muerte y resurrección de Cristo, piedra angular de la Iglesia Católica y de la Historia de la Humanidad. Su agenda en estos días santos ha sido agotadora y recordaba al titánico esfuerzo de aquellos días estivales junto a la juventud de todo el mundo en la JMJ de Madrid. Un anciano de 85 años aclamado por un millón de jóvenes... Agotadoras jornadas sí, pero siempre gozosas, pues Benedicto XVI se ha rebelado contra su aparente fragilidad y la imagen de lejanía que sus críticos (todos, curiosamente, ateos) han intentado proyectar sobre él para oscurecer, infructuosamente, la figura de quien es considerado como uno de los gigantes intelectuales europeos de este quicio entre siglos y un ejemplo de piedad, justicia y amor al prójimo. En estos siete años de pontificado que se cumplen el próximo día 19 (abril es una constante en su biografía) Ratzinger se ha consagrado como una referencia moral insoslayable en un mundo en crisis, donde aún habitan demasiados tiranos (Cuba, Siria, Corea del Norte... empeñados en someter al hombre, expresión máxima de la obra de Dios para los creyentes. De nuevo, y como todas las primaveras desde hace dos mil y pico años, decimos, ayer fue Domingo de Resurrección, el día de la libertad de todas las criaturas para con Dios y de las unas para con las otras como dejó dicho Benedicto XVI en la vigilia del sábado frente a las milenarias piedras de aquel Coliseo donde los primeros cristianos eran servidos como alimento de las fieras; esas mismas bestias que hoy riegan con la sangre de su pueblo las calles, de Damasco por ejemplo, y contra las que clamó ayer la voz luminosa del Papa. SOCIEDAD