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ABC SÁBADO, 7 DE ABRIL DE 2012 abc. es ABC delOCIO 75 El cineasta, junto a la imagen de los protagonistas de su película, Leonardo DiCaprio y Kate Winslet También han bajado las ventas de DVD, abunda la piratería por internet, y la industria en general es frágil. Da la impresión de que la totalidad de Hollywood se encuentra a la defensiva en este instante. No se trata solo de añadir un 3 D chapucero a cualquier cosa, como se hizo hace un par de años cuando explotó el boom, sino de hacer que la película y la historia crezcan gracias a la tecnología. -Por cierto, hace poco ha declarado que le gustaría que E. T. e Indiana Jones se pasasen también al 3 D. ¿Alguna propuesta más? -Ya lo creo, tengo una lista enorme, pero, además de las que ha mencionado, incluiría El Padrino 1 y 2 Ah, y sin olvidar El Señor de los Anillos De hecho, he hablado con Peter Jackson, que está rodando sus dos Hobbits en 3 D, y coincide conmigo en que sería una experiencia espectacular. Creo que todos podemos imaginar cualquier película en 3 D. ¿Incluso otra de las suyas, como Abyss aprovechando su reciente paseo por la fosa de las Marianas? -Puede ser. Pero Terminator tiene más papeletas. A veces la imagino así. Vamos a ver el resultado de Titanic 3 D en la taquilla, y ya le diré. Viva la excusa C ien años después de la colisión y hundimiento del Titanic, y quince desde que lo reflotara Cameron en una película tan colosal y resistente que el mayor iceberg no sería más que una escama de hielo en una copa de martini, aparece con pretensión de flamante este Titanic 3 D La primera y pertinente pregunta que emerge es si le cabe y le aprovecha a esa monumental obra maestra una dimensión más... ¿Puede ganar profundidad o dar una mayor sensación de estar allí dentro una película que ya conseguía meterte hasta el fondo sin la ilusoria creación de tridimensionalidad? Lo cierto es que Titanic se ha procurado esta tercera dimensión después de ganarse la cuarta, la del tiempo: está tan fresca, húmeda, reluciente e inatacable ahora como el día de su estreno y como, probablemente, dentro de décadas, pues conserva intactas todas sus cualidades; y hasta tal punto, que por el solo hecho de volverla a ver en su grandeza y esplendor merece la pena este 3 D impostado. No tarda uno en acostumbrarse desde las primeras escenas a los efectos de esa nueva dimensión, que consiste en ver la película, en lugar de en una pantalla, en una especie de cajón profundo por el que la cámara avanza hacia la impresión de fondo Todo el arranque, con la búsqueda (infructuosa) del diamante, con la vuelta atrás en la memoria de la anciana Rose DeWitt, la llegada del pasaje y la botadura, el encuentro de esos dos mundos, el de la joven Rose y el del animoso y encantador Jack Dawson... La profundidad y el magnetismo de la historia consiguen de nuevo embaucarte de tal modo que el efecto tridimensional pasa de puntillas ante lo que es la película en sí, un monumento lleno de emociones que aplana todo lo demás, incluso todos esos momentos imposibles desde el punto de vista de la lógica narrativa (vemos la historia a través de la memoria de la anciana, pero también vemos conversaciones y situaciones que ella no vivió y que no puede ni recordar ni transmitir, pero... Y, ya en los tramos finales, cuando el Titanic cumple su destino, es cuando el espectador vuelve a reparar en las gafas del efecto, tanto por la espectacularidad de los momentos, con el trasatlántico convertido en un edificio que se derrumba, como por el hecho de que la tendencia de los ojos a humedecerse te hace reparar en ellos. En fin, que si el 3 D era una excusa para que emergiera el formidable Titanic pues viva la excusa. OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE