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38 SEMANA SANTA SÁBADO, 7 DE ABRIL DE 2012 cordoba. abc. es ABC VIERNES SANTO La hora más larga de la historia Un tremendo aguacero sorprende en la calle a la Virgen de los Dolores, que se refugia en la Catedral, y obliga a suspender al resto de cofradías Por LUIS MIRANDA E desbordó con su hiel el caliz más terrible del Viernes Santo, se tornaron las calles Calvario cruel para una cofradía y para todo el que estaba en las calles preguntando por qué tenían que pasar por aquella cruz de tristeza, por qué cuándo alguien preguntaba por lo que había debajo de los plásticos, diluviando camino de la calle de la Amargura terrible que esperaba por Conde y Luque y Deanes, había que responder que era la Virgen de los Dolores. Si algo pasa en la ciudad es porque Ella quiere, y ayer quiso que el Viernes Santo no fuera meditación de cruz, ni entierro de Cristo, ni acompañamiento a la Soledad, ni oración ante la devoción profunda que recuerda los rezos de quienes lo hicieron antes, sino un Viernes Santo de verdad, un sufrimiento que no se secará con los charcos, sino que se quedará en el corazón mucho tiempo. Pocas horas se han hecho más largas en la historia de Córdoba como la que transcurrió entre las seis y cinco y las siete y diez de la tarde del Viernes Santo. El cielo era un mosaico de malos augurios, pero la hermandad de los Dolores anunció, con no poca sorpresa, que haría estación de penitencia. El Cristo de la Clemencia marchaba con su paso largo habitual y rosas rojas buscando la Catedral, el lugar que señaló la Virgen hace cinco años como meta cierta. Iba la Señora de Córdoba también con presteza, escoltada por rosas, inmutable en su estampa de siempre, con la mano derecha en diálogo con el pueblo y la saya roja. En Las Tendillas el cielo era gris S Los pasos de Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro y de Nuestra Señora del y muy amenazante y al poco, cuando la Virgen de los Dolores estaba junto al Conservatorio, comenzó a llover. Primera estación de la Vía Dolorosa. A esa misma hora, a las seis de la tarde, el Descendimiento supo que su estación de penitencia sería tan dura como la del año pasado, porque los pasos no se moverían de su sitio y el barrio, que siempre respira al son de su hermandad, tendría que agolparse en la puerta para venerarlos. El misterio, claveles rojos con iris morados, dejaba ver su teatralidad y la Virgen del Buen Fin, cada año avanzada en su refinamiento para vestir, tampoco pasearía su aura en el año en que la cofradía quería recordar al sargento Joaquín Moya Espejo, costalero del palio, que falleció en combate en Afganistán el pasado mes de noviembre. Por Blanco Belmonte la Virgen de los Dolores avanzaba con mucha ligereza. La lluvia arreciaba y no era un chispeo ni un susto. Allí se paró y comenzó la difícil tarea de tapar con un plástico a la Señora de Córdoba. Era el mismo momento en que tenía que salir la hermandad de la Soledad. Su hermano mayor contaba después que todas sus previsiones eran de lluvia y que en la cofradía siempre temieron que se volverían a quedar otro año en casa. La Virgen, dispuesta con toda la sencilla elegancia de su cofradía, presentaba en el frontal del paso una reliquia de San Francisco de Asís, entre los iris que siempre respaldan La saya roja AUNQUE LA COFRADÍA DE LOS DOLORES IBA ESPERANZADA, AL LLEGAR A LAS TENDILLAS EL CIELO DABA MIEDO