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32 SEMANA SANTA SÁBADO, 7 DE ABRIL DE 2012 cordoba. abc. es ABC JUEVES SANTO BBB La Sagrada Cena tapó su misterio con plásticos y cruzó muy rápidamente Ciudad Jardín camino de casa. No había tiempo para un misterio que no tiene más que un lugar en que resguardarse: su propio templo. A las diez el Jueves Santo era apenas un rescoldo que permanecía vivo con algunas cofradías atajando por las calles para volver a sus casas. Las Angustias tenía todos los pronósticos en contra. A la hora en que tenía que haber salido se había pasado del leve chispeo a la lluvia constante. Por segunda vez consecutiva, el restaurado grupo escultórico de Juan de Mesa no se vería en las calles de la ciudad. A las once menos veinte, el tambor rápido que cruzaba el barrio de Poniente se transformaba en el himno nacional. A esas horas ya no eran el miedo ni la amenaza, era la pura, durísima realidad del agua. La Virgen de la Soledad había hecho el camino entre la Malmuerta y su casa sin una sola parada. Jesús Nazareno no paró en San Andrés. Era casi a la hora en que la Virgen de las Angustias se mostraba a los fieles en alfombra de iris morados y rosas rojas en las jarras, delicada y sin embargo poderosa para resplandecer como si no hubiese otra cosa. Llovía a medianoche y tampoco la Buena Muerte tuvo dudas. Una hora después, la luna se dejaba ver en el cielo y la lluvia impertinente e intermitente de estos días se había marchado. Absurda visita en un año seco que no ha tenido más borrasca que la que amarga y entristece la Semana Santa. El Cristo de la Buena Muerte iba sobre un monte de claveles rojos después de bastantes años de iris morados, y su silueta oscura enamoraba en la noche de San Hipólito. La Reina de los Mártires prestaba toda su inmensa luz a la iglesia oscura, bella y cantada por su plata, sus bordados y las rosas blancas que ya le son inseparables. Al salir la lluvia era un recuerdo ingrato en los charcos, una maldición que apenas ha venido para dejar el regusto amargo del infortunio. Nazareno con el escudo de la Caridad M. A. La Reina de los Mártires Penitentes de la Buena Muerte en su templo M. A. EL CRISTO DE LA BUENA MUERTE RECUPERABA EL MONTE CALVARIO DE CLAVELES ROJOS Y SE ILUMINABA CON SUS FAROLES DE MADERA TRAS UN OPTIMISTA INICIO, POCO DESPUÉS DE LAS NUEVE Y MEDIA EL JUEVES SANTO SE IBA DESMORONANDO El Señor de la Caridad a su paso por la Carrera Oficial M. A.