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ABC SÁBADO, 7 DE ABRIL DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 17 EL NORTE DEL SUR VIC RAFAEL ÁNGEL AGUILAR SÁNCHEZ LA CERA ESCUÁLIDA Ellos no se daban cuenta pero la tarde estaba herida de muerte y la noche iba a acabar antes de empezar L han de acudir cada día a los comedores de Cáritas, no se haya producido el cambio deseado para lograr que nuestra Andalucía dejara de ser la región mas inculta de España, con mayor numero de analfabetos, con mayor paro, con menor renta per cápita y mayor pobreza. He de reconocer que han sabido mantenernos en la ignorancia para no saber igual que ellos y así poder pedirles responsabilidades. Señor Rajoy, una gran mayoría de españoles le han dado el gobierno y con ello el poder y la fuerza, úsela sin ningún tipo de reparo y suprima de los próximos presupuestos generales todo tipo de subvención o prebenda a sindicatos y afines, y exija responsabilidades a aquellas autonomías con gobernantes que quieren seguir viviendo a todo lujo e incluso esnifando cocaína con el dinero de los sufridos contribuyentes. Sepa que por estas tierras andaluzas se piensa que en caso contrario, llevándonos nuestros depósitos bancario a otras regiones españoles donde se paga menos y existen gobernantes honrados, evitaríamos seguir sufriendo esta continua rapiña. ANTONIO MOLINA BERLANGA LUCENA Desde que ha comenzado el mundial y después de dos citas por los circuitos del mismo, una en Australia y otra en Malasia, la valoración en su conjunto es más que positiva. Antonio Lobato, el periodista español especializado de este deporte, se ha deslizado desde La Sexta a Antena 3, y en este arrastre ha crecido en medios, horario, sabiduría y crecimiento profesional. Los aficionados a esta especialidad del motor poco a poco nos vamos adentrando en este elitista deporte de manos de sus comentarios, entrevistas y sobre todo a los medios que les ha facilitado Antena 3 televisión para que las retransmisiones resulten espectaculares a la vez que las tomas y sus repeticiones. La desilusión a los aficionados nos llega de la mano de Ferrari y del nuevo coche, que después de presumir que habían trabajado en él más de 900 personas, el producto final no pasa ni el aprobado teniendo unos resultados más que discretos en el asfalto y en las parrillas de salida. La chista la pone Alonso que bajo esos guantes guarda unas milagrosas manos capaces de hacer volar al que sólo puede medio correr. ANTONIO PORRAS CASTRO VILLAFRANCA DE CÓRDOBA mente, maravillosa mente, que dirige los trazos. En el papel, un dibujo; en el dibujo, una historia; en la historia, un titular. El arte convertido en noticia, la noticia expresada con el arte. Un don que muy raramente Dios concede a los mortales, pero cuando lo hace, la vida parece infinitamente más alegre. El último contador de historias, dibujador de la humanidad y cronista de España, nos ha dejado definitivamente. Mis células grises van notando su ausencia mientras escribo- -tarde, ya lo sé- -este humilde epitafio. Una pata del sillón donde me asiento, y como yo otros muchos, se ha caído; y no habrá recambio lo suficientemente bueno para recomponerlo. Antonio Mingote nos ha dejado, eso sí que es un auténtico desastre, y no podemos hacer nada para que vuelva. Simplemente, mirar de vez en cuando al cielo y suplicar que nos ilumine con su luz, y esperar que nuestras saturadas memorias tengan todavía espacio para acogerlo. Adiós, Maestro. ÍÑIGO VILLACIEROS Y MANSO DE ZÚÑIGA MADRID La Fórmula 1 se casa con Antena 3 Antena 3 ha apostado muy fuerte por la adquisición de los derechos televisivos de la F 1. Mingote, o el arte convertido en noticia Una mano que esgrime una pluma, una pluma que con su tinta esculpe un prodigio, y una Pueden dirigir sus cartas y preguntas al director a: Por correo: C San Álvaro, 8, 1 3. 14003 Córdoba Por fax: 957 496 301. Por correo electrónico: cartas. cordoba abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. LEVABAN la resignación encima como si fuera su penitencia. Habían salido de casa al poco de la sobremesa, unos en dirección a Poniente, otros a San Agustín y después a la cuesta de San Cayetano. Caminaban con prisa con sus chubasqueros, con sus paraguas, con sus imperfectas bolas de aluminio ensartadas a varillas mínimas. Iban de la mano de sus mayores pero pronto hacían fuerza para liberarse. Como si estuvieran reivindicando por primera vez un lugar en el mundo. El mundo, su mundo, era un sitio en un adoquín de la calle Mayor de Santa Marina, una señal de tráfico en la que recostarse al final de Alfaros, una bola de algodón dulce, una bolsa de pistachos de un puesto itinerante. Estorbaban de pronto los hombros adultos en los que siempre habían querido encaramarse: se afanaban por zafarse de las ataduras domésticas y por aproximarse sin compañía alguna al misterio que auguraba una vaharada de incienso en Ramírez de las Casas Deza. Llegaban los penitentes y les gustaba ir solos al encuentro de sus cirios recién encendidos. Descubrían a un tiempo la generosidad del que no dudaba en alimentar sus bolas de cera y el recogimiento de quienes los ignoraban con un desaire desaprobador. Ellos no se daban cuenta pero la tarde estaba herida de muerte. Andaban tan ocupados contando cuántos discípulos había sobre el paso de la última cena, estaban tan pendientes de los nazarenos que veían descalzos, del bisbiseo de las mantillas, del porte de los costaleros ciegos de tanto que se habían bajado sus tocados, de las órdenes marciales de los capataces, tan embebidos e hipnotizados se confesaban por el ciempiés que portaba cada paso que no podían ni querían saber que el final estaba muy cerca. Que la noche iba a acabar antes de empezar. Que los penitentes que subían por el Realejo hasta San Pablo devolverían en un rato sus túnicas a la percha. Que los costaleros de negro que bebían, comían y fumaban en La Trabajadera se acostarían sin una molestia en la nuca. Que los legionarios tendrían que aligerar aún más su paso para que el Cristo al que custodiaban no sufriera por la lluvia. Que la plaza de Santa María de Gracia iba a llenarse de fieles no en la madrugada sino en un momento, lo que tardase en consumarse la tormenta. Lo que tardase el cielo rojizo de la anochecida en volverse turbio y hasta furioso. Lo que tardase la radio en dar la noticia de que las procesiones volvían a su casa mientras se vacíaba la carrera oficial. Lo que tardasen los tambores en quedarse sordos y las cornetas en apagarse de pura pena y melancolía. Lo que tardasen los bares en llenarse como refugios antiaéreos de urgencia. Lo que tardasen las bolas de cera en regresar a casa casi tan escuálidas como salieron.