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ABC SÁBADO, 7 DE ABRIL DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL BURLADERO CARLOS HERRERA TRANQUILOS, EL DOMINGO RESUCITA La economía española está metida en un sepulcro y es trabajo de todos resucitarla. Confiemos... E S muy difícil transformar la realidad. Tanto como convertir en oro cualquier metal. Los datos fríos, ásperos, desagradables como unarañazoen laespalda, sóloinvitan aldesaliento. Los españoles que anteayer salieron de viaje a cualquier parte lo hicieron, también, huyendo del bombardeo seco de las cifras y de la negra espesura del futuro inmediato. Siquiera unos días para olvidar que estamos pasando por el túnel más largo, negro e irrespirable de nuestra historia moderna. ¿Hay lugar para el optimismo? Cuando el anterior Gobierno de España pedía a losmedios y atodos los interlocutores socialesunesfuerzo patriótico para ser optimistas y no nombrar enexceso la bichade la crisis, sabemos que estaba pidiendo disimular, mirar para otro lado, evitar brotes realistas que sonaban como puñaladas en el esparto. Lamentablemente, aquél gobierno fue el primero en creerse el cuento de que, disimulando no ver la realidad, ésta cambiaría su rostro. Los polvos acabanmudando en lodos y hoy es el día en el que un gobierno quepresume de decir la verdad tiene queafrontar un segundo ciclo de reformas estructurales para capear el asalto de aquellos que nos tienen que prestar dinero para seguir con la luz encendida. Y dice a diario que lo que nos espera es duro y severo. ¡Como si lo que nos ha traído hasta aquí no lo hubiera sido! La pregunta que a menudo nos hacemos los que acarreamos las noticias hasta el público en general es si nos falta un tinte de esperanza en nuestro relato. No se trata tanto de no decir lo que pasa como de añadir un mapa de salidas de emergencia para aquellos que sienten verdadero agobio por el tránsito de las cosas. ¿Lo estamos haciendo? sinceramente creo que no. El Gobierno ha afrontado en sus primeros cien días de existencia una agendareformista ciertamente quirúrgica: lospresupuestos hanparecidoun catálogo de podadoras industriales, la reforma laboral ha cambiado el mercado de trabajo renqueante desde el franquismo, los impuestos y las tasas han subido hasta límites inauditos en la Europa comunitaria, una férrea ley de estabilidad va a prohibir gastar a cualquier tipo de gobierno más de lo que ingrese y una polémica amnistía fiscal va a intentar rascar algún dinero de los bolsillos de aquellos que se llevaronla pasta enbilletes de 500 al agujero negrode Suiza. Todo ello, sin embargo, noha bastado para que de forma inmediata se vean resultados tanto en las cifras de paro como en los indicadores que valoran la salud de nuestra deuda y nuestro atractivo como receptáculo de inversiones. Ello lleva, inmediatamente, al desaliento. Como si nobastasecon ello, los compradores de deuda quieren más, y Bruselas exige más, lo que nos lleva a preguntar: ¿Cómo estaba esto entonces para que ni siquiera amputando mejore el enfermo? ¿Qué más esperan que podamos hacer los españoles después de sufrir lo anteriormente dicho? Ahí, supongo, entra lo del mapa de salidas de emergencia. En este Viernes Santo de luto, algunos aliviamos la pena histórica de la muerte del Hijo de Dios con el convencimiento y la certeza de que el Domingo resucita y viaja a los cielos. Hay que creer, basar la esperanza en el convencimiento de que pagando lo que debemos volveremos a crecer, y confiar en que se resucita si se emplea la cabeza y la prudencia. La economía española está metida en un sepulcro y es trabajo de todos resucitarla. El paro tardará en virar su tendencia, pero lo hará, en contra de lo que creenalgunosde forma agorera. ElPIB repuntaráantes o después y los inversores volverán a apostar por las empresas españolas. No será hoy, que es viernes, pero sí en un par de días (un par de años) cuando llegue el domingo. Confiemos... UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO RAÍCES Bajo la bella mixtificación de fe, cultura y sentimientos hay un sustrato espiritual que da sentido a la fiesta del perdón D MÁXIMO EBAJO de todo está la esencia. Debajo de la fabulosa mixtificación de fe, cultura y sentimientos que es la Semana Santa; debajo de su estilizada representación de la Pasión embellecida por el arte y el refinamiento; debajo de la música, la algarabía, el folklore, el espectáculo y la celebración colectiva; debajo de la explosión sensorial de la primavera hay un sustrato de espiritualidad que da sentido a la fiesta del perdón. Una base de idealismo moral que sostiene desde la pureza los fundamentos de la gran explosión estética. Este año una pequeña cofradía sevillana, la Vera Cruz, decidió el Lunes Santo salir sin las imágenes titulares a efectuar su estación de penitencia. Llovía o amenazaba lluvia y no era sensato poner en riesgo un patrimonio artístico y sentimental preservado durante siglos con la delicadeza de un misterio. En un momento de lucidez los rectores de la hermandad recordaron los fundamentos de sus reglas y renunciaron a la legítima exhibición de sus tesoros tallados para cumplir el mandato sustancial de su razón de ser. Una reliquia, el Lignum Crucis, escoltada de nazarenos y a la calle: la procesión desnuda, neta, medular, seca, primordial. Un recorrido simbólico de reivindicación de fe, sin paradas y en silencio. A rezar a la Catedral y vuelta por el camino más corto, sin narcisismo autocontemplativo, como manda el canon de lo que en sentido estricto no son sino congregaciones de seres humanos unidos por el lazo intangible de un proyecto espiritual común. La iniciativa de la Vera Cruz, anclada en las raíces originales de la Semana Santa, ha causado perplejidad en el público y desconcierto en el mundo cofrade, en ese complejo universo de capillitas sobre cuyo entregado esfuerzo se levanta la estructura gigantesca de una fiesta de enorme repercusión colectiva. De alguna forma ese retorno iniciático ha recordado con su ejercicio de fundamentalismo elemental todo el sofisticado artificio- -hermoso pero al fin y al cabo prescindible- -que el tiempo y la costumbre han ido acumulando sobre las raíces de una fiesta basada en un hecho religioso y moral. Una fiesta del alma. Y ha predicado con un ejemplo ascético, primitivo, árido, casi antipático, la convicción de que el Dios en cuya creencia se basa todo esto está en todas partes, y de que las imágenes representan a Cristo y a la Virgen pero su representación más trascendental es la que habita en la conciencia íntima de cada uno. Es cierto que una Semana Santa integralmente pura no convocaría tanta expectación ni tantas emociones, ni atraería al turismo, ni agitaría la economía, ni sería la fiesta abierta y completa que ahora es sino una liturgia más hermética, minoritaria, esotérica. Pero está bien que de vez en cuando alguien retorne sobre los pasos de la Historia y busque en el fondo de la ritualidad el sello humilde, auténtico y germinal de los principios.