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ABC LUNES, 2 DE ABRIL DE 2012 abc. es sociedad SOCIEDAD 85 VADE MECUM JORGE TRIAS SAGNIER LA RESURRECCIÓN DEL GALILEO E La Hermandad de Jesús Despojado no pudo realizar su estación de penitencia a la catedral FELIPE GUZMÁN La lluvia desluce en Sevilla las primeras procesiones de la Semana Santa LAURA DANIELE MADRID Las procesiones del Domingo de Ramos inundaron ayer las calles españolas de palmas blancas para evocar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. La jornada, con la que se da inicio a la Semana Santa, estuvo marcada en general por el buen tiempo, salvo en la mitad occidental de Andalucía y sobre todo en Sevilla, donde al cierre de esta edición varias tuvieron que ser suspendidas debido a la amenaza de lluvias. La primera en no salir fue la de la Hermandad de La Paz. Tras agotar la prórroga de una hora concedida por el Consejo de Cofradías, el hermano mayor de la hermandad, Santiago Arenado, tuvo que anunciar a los 1.700 nazarenos que esperaban en la parroquia de San Sebastián de la capital hispalense que la Junta de Gobierno de la hermandad había decidido por unanimidad no salir. Una situación en la que se vieron al menos otras tres de las ocho hermandades que salen el Domingo de Ramos. Entre ellas, Jesús Despojado, La Cena y La Hiniesta. La lluvia también malogró ayer numerosas procesiones de la provincia sevillana como en Huévar del Aljarafe, donde un chaparrón obligó a La Borriquita a refugiarse a mitad de trayecto en la sede de la Hermandad de la Sangre. Otras ciudades, como Valladolid, Málaga, Madrid o Elche (Alicante) corrieron con más suerte. Cerca de 50.000 fieles acompañaron en esta ciudad alicantina los desfiles procesionales con sus palmas artesanales, una tradición que se remonta a finales del siglo XIV. Sencillas, rizadas y con adornos complejos, como flores de solapa y trenzadas con ramas de olivo, fueron las más comunes este año, en el que se produjeron más de 200.000, el 70 para exportar. Este año y como desde hace siglos, la localidad- -que ha logrado convertirse en referencia de esta fiesta litúrgica gracias a la elaboración de sus palmas- -hace entrega de este producto artesanal a distintas personalidades ilustres. Entre ellas, al Papa Benedicto XVI, que son las que utiliza en la tradicional misa del Domingo de Ramos en el Vaticano. sta semana que hoy comienza, cuando se conmemora la pasión y muerte de Cristo, termina con el momento más sublime de la historia: la resurrección del Dios que se había hecho hombre. Confieso la conmoción que me ha producido el estudio que el filósofo Javier Gomá publicó hace unos días en el suplemento Culturas de La Vanguardia, en el que analizaba, entre otras muchas e intrincadas cuestiones, la humanidad del Cristo, ese profeta pobre, ágrafo, sin estudios y alejado de las esferas de influencia que murió en una cruz sacrificado de forma infamante. Nadie discute la ejemplaridad de ese individuo reconocida de forma unánime incluso por aquellos a quienes repugna la idea de cristiandad Sobre su historicidad, lo que se puso en duda en algunas épocas, nadie duda ya a poco que haya investigado. Que fuese el hijo de Dios eso ya es una cuestión de fe reservada a quienes nos consideramos, con mejor o peor fortuna, sus seguidores, pertenecientes o no a la Iglesia católica. Nadie le niega ese mérito- -su ejemplaridad- ni siquiera quienes, en las últimas centurias, han dedicado una crítica devastadora al cristianismo, los cuales, inevitablemente, han retrocedido ante la persona del Galileo ¿Se apareció Jesús a sus seguidores, viviente, individual y corporal después de su muerte? plantea Gomá. Si Cristo resucitó, verdaderamente nos encontraríamos ante el incontrovertible hecho de que ese judío de Galilea poseía naturaleza divina. Coincido con Gomá en que lo narrado sobre Jesús después de su muerte en los Evangelios es cuestión de fe: la resurrección convencería a sus discípulos de su condición extrahumana y de ahí la explicación sobre la expansión universal del culto. Es, pues, en la resurrección donde los cristianos encontramos el poder salvífico de la figura de Cristo. Su muerte- -como la nuestra- -solo sería el medio para nacer de nuevo en una vida plena y eterna.