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74 ABCdelDEPORTE LUNES, 2 DE ABRIL DE 2012 abc. es ABC Federico Martín Bahamontes El Águila de Toledo El mejor escalador de la historia se hizo famoso por un helado en plena carrera LEER LOS CLÁSICOS ANDRÉS AMORÓS puesto 25 de la clasificación general, pero ganó la montaña. D F e chico, leí en un diario deportivo la entrevista con un ciclista español que iba a correr por primera vez la Vuelta a Francia. Confiaba en su familiaridad con las cuestas toledanas, para afrontar los picos de los Alpes y los Pirineos. No se equivocaba: ganó el premio de la montaña. Jacques Goddet, el director del Tour, lo bautizó como El Águila de Toledo Decía que él escalaba como otros bajaban: a tumba abierta La afición francesa le llamó El Picador por cómo se levantaba del sillín, para propinar sus famosos hachazos De 1954 a 1965, obtuvo 74 victorias; en el Tour pasó 51 puertos en cabeza. Fue el primer ganador español de la general, en 1959. En la montaña no tuvo rival: dos veces campeón de España; una, del Giro; nada menos que seis, del Tour (el récord) Había nacido en 1928, en un pueblo cercano a Toledo. Yo me hice ciclista gracias al hambre Ya en la ciudad, se ganaba la vida repartiendo cajas de fruta o cargando en los pueblos. Podía volver con 50 kilos, a pleno sol, en una bicicleta que pesaba 17. Para competir en la Vuelta a Asturias, hizo el viaje en bici: setecientos kilómetros en tres días. En 1954, Berrendero lo llamó para el equipo español: No sabía francés ni había salido de España. Le pregunté a mi madre: ¿Puedo ir al Tour? Fue su primer premio de la montaña. asó a la leyenda definitivamente en 1956, con la anécdota del helado, en el col de la Romeyère: Saltó una piedra y me rompió dos radios de la rueda trasera. Yo estaba nervioso y cabreado como una mona. Berrendero no llegaba para arreglarme la avería, así que paré. El pelotón estaba a catorce minutos, pero yo no lo sabía. Había dos carritos de helado: cogí uno de vainilla, me lo tomé tranquilamente. Los aficionados me querían robar el dorsal. Como no venía nadie, cogí agua de un arroyo cercano y, cuando apareció el pelotón, los remojé con el agua Al final, acabó en el P ue el campeonissimo Fausto Coppi, en una mañana de galgos, en Talavera de la Reina, el que le convenció: Si haces la general y te olvidas de la montaña, ganas el Tour Lo ganó al año siguiente, en 1959. Logró que Anquetil le sacara solamente dos minutos en la contrarreloj y atacó en la montaña, con un calor terrible: Eso nunca me importó. Yo pesaba 56 kilos, era un esqueleto. De cintura para arriba, solo era un pellejo y huesos. Mi fuerza estaba en las piernas, muy poderosas. Me rocié el cuerpo de aceite de oliva, les dejé a todos: Anglade, Anquetil, Baldini... Cuando entré solo en el velódromo, me convencí de que ganaba el Tour La vuelta a su ciudad fue apoteósica: Ni el Papa ni Franco tuvieron un recibimiento como el que tuve yo en Toledo: abrieron la Puerta de Bisagra, había catorce bandas de música. Tardamos cinco horas desde Madrid Se retiró en 1965, con 37 años. Desde entonces, no ha vuelto a coger la bicicleta. Pero recuerda su historia con orgullo: Gané todas las clasificaciones de la montaña de todas las carreras que terminé. En Francia todavía tienen mi triunfo clavado... En mis tiempos no se corría en equipo, sino que había doce corredores que hacían la guerra por su cuenta. Lo único que quería yo era vestirme un día de amarillo, aunque luego lo perdiera... En las etapas de montaña llevábamos una hoja de repollo, una visera p alante y otra p atrás un frasco de aceite. El truco mío, solo para los últimos 50 kilómetros, eran dos cafés y media copa de coñac, un carajillo, un poco de agua del Carmen... Lo vieron como un ejemplo del individualismo español: ganaba cuando nadie lo esperaba; perdía cuando tenía las mejores expectativas. Se llamaba, en realidad, Alejandro, pero toda España lo conocía como Fede. Era un rayo de sol- -como la película de Marisol- -en una España en blanco y negro. Todavía sonríe, como un cazurro campesino toledano, al recordar aquel día, bajo un sol de justicia, en lo alto de una montaña francesa, cuando se bajó de la bicicleta y se tomó tranquilamente un helado de vainilla... Con dos narices. CARBAJO