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ABC LUNES, 2 DE ABRIL DE 2012 abc. es ABCdelDEPORTE 71 Masters de Augusta Golf Bobby, Jack y Tiger tuales. Y esos pasan por alcanzar los 18 títulos mayores y los seis Masters de Jack Nicklaus. De una tacada, este año puede recortar la distancia que le separa de esos dos registros a tres y uno, respectivamente. Tiger ya no tiene el ímpetu de hace quince años, pero su idilio con Augusta sigue en plenitud. Más maduro e intenso, si cabe. Es su torneo preferido, su casa. Este jueves comienza el Masters de Augusta, el torneo en el que Woods comenzó a escribir su leyenda en 1997 Tiger regresa a casa S MIGUEL ÁNGEL BARBERO i se tiene en cuenta la historia reciente del Masters de Augusta, hay dos hombres que la han revolucionado: Seve Ballesteros en la década de los ochenta y Tiger Woods en la del cambio siglo. La victoria del cántabro en 1980 obligó a los estirados rectores del Augusta National a tomar medidas para evitar que se les viniera abajo su mundo cuadriculado. Seve no solo batía el registro de precocidad, sino que era europeo y con posibilidades de romperles el campo. Así que, contraviniendo las órdenes del mítico Bobby Jones, empezaron a remodelar el diseño comenzando por los greens Pese a ello, Ballesteros volvería a ganar otra chaqueta, pero el aviso ya estaba dado: el recorrido se tendría que ir adaptando a los nuevos tiempos. Estaba bien la tradición, pero no se le podía dar la espalda al golf moderno. El segundo punto de inflexión se produjo en 1997, cuando el que está llamado a ser el mejor golfista de todos los tiempos, Tiger Woods, ganó su primer grande en el mítico enclave sureño. Se había pasado a profesional el año anterior y había logrado el triunfo en tres de sus primeros ocho torneos. Esas credenciales ya fueron bastante para agotar las localidades y para que la reventa hiciera su agosto, pues el público estaba deseoso de ver al nuevo fenómeno. Y no solo no salieron defraudados el último día, sino que fueron testigos de un momento clave de la historia. El californiano ganó con 12 golpes de ventaja y, además de abrir la veda de los 14 majors que acumula en 15 años, obligó a nuevos cambios en el recorrido. Tantos, que los veteranos ya no reconocen aquel jardín que acogía a la más selecta representación de los jugadores del mundo. Hoy se premia la distancia sobre todas las cosas y, además de ello, complican los hoyos con tapetes rápidos como el mármol. En suma, hay que ser gran pegador, muy fino en las aproximaciones y un fenómeno pateando. Todo ello aderezado por una fuerza mental fuera de lo común. En cuanto falle alguno de estos elementos, se habrán esfumado las opciones de éxito. No cabe duda de que Woods cumple con todas estas cualidades. De hecho, acumula cuatro chaquetas ver- Ideado en la década de los 30 por Bobby Jones (el mejor amateur de la historia) desde el comienzo el Masters fue un torneo especial, dedicado a los mejores del mundo. A él solo se puede acceder por invitación y es el major con el menor plantel de aspirantes. Otros dos nombres le acompañan en la historia: Jack Nicklaus, el hombre récord (seis títulos y el que más veces ha acabado entre los 5, 10 y 25 primeros) y Tiger Woods, que se acerca en las tablas. Fue el más joven ganador (21 años) y tiene los registros más bajos en golpes (270) y promedio (70,81) des en su ropero. Y si en la edición que comienza el jueves vuelve a ser favorito es porque, después de sus problemas, ha vuelto para quedarse. Su triunfo en Bay Hill demostró que está en el buen camino y que, sin estar tan fino como en sus momentos gloriosos, sigue siendo el fiero competidor de siempre. Un hombre como él, despojado de la gloria de la noche a la mañana y que ha tenido que pasar por una dura travesía del desierto para recuperarla, ya no tiene nada que demostrar. Solo le queda marcarse objetivos pun- No le van a faltar rivales al antiguo número uno del mundo. Entre ellos, su más encarnizado opositor en estos años, Phil Mickelson. El zurdo también se mueve como pez en el agua en el National y, además de sus tres victorias, tiene otros seis finales entre los cinco primeros. Esta campaña la ha comenzado bien (un triunfo y un subcampeonato) y quiere sacar partido a su terreno talismán. No menos fuertes llegan dos británicos, Luke Donald y Rory McIlroy, los dos primeros del ranking mundial. El inglés, sin hacer ruido, siempre está ahí, y no hay que olvidar que tiene tres top- 10 y el año pasado acabó cuarto; el norirlandés, por su parte, llega con sentimientos encontrados. Por un lado, en 2011 dio el salto a la fama con tres rondas y media impolutas que le encaminaban a su primer major y a batir en las tablas de récords al propio Tiger. Pero se cruzaron en su camino unas casas en el hoyo 10 y una serie de malas decisiones para emborronarlo todo con una tarjeta de 80 golpes y acabar con la cabeza gacha. Menos mal que, haciendo gala de la calidad que atesora, rebotó en el siguiente Open USA y, a la postre, terminó por alcanzar lo más alto del escalafón. Así pues, la nueva sensación tiene una deuda pendiente que cobrarse en la avenida de las Magnolias. Claro que todas estas previsiones a menudo no valen de nada en un torneo tan peculiar como este, en el que el clima tiene un valor predominante. Quien mejor se adapte a él puede sorprender el domingo. Como han hecho recientemente Charl Schwartzel, Ángel Cabrera, Trevor Immelman o Zach Johnson. Duros aspirantes Cinco españoles buscan la chaqueta verde Solo dos españoles han ganado en el vergel de Georgia: Severiano Ballesteros y José María Olazábal. Los dos, además, lo hicieron por duplicado. Sin embargo, en lo que va de siglo ningún otro ha conseguido calzarse la chaqueta verde. En esta ocasión serán cinco los que lo intenten, comandados por el propio Chema, que ejercerá de anfitrión para los demás. Este año anda muy liado con la capitanía de la Ryder Cup y no está centrado en competir, pero ha demostrado repetidamente que si las condiciones se endurecen tiene mucho que decir. Y conoce el campo al dedillo. Lo mismo que Miguel Ángel Jiménez, que suma tres top- 10 en sus trece participaciones. Lleva una campaña irregular, pero en los grandes se crece, como Sergio García. El castellonense se reencontró con su juego el otoño pasado y tiene que empezar a sacar rédito en los salmones aunque el National no es su campo preferido. Claro que eso puede cambiar de una vez a otra. Tampoco le agradó a Álvaro Quirós en su debut, y el año pasado se colocó líder en la primera vuelta. Pero como anda incosistente y con problemas físicos, se presenta sin grandes expectativas. Mientras, Gonzalo Fernández- Castaño se estrena, y, si pasara el corte sería suficiente.