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40 SEMANA SANTA LUNES, 2 DE ABRIL DE 2012 cordoba. abc. es ABC CANDELABROS DE COLA La desazón Por ACISCLO DE COMPAÑÍA Se había convertido en una cálida expresión, llena de esperanza, que quitó de golpe a su hijo la desazón y el resquemor H abía tenido que emigrar. La crisis, el paro, la falta de horizontes en su tierra... Había tenido que emigrar, para buscar allende la provincia un lugar o una actividad donde el futuro se asomara con menos nubarrones. Pero en Semana Santa regresaba. Lo hacía unos días antes, para ser exactos. Y uno de esos días previos quiso llegarse a la casa de su hermandad, esperando reencontrar en torno a sus hermanos lo que había compartido hasta su marcha. Pero... Lo escribió en su espacio de una red social: Todas las ganas que tenía de volver a mi hermandad se me quitan cuando llego y estoy allí un rato Y se sentía decepcionado, sin ganas de volver, desubicado profesional y afectivamente, aunque- -a diferencia de otros- -su enfado no llegaba al nivel de hacerle dejar de recoger su papeleta de sito. Saldría en el puesto en el que lo había hecho el último año, que no era especialmente relevante pero le permitía sentir de cerca a la Señora. La Señora, ay, la Señora... Siempre que él venía a Córdoba se acercaba a verla, y a veces, en la intimidad de la capilla silenciosa, le echaba alguna regañina. Sí, era él quien, con la mirada dura de los que piden hojas de reclamaciones- -el cliente siempre tiene razón- le recriminaba a Ella lo mal que le iba todo de un tiempo a esta Un nazareno de la hermandad de la Esperanza guía de la mano a su hijo parte y le explicaba, como si Ella no lo supiera, que había tenido que emigrar y desarraigarse de su tierra, de sus amigos, de su hermandad. Sobre todo su hermandad: y por eso le pedía cuentas de la evolución de esta última, a cuyos responsables no entendía ahora pese a haber compartido con ellos, y no hacía tanto tiempo, afanes y trabajos, ilusiones y deseos. Ella, la bella Dolorosa juvenil, escuchaba silenciosa y con aparente indiferencia, las filípicas sin palabras de su hijo emigrante, y fijaba sus ojos claros puros de niña morena en el remolino que se le formaba a él en su flequillo rebelde y en su corazón insatisfecho. Llegó el día de la salida, el Domingo de Ramos. Él se dirigió a la iglesia con puntualidad. Mientras todos hablaban de la eventualidad de chaparrones dispersos y conjeturaban sobre probabilidades y estadísticas, él se dirigió veloz hacia el paso de palio. Quería mirarla por última vez antes de ponerse en su sitio de la procesión, desde el que no podría contem TODAS LAS GANAS QUE TENÍA DE VOLVER A MI HERMANDAD SE ME QUITAN CUANDO LLEGO Y ESTOY ALLÍ UN RATO ROLDÁN SERRANO plar su rostro. Y esperaba que esa vez la mirada de la Virgen no fuera indiferente; la miró entre el bosque de la candelería, la contempló entre las flores blancas que inundaban el bajel de terciopelo y malla. Y fue como si la luz de las velas recién encendidas le hubiera cambiado la expresión: la frialdad aparente que emanaba su cara en la intimidad de la capilla silenciosa se había convertido en una cálida expresión, llena de esperanza, que quitó de golpe a su hijo la desazón, el resquemor, para que gozara sin medida en la estación de penitencia.